"Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera"(Neruda)

martes, 12 de febrero de 2008

UNA GRAN NOTICIA NO SÓLO PARA LA CULTURA HISPANOAMERICANA



Nace Cervantes TV, el primer canal cultural de televisión en español con cobertura mundial


El Instituto Cervantes estrena hoy su televisión por Internet, http://www.cervantestv.es, que será el primer canal cultural de televisión en español con cobertura mundial.

Servimedia - Madrid

La directora del Cervantes, Carmen Caffarel, presentó en rueda de prensa esta nueva plataforma, acompañada de la secretaria de Estado de Cooperación, Leire Pajín, en su condición de presidenta del Consejo de Administración del instituto.

Caffarel dijo que con la entrada en funcionamiento de Cervantes TV, su entidad se convierte en la primera institución europea dedicada a la difusión de la lengua y la cultura con su propio canal de televisión.

La rejilla del canal, que será accesible a los discapacitados, tendrá en su arranque cuatro horas diarias de producción propia, e incluirá un boletín diario de 10 minutos, denominado «Culturas», que resumirá la actualidad cultural de España y dará cuenta de las distintas actividades del instituto en el mundo.

También ofrecerá tertulias, una revista cultural de una hora de duración y periodicidad semanal con reportajes sobre exposiciones y entrevistas y documentales culturales.

En el terreno educativo, Cervantes TV emitirá a partir del próximo mes de septiembre el Curso de Español que el instituto prepara en colaboración con RTVE, y que se calcula que seguirán dos millones de alumnos en el plazo de cinco años, así como contenidos suministrados por las academias de las autonomías con lengua oficial propia.

Según Caffarel, el nuevo canal, al que se añadirá la radio por Internet, se enmarca en el esfuerzo por la modernización del Cervantes que inició su predecesor en el cargo, el actual ministro de Cultura, César Antonio Molina. A su juicio, las nuevas tecnologías permitirán llevar su oferta cultural y educativa allí donde no tiene presencia física con uno de sus centros.

Leire Pajín afirmó que Cervantes TV constituirá «una revolución para las relaciones culturales internacionales y será un ejemplo a seguir» en otros países.
«Ya nada nos impedirá llegar a todos los que quieren aprender las lenguas españolas y conocer la cultura iberoamericana», señaló.

El Cervantes ha suscrito acuerdos con entidades como el Reina Sofía y Casa América, que abastecerán de contenidos al canal «on line».

Una noticia servida por Alicia Rosell para Hispanorama Literario a través de larazón.es

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lunes, 21 de enero de 2008

Tiempos saqueadores, por Javier Marías



JAVIER MARÍAS - LA ZONA FANTASMA

Tiempos saqueadores

JAVIER MARÍAS

06/01/2008

En realidad este artículo lo escribí en otro sitio hace ya trece años, bajo el título “Herederos desheredados”, y encima no hará ni uno que me lo copió con desfachatez un tirillas literario –además, resentido y sin gracia– en el suplemento cultural de El Mundo. Pero quizá no esté de más, pese a todo, volver a la carga, en vista de la polémica surgida en torno al llamado “canon digital” con el que se grava la compra de CDs y DVDs vírgenes y de otros soportes que desconozco, para compensar la posible copia de creaciones artísticas, sobre todo de música y películas.

La noticia en otros webs

* webs en español

* en otros idiomas

Todos estamos de acuerdo en que sería una tragedia que, por el capricho o la codicia de unos herederos remotos de Cervantes o de Bach, no pudiéramos leer el Quijote o escuchar las Variaciones Goldberg, o solamente en una edición o versión, las autorizadas y contratadas por esos herederos. De ahí, por tanto, que las obras de arte, transcurridos setenta años de la muerte de sus creadores (creo que son ahora esos, en España eran ochenta antiguamente), pasen a ser “del dominio público”, y no sólo puedan ser divulgadas, interpretadas, emitidas, exhibidas por cualquiera, sino también destrozadas por los Calixto Bieito y Waldo de los Ríos de turno, a mayor gloria y beneficio de dichos Waldos y Calixtos. Ahora bien, conviene recordar que esta práctica es una anomalía y una excepción, en gran medida una injusticia. El resto de las personas deja en herencia lo que posee sine die, sin límite alguno de tiempo, para que lo vayan recibiendo no sólo sus hijos y nietos, sino todos sus descendientes, por lejanos que sean. Muchas fortunas provienen no ya de lo que atesoraban los padres de los propietarios actuales, sino sus tataratatarabuelos. Las tierras, los negocios, las fábricas, los muebles, los cuadros, por supuesto el dinero, los pisos, los edificios, las acciones, todo eso se transmite de una generación a otra y nunca –ni a los setenta ni a los quinientos años– pasa a ser “del dominio público”. No hace falta recurrir al nítido ejemplo de la Casa de Alba en nuestro país: también el zapatero lega su zapatería, el panadero su panadería, el terrateniente sus fincas, el banquero su banca, el especulador inmobiliario sus inmuebles, y así todos los profesionales.

Al escritor, al músico, al pintor, al cineasta, se les impone un plazo difícil de justificar, si nos olvidamos de lo que dije al principio. Pero, como también son ciudadanos que deben pagar sus alquileres y el colegio de sus niños, la cesta de la compra y la ropa que se ponen, están siendo objeto de una discriminación descomunal. Pululan por ahí ideas muy “bonitas” pero completamente injustas y erróneas. “La cultura es de todos”, se oye a menudo, sobre todo en boca de los consumidores, que en realidad están afirmando que la cultura es gratis. Y no, las creaciones culturales son de quienes las hacen, y ya es mucho que no puedan serlo también de sus descendientes. Téngase en cuenta, para mayor escándalo, que el libro, la canción, la película o la pintura que tanto gustan a la gente, y de las que tanto presume el Estado, no son una mera posesión del artista –como las tierras y las casas–, sino que además son su creación, algo que ellos han inventado y que no existiría sin su imaginación y su trabajo. ¿Y ustedes creen que dedicaríamos tanto esfuerzo si nuestras obras pasaran a ser “del dominio público” inmediatamente, si nuestra propiedad intelectual dejara de existir de hecho al instante y no sacáramos un euro de nuestras invenciones? Yo, la verdad, no escribiría una línea. O, mejor dicho, no la publicaría, y, como Salinger, guardaría mis textos en un cajón hasta la llegada de tiempos más respetuosos y menos saqueadores.


Los consumidores aducen, en contra del canon, que se les hace pagar “por si acaso”, o a justos por pecadores, y que muchos no se dedican a copiar nada, es decir, no ejercen la piratería legalizada. La queja es comprensible, aunque sólo en parte, porque yo no protesto porque el Estado grave mis cigarrillos con impuestos especiales para financiar la sanidad pública, por ejemplo. Ninguna solución parece del todo equitativa, en todo caso. Pero, dada la anomalía, excepción e injusticia antes mencionada, de la que son víctimas los artistas, lo que a nadie parece ocurrírsele nunca es la posibilidad de que éstos, en compensación por el despojamiento futuro de que tradicionalmente han sido objeto, y del desvalijamiento presente de que también lo son ahora merced a las nuevas tecnologías, gocen de algún beneficio fiscal en vida, de tal manera que, ya que no se les permite dejar en herencia indefinida sus obras, sí puedan dejar más dinero. Los creadores, por tanto, deberían estar exentos de pagar impuestos … por los beneficios obtenidos de sus obras de pensamiento o arte exclusivamente. Es decir, un novelista no los pagaría por lo que gana con sus libros, pero sí, claro está, por lo que gana con una conferencia o ejerciendo de jurado de un premio. Los expertos habrían de estudiarlo. Lo que no puede ser es que todo el mundo disfrute y saque provecho eternamente de lo que hacen los creadores y pensadores, menos ellos mismos y sus descendientes.


TODOS CONTRA EL CANON
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viernes, 21 de diciembre de 2007

'ANTONIO B. EL RUSO, CIUDADANO DE TERCERA' - RAMIRO PINILLA (Tusquets Editores)


Portada del libro presentado por Ramiro Pinilla en Bilbao.


RAMIRO PINILLA PRESENTA NUEVA NOVELA: "ANTONIO B. EL RUSO"


La moderadora y periodista, Ramiro Pinilla y el representante y editor de Tusquets en la presentación en Bilbao
(Foto Alicia Rosell ©)

por Alicia Rosell


Tuvo lugar la presentación de la nueva novela de Ramiro Pinilla -premio nacional de narrativa y nacional de la crítica 2006, premio Euskadi 2005- en el Fnac de Bilbao. El pequeño espacio del aforo rebosaba expectación ese viernes, vísperas de la Nochebuena que se barruntaba en el ambiente de las calles bilbaínas. Era la tarde del 19 de diciembre de 2007.

Aunque 'Antonio B. El Ruso' pueda parecer una novela más sobre la Guerra Civil española, Ramiro ya la tenía escrita desde hace veinte años aproximadamente. Revisarla y editarla de nuevo ni siquiera se lo había planteado, pero como él mismo me dijo en entrevista aparte, tiene muchas novelas para 'sacar', y así es, pues como si de un mago se tratara, en los últimos tiempos, nos ha ido 'sacando' novelas como el mago que saca flores o conejos de la chistera. Pero, eso sí, con mucho fuste y trabajo, que no es magia escribir como lo hace un maestro en su oficio.

Ramiro es un trabajador incansable, como buen vasco y como un escritor de los auténticos: de él escuché de nuevo lo que otros buenos escritores ya han confesado, y con lo cual estoy totalmente de acuerdo. "Mal encaminado va quien se llama escritor si escribe sólo para ganar dinero. Yo nunca he escrito para eso."

Más o menos esas fueron sus palabras. Si me lee, D. Ramiro, le pido disculpas... la grabadora se me estropeó. De memoria intento transcribir cuanto usted dijo esa tarde mientras sacaba fotos del evento y mi grabadora reposaba cerca suyo, en la mesa -tal como se aprecia en las fotos- gracias a la gentileza que tuvieron tanto la periodista que moderaba, como el representante de la Editorial Tusquets que lo acompañaban.

La expectación creada por esta novela no deja de ser curiosa, pero no es rara. Pues ya cuando salió 'La Higuera' todo sus lectores se lanzaron a leerla -aún siendo también otra novela sobre la Guerra Civil-. No en vano, es el autor de la trilogía de 'Verdes Valles, Colinas Rojas'. Y sin embargo, su laboriosidad en el Oficio Literario se mantuvo oculta, y es ahora, a sus ochenta y tantos años que sale a la palestra literaria para situarse entre los autores más admirados de este país. Ese silencio suyo, y ese escribir sin que nadie lo supiera, me recuerda a los antiguos románticos, D. Ramiro.


'Antonio B. El Ruso', es como dijo su autor, la historia novelada de un hombre que tenía mucho que contar sobre sus vivencias. Pueden constatarlo en la segunda parte de este artículo.

Don Ramiro Pinilla me avanzó que está escribiendo una novela policíaca y que esperaba que ya este año se publicara: una buena noticia para los 'adictos' a su literatura, -que los tiene- como así se confirmó en el evento presentación de esa tarde.

Puesto que mi grabadora me dejó sin las palabras del escritor vasco, prefiero que las lean tal cual él las escribió en este texto inferior que conforma el Prólogo de su novela. Les recomiendo que lo lean. A pesar de su extensión, merece la pena. Y sin en lugar de leerlo, prefieren escucharlo de viva voz, aquí tienen el enlace: Que lo disfruten.


Alicia Rosell © 21 diciembre 2007.



Ramiro Pinilla habla de su novela, 'Antonio El Ruso'.
(Foto Alicia Rosell ©)

RAMIRO PINILLA

ANTONIO B. EL RUSO,

CIUDADANO DE TERCERA

Prólogo



Volver, al cabo de tantos años, sobre Antonio Bayo, es recuperar el calvario de su vida y la oscura noticia de su muerte. Esta vez, su infantilismo ya no se hinchará contemplando el segundo nacimiento de su libro en los escaparates y sintiendo el acoso de los medios. Y es que estamos hablando de un hombre que, desde su nacimiento, fue perseguido por la forma más lacerante de nuestra injusticia social hasta hacer de él un despojo humano.

Yo nunca había escrito una novela-biografía contada por su propio protagonista. Supe de su existencia a través del periodista Ángel Ortiz Alfau: «Acabo de conocer a un hombre que asegura tener una vida apasionante y busca que alguien se la escriba».

¿Qué me movió a conocer a ese hombre? ¿La curiosidad? ¿Quizá la posibilidad de un cambio de registro narrativo?

Corría 1973. Nuestro encuentro tuvo lugar una mañana en el Arenal bilbaíno. Se llamaba Antonio Bayo y llevaba quince años viviendo, con tres hijos, en un piso de su propiedad en el barrio de Santutxu. Era de mediana estatura. Trabajaba de guarda de obras; pura ironía: defendía ahora la propiedad ajena quien, hasta su asentamiento en Bilbao, había arrastrado una vida de continuos robos para poder comer. Fuerte, más bien rechoncho, a pesar de sus cuarenta y pocos años se advertía que su cintura carecía de flexibilidad, su cuerpo era como un bloque sin gracia; al propio Antonio le oiría referirse a esta característica suya: «Me fallan las bisagras». Vestía algo así como un traje nuevo de domingo, chaqueta y pantalón color ladrillo, y desabrochado el cuello de su camisa de tonos fuertes. Su pelo… ¡ah, su famoso pelo rubio-rojizo que, a su nacimiento, inspiró a una mujer su apodo de «el Ruso»!... , abundante y espeso, peinado infructuosamente contra el cráneo. Sus ojos, azules, pequeños y bastante juntos, emitían el recelo de quien ha recibido muchos palos en su vida. Le faltaban el dedo pulgar de la mano izquierda y el índice y el corazón de la derecha, consecuencia de uno de sus desastres. Con todo, su persona en conjunto no mostraba el menor asomo de inseguridad:

«He leído el libro de Papillon…, me lo han leído…, lo hemos leído entre dos… y mi vida de perseguido por la justicia no tiene nada que envidiar a la suya», me dijo muy serio, con el más absoluto convencimiento.

Aquella primera charla –más bien interrogatorio por mi parte– sentados en un banco, duraría alrededor de una hora, tiempo suficiente para quedar yo convencido no sólo de que eran ciertas las barbaridades que me contaba sino también de que en su cabeza no cabía que un libro, cualquier libro, pudiera contener mentiras… y su relato iba a estar en un libro. Un claro hecho me lo confirmaba: aquel hombre no tenía la menor duda de la autenticidad de la historia de Papillon hasta en sus más insignificantes detalles, quizá porque el fenómeno libro ocupaba, en su escala de valores, el lugar de los mitos; y porque, en su inocencia, y fuera de sacralizaciones, no concebía que en un libro se encerrara una ficción. Me llegó a decir:

–Mi vida ha sido tan dura y tan cabrona, que quien la lea llorará como nunca ha llorado. Me han tratado como a un perro: he sufrido como nadie. Mi libro se venderá como rosquillas.

A lo que repuse:

–Amigo, si yo me pusiera a inventar desgracias, la vida de Papillon y la tuya juntas parecerían cuentos para niños.

No es que no me creyera, para no creer en algo primero hay que admitir que ese algo existe o ha existido en alguna parte, al menos en nuestros sueños. Era lo otro, su concepción del libro como biblia revelada por un dios que no miente. Además, me convencí de que este hombre carecía en absoluto de imaginación. Aunque, tras el relato que me haría de su vida, comprobé que poseía una portentosa memoria.

De hecho, antes de recurrir a otra persona, él había intentado escribir sus andanzas, más bien dictándoselas a su mujer, quien ya había llenado un par de cuadernos de escolar con letra difícil y redacción y ortografía atormentadas. Antonio me los enseñó, estaba ante mí con el resultado del ímprobo esfuerzo y asumiendo el fracaso. Pero aquel hombre no se inmutó al escuchar mis palabras. Supongo que se preguntaría: «¿Por qué este escritor con gafas, si sabe mentir tanto como dice, se ha molestado en venir para que le cuente mi vida?». Yo estaba en aquel banco por averiguar si la historia que escucharía era tan terrible como me aseguró mi amigo Ángel.

Lo era. Fue aquella una hora muy intensa. En su primera parte, el hombre relató, con monótona media voz, hechos que estaban pidiendo poderosos altavoces. Procedía de La Baña, un pueblo perdido de una de las dos Cabreras (Antonio me lo situó con un «para allá de la India» acompañado de un gesto de lejanía con el brazo), la Baja (la otra era la Alta), provincia de León. La Baña merecía pertenecer a Las Hurdes, era una Hurde desconocida, ignorada por la civilización, una Hurde que no había tenido su Buñuel que la mostrara en un escalofriante documental. Tenía sacerdote, y más vale que no lo tuviera: el de negro pagaba a la madre del niño Antonio un puñado de patatas por sus servicios sexuales. Tenía juez, a varias horas de camino, al que los guardias civiles conducían de continuo a Antonio acusado de robar latas de sardinas, cachos de tocino o una gallina, y el juez lo encerraba en su cuadra un par de días y lo soltaba con la condición de que le trajera un conejo, y cuando Antonio le aseguraba que él no tenía conejos, el juez le redimía recordándole de que en el pueblo había muchos conejos.

Tenía un cuartelillo de la Guardia Civil, frecuentado por Antonio más de lo que hubiese deseado, donde le molían a culatazos e incluso llegaron a clavarle alfileres en las uñas. El único empleo en aquel pueblo era el de pastor: doce horas en el monte con el rebaño de otro por un filete transparente de tocino y un cacho de pan; salida vedada a nuestro personaje por su fama da ladrón.

El gran pecado de Antonio era que tenía hambre. Su vida orbitaba alrededor de los alimentos. Era un animal hambriento. Los episodios de esta lógica relación hambre-robo me los refería sin estridencias, como si aquella historia no fuera con él. ¿Era creíble un destino tan truculento padecido a lo largo de sus primeros treinta años y repleto de incontables injusticias sólo explicables en un submundo como aquél? Le hice muchas preguntas, que él contestaba sin un titubeo. Se las formulé cruzadas: ni un solo fallo o contradicción.

¿Por qué se me ocurrió escribir este libro? Literariamente, me atrajo el disponer de un personaje de carne y hueso como alternativa a los habituales míos de ficción. Podría constituir un descanso. Pero, no: el gran motivo que me movió fue la denuncia.

¿Pertenecía a España aquella Cabrera Baja, aquel mísero y desheredado pueblo de La Baña?, ¿y eran españolas aquellas gentes dejadas de la mano de todos los dioses?

Faltaban dos años para que falleciera el Dictador. La sociedad española se reponía arduamente de la guerra y la posguerra. Asomaba un tiempo nuevo cargado de esperanzas y de reivindicaciones pendientes. Empezaba a abrirse camino la palabra para desterrar el silencio. La palabra.

Grabé su largo relato en mi casa de Getxo durante un mes; Antonio llegaba por las mañanas, hacíamos un descanso al mediodía para comer con mi familia, y otra sesión por la tarde. Vertía su chorro de vivencias sin orden cronológico, según acudían a su recuerdo, y yo había de adelantarme a engrasar mi trabajo posterior interrumpiéndole con incontables preguntas: ¿en qué año ocurrió eso?, ¿no me dijiste ayer que…?, ¿qué edad tenías entonces?, lo de tus dedos, ¿fue antes o después de…?

Al cabo, dispuse de un volumen de hechos que me absorbieron y conformaban una auténtica novela. Mi papel se reduciría a simple escribiente de ellos, a narrarlos como mejor supiera, a transmitir con otras palabras el mismo impacto que yo había recibido con las suyas, y siempre me ha gustado dar vida a cosas y personas sobre el papel. Otro aliciente, ya dije, fue el descanso de no tener que crear un mundo: me lo daban hecho. Tanto si se trata de narrar una ficción como un tema real, le elección del estilo y el lenguaje es fundamental. Y ello queda estrechamente vinculado a la voz elegida como narradora, bien la de un personaje o la del autor omnisciente. No lo dudé: sería la voz del propio Antonio. Sin embargo, el resultado no podría calificarse de autobiografía.

¿Biografía, entonces? Tampoco: yo, el autor, me filtraría en aquella vida sin intentar interpretar nada, sólo contar, contar. Las interpretaciones, en su caso, procederían del propio Antonio. Prevalecerían la autenticidad, la desnudez. ¿Quién era yo para hacer literatura de aquella realidad tan candente que vino a mis manos y me las quemaba? Quise desaparecer. De ahí, que hube que ser consecuente con otras dos decisiones:

Primera: como, por suerte, yo no conocía la Cabrera Baja, me negué a conocerla, sería el propio Antonio quien me la mostrara, nos la mostrara. Él no nos hablaría de la cultura de aquella tierra, de su humedad y temperatura medias, de su historia o monumentos, orografía, economía, costumbres populares… Su voz nos hablaría de uno de los productos irremediables de la Cabrera Baja: Antonio Bayo.

Segunda: ¿cómo conseguir que el texto transmisor de la historia alcanzara la altura de su pureza? ¿Cómo hacer que el paso del medio oral al escrito no fuera un salto sino un deslizamiento? Ya que el libro no iba a ser escrito por Antonio, sino que éste sólo hablaría, había que conseguir que ese mensaje no fuera traicionado por ese texto. El texto habría de ser lo más inadvertido posible. Lo más oculto. Que no estorbara. Que el trasvase fuera cristalino, transparente. Y lo más próximo a la transparencia es la invisibilidad. ¿Un lenguaje invisible?

Ya solos la grabadora y yo, empecé por distribuir en fichas todo aquel barullo. Las ordené. Luego pasé un tiempo buscando el tono, como para un instrumento musical. A veces, se encuentra a la primera. No fue así en este caso. No se trata de pulsar teclas o cuerdas sino de escribir las primeras líneas. Realicé muchos ensayos para el primer párrafo. Y al leer un día bajo el bolígrafo…

Me llamo Antonio Bayo, pero cuando madre me echó al mundo, una mujer que estaba allí dijo: ¡Leches, si es rubio como un ruso!... Así que no vaya usted por las Cabreras preguntando por Antonio, porque desde entonces todo el mundo me conoce por el Ruso. Ahora tengo seis años y madre me dice:

–Súbeme una berza.

…supe que ya lo tenía.

La redacción del libro me llevó ocho meses. Cuando puse los mil folios en las manos mutiladas de Antonio, los miró por arriba y por abajo, quizá con orgullo de estar allí dentro, y se los llevó. Hablé con él al día siguiente. Transcribo lo que, tiempo después, diría a la prensa: «Cuando Ramiro me dio los papeles mecanografiados, yo no me reconocía. Tuvimos casi una enganchada. Le dije: este libro no sale p´alante, que éste no soy yo».

El mío era el segundo libro que Antonio leía en toda su vida; el primero fue Genoveva de Brabante, e ignoro si le gustó. ¿Qué le encontró a mi texto? Sospecho que demasiada economía de palabras, demasiada brevedad. Su mujer y él lo compararían con sus cuadernos, tan melodramáticos, tan pastosamente lacrimógenos y folletinescos en los que cada escena se alargaba sin freno. Curiosamente, mi elección de un estilo invisible impedía que Antonio se viera allí… Bueno, la verdad es que apenas tuve que discutir con él, entrar en detalles literarios… ¡tenía Antonio tantos deseos de ver publicada su vida! No aceptó el libro, me aceptó a mí. Supongo que luego explotaría en casa.

Cumplí el itinerario de los escritores sin editor, realicé envíos y todos me fueron devueltos. Planeta y Plaza & Janés me aseguraron que mi libro jamás podría ser publicado en España. Lo guardé cuidadosamente en un cajón.

No podía haber sido de otra manera en aquel año 1975 en que Franco había de abandonar el poder por un imperativo insoslayable, pero prevalecería el franquismo. Y mi libro atacaba sin medias tintas las instituciones más intocables. Este veto era la medida de seguridad que superaba las que yo había tomado previamente: la ocultación del apellido de Antonio y la sustitución de su verdadero apodo, «el Ruso», por «el Rojo», tanto en la portada de 1977 como en todas las páginas; y el cambio de La Baña, nombre verdadero de su pueblo, por el de Las Piedras. Es posible que con ello no proporcionase a Antonio la protección deseable, en el caso de vernos ambos ante un tribunal, aunque supongo que un abogado podría utilizarlo. Tenía advertido a Antonio del riesgo que entrañaba la publicación. No le importó. Aunque figuraba como un simple personaje que contaba su vida, ni él ni yo pretendíamos ocultar que era mucho más: era la fuente real que puso en marcha todo.

Tras el personaje de Antonio había una realidad, personas e instituciones contemporáneas que él atacaba sin pelos en la lengua. Antonio era una realidad insolente, nada impediría que lo convirtieran en víctima una vez más. Ediciones Albia se interesó finalmente por el libro y lo publicó en 1977. Antonio B. fue entrevistado por los medios y firmó ejemplares con sus manos rotas. Nunca se había visto en una así. Pero en las fotos publicadas siempre apareció de espaldas, y lo mismo en televisión.

La lectura de Antonio B. el Ruso puede despertar las mismas incredulidades que, en su día, Antonio B. el Rojo. ¿Eran posibles tan duras pruebas y, sobre todo, cayendo todas sobre un mismo hombre? Convendrá, pues, que refiera aquí el episodio que vivimos Antonio y yo en León, en la presentación del libro. La organizó la Obra Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, y en la mesa redonda intervinieron el ingeniero jefe del IRYDA, el responsable del Servicio de Obras de la Diputación Provincial, el secretario de los Ayuntamientos de Truchas y Castrillo, una biólogo y un radiofonista… Detallo tanto para indicar la preocupación que habían despertado las denuncias del libro.

En efecto, tras muchas preguntas de ellos y respuestas por nuestra parte, otro de los asistentes se levantó para protestar con no disimulada indignación:

––Nuestras Cabreras no son como asegura ese libro. Pueden ser bastantes cosas, pero nos negamos a aceptar que en la Cabrera Baja haya sucedido nunca el que sus habitantes confundieran un jeep con un animal. Los de esta tierra no aceptamos semejante infundio.

Se refería al episodio en que el gobernador, hacia 1940, realizó un viaje ––¿por qué no safari?–– de reconocimiento por aquella Cabrera Baja en tres jeeps. La comitiva se detuvo en un claro entre casuchas de La Baña y el gobernador vio cómo algunos vecinos se acercaban portando brazadas de yerba y las depositaban ante los morros de los vehículos… ¡para que comieran! Es indudable que otros participaban de ese enfado. Y entonces pidió la palabra uno de los presentes para declarar:

––El libro no miente, ese triste hecho ocurrió, yo fui testigo de él. Acompañé en ese viaje al gobernador en calidad de cronista oficial y quedé tan asombrado como todos de aquello. Así fue: los lugareños creían que los jeeps eran animales y, para caer bien a sus sueños, los alimentaban.

Confío en que nadie dude de la veracidad del relato de Antonio Bayo. Lo único que lamento es que ya no esté entre nosotros. Lo habría vuelto a pasar muy bien firmando ejemplares de su libro, pues seguramente es más suyo que mío.

Ramiro Pinilla

Getxo, 15 de abril de 2007

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martes, 20 de noviembre de 2007

CARLOS FUENTES: "EL CASTELLANO ES LA LENGUA DE TODA LA AMÉRICA ESPAÑOLA"


El escritor, en una imagen de 2003. (Foto: Santi Cogolludo)


CARLOS FUENTES: "EL CASTELLANO ES LA LENGUA DE TODA LA AMÉRICA ESPAÑOLA"
No quiere «hacerle el caldo gordo», así que Carlos Fuentes va a intentar —sin éxito— no hablar más de Hugo Chávez hasta que pase el referéndum del 2 diciembre en Venezuela. «Me he dado cuenta —reflexiona— de que él se está favoreciendo con cada crítica. Se presenta ante el pueblo venezolano y dice: miren cómo me atacan, soy Bolívar, el rey de la independencia y por eso no me quieren. Está haciendo un juego hábil y no hay que ayudarle».

«El Rey es un garante de la democracia española y de parte de la comunidad iberoamericana»
FOTO ALBERTO HALIASZ

El escritor mexicano se encuentra de paso en Buenos Aires para presentar dos títulos: «Cuentos naturales» y «Cuentos sobrenaturales» (Editorial Alfaguara). En esta ciudad cumplió el domingo pasado 79 años, pero celebró más la intervención del Rey en Santiago de Chile que su onomástica. Aunque no quiere repetir sus declaraciones a «La Nación», donde calificó a Chávez de «Mussolini venezolano», no se retracta de una palabra.

—¿Ha visto el vídeo de la Cumbre Iberoamericana? ¿Cree que el Rey acertó al frenar a Chávez?

—Sí, lo he visto. Alguien tenía que decir eso pero nadie se atrevió, sólo el Rey. Creo que todos piensan lo mismo pero él lo dijo. ¡Qué bueno! A mí me gusta que lo haya dicho.

—¿Por qué un incidente entre dos jefes de Estado se interpreta en algunos países de Iberoamérica como un gesto propio de monarca colonial?

—Son complejos históricos que los aprovecha el innombrable: Chávez.

—¿Usted cree que en Iberoamérica se entiende hoy en día lo que es una monarquía parlamentaria?

—Creo que debería entenderse porque entendemos la monarquía parlamentaria holandesa, la danesa, la sueca y la británica. ¿Por qué no vamos a entender la española? Es parte de un esquema político que le conviene a cada uno de esos países. Yo lo entiendo perfectamente. Levantar una bandera de republicanismo contra una monarquía que es más democrática que muchas democracias es un poco ridículo.

—Pero algunos lo intentan. ¿Cuál es su opinión de Don Juan Carlos?

—El Rey de España es un hombre extraordinario, es el que condujo, con gran habilidad, a España del franquismo a la democracia. Eso basta para decirlo todo. Tiene mi respeto y mi simpatía absoluta... Es un garante de la democracia española y de parte de la comunidad iberoamericana que formamos con España y Portugal. El Rey se enfrentó al golpe militar de Tejero, ha respetado la alternancia política. No se puede poner en duda que es un demócrata.

—¿Qué imagen considera que tiene España en Iberoamérica?

—Para mí, excelente. Durante las guerras de las independencias hubo mucho sentimiento antiespañol, pero está totalmente superado. En el caso de México fue determinante la migración republicana española en los años 30. Nos enriqueció enormemente, transformó la vida universitaria de México y, desde entonces, sentimos que tenemos una gran deuda con España.

—Sin embargo, periódicamente, parece aflorar un sentimiento de rencor histórico en Iberoamérica hacia España. ¿A qué lo atribuye?

—Lo atribuyo a que no hemos asimilado nuestra propia historia. A veces se pegan de gritos contra España, pero lo hacen en castellano ¿verdad? No en guaraní ni en azteca porque nadie nos entendería. En el congreso de la lengua que se celebró en Rosario (Argentina) me encontré a unos piqueteros gritando: ¡Colón al paredón! Les dije sí, pero lo tienen que gritar en castellano sino nadie los entiende. El castellano es la lengua de toda la América española.

—En algunos casos eso se acepta con resignación...

—Si renegamos de esa lengua, de nuestra herencia —del hecho de que somos en un altísimo porcentaje mestizos, no somos ni indios, ni españoles, ni africanos, somos una mezcla de todo—, estamos relegándonos a nosotros mismos. Así, terminaremos en eso que Fernando Henrique Cardoso llama una utopía regresiva. Es decir, ¿antes de que vinieran los españoles había una utopía en América? No, había unos imperios salvajes, muy duros, sanguinarios, brutales y opresores...

—Pero el hecho de la conquista...

—Con España hubo una conquista muy violenta, luego hubo leyes de indias y se dio paso a una construcción, se creó una cultura con altos y bajos. Nosotros somos hijos de esos siglos y de lo que pasó antes. Si negamos nuestro propio linaje acabamos como bastardos, no tenemos ni papá ni mamá. ¿Nacimos ayer o nacimos al lado de Hugo Chávez? ¡Perdón, me niego a nombrarle... Caí en su trampa! (se ríe). En definitiva, creo que son falsos debates, inventados con propósitos políticos, con propósitos electoralistas, pero no tiene que ver nada con la realidad profunda de una relación económica, cultural, que va muy hondo y que nos hace copartícipes de una gran constelación de países de lengua española y portuguesa. Si no sabemos afirmar eso, si no lo sabemos aprovechar, estaremos siempre balcanizados, convertidos en países confeti.

—¿Cómo explica que los gobiernos de países como Bolivia, Ecuador o Nicaragua, consideren que quien está en deuda con Iberoamérica es España?

—Andar echándole la responsabilidad a los demás es un acto de minoría de edad y eso pasa mucho en América Latina. Nos comportamos como niños en ese aspecto: ¡Ay, no, no, ahí está el malo. Por él soy pobre, por él soy ignorante... No es cierto, la culpa es nuestra. Nosotros tenemos la culpa de los malos gobiernos que hemos tenido, de la incapacidad para crear instituciones y tenemos que resolver esos problemas por nuestra cuenta, en asociación con otros países, por nosotros mismos, como usted guste. Lo que no vale es echarle la culpa a los demás de los defectos propios.

—Pero hay una tendencia a buscar el origen de esos problemas hace 500 años.

—Tenemos que enfrentarnos a nuestros propios problemas, —que creamos nosotros, porque nadie nos creó los problemas que tenemos— para poder resolverlos. Debemos asumir nuestra responsabilidad. Hay que decir: este problema es mi problema y hay que ver cómo lo resuelvo: Solo, en asociación con España, con los Estados Unidos, con la Comunidad Europea, con China, con Japón... No sé, pero vamos a tratar de asumir la responsabilidad propia.

—¿Qué responsabilidad tiene España para que aflore ese rencor? ¿Ha hecho mal las cosas?

—No, España ha tenido altos y bajos. Tuvimos una desgracia compartida en el siglo XIX, una mala historia en América Latina, una mala historia en España, un reconocimiento de nuestra fraternidad en el desastre del 98. Luego seguimos con aplausos y con apoyo, toda la evolución democrática de España después de la muerte de Franco. Esto supone una enorme ganancia para todo el continente y para España. No creo que haya una regla de deudas, de haberes y deberes. Estamos en el mismo barco, si no entendemos eso vamos muy mal. Además, España ofrece otra cosa muy importante: es nuestra puerta de entrada a la Comunidad Europea, es la puerta natural. No hay otra, ¿cuál podría ser, Noruega o Gran Bretaña? No, va a ser Iberia, va a ser España y Portugal. Si desaprovechamos el momento histórico y las oportunidades del momento, nos va a ir mal, como siempre nos va con nuestras malas decisiones ideológicas, con actos de fe pura que no tienen nada que ver con lo que importa, que es el bienestar de las mayorías en América Latina.

—¿Están bien planteadas estas cumbres iberoamericanas?

—Ya se ha demostrado que tienen que replantearse. Tenemos todo el aparato de la democracia, parlamentos, prensa libre, legislaturas independientes, Ejecutivos acotados, todo lo que usted quiera, pero la mitad de la población de América Latina sigue viviendo en grados diversos de miseria. Mientras eso no se resuelva, seguirán esos problemas, surgirán los Morales, los Ortega..., la gente que está reclamando algo más. Que lo reclame bien o mal no me importa tanto como el hecho de que hay la necesidad de avanzar mucho más rápido. Hay que darle la cara a esos problemas y ver cómo se resuelven por la vía pacífica, por la vía democrática o si no, ¡bup!, nos van a explotar en la cara.

—¿Qué papel pueden desempeñar en ese proceso intelectuales y escritores como usted?

—Ha habido un enorme cambio en la posición del intelectual en América Latina, el momento aquel, hace 50 ó 60 años en el que Pablo Neruda decía: todos llevamos el cuerpo de nuestros pueblos porque si nosotros no hablamos, no hay quién hable, hoy ya no existe. Hay prensa, Congresos, sindicatos, asociaciones, corporaciones de todo tipo que asumen la voz de aquellos a los que representan... El papel del escritor ya no es tan esencial como hace medio siglo. Eso no quiere decir que no pueda optar por asumir una voz política o tener una voz política si así lo desea él o ella. Yo no le impongo eso a nadie porque creo que bastante función positiva cumple el escritor escribiendo porque sin lenguaje y sin imaginación una sociedad se desbarata.

—Vargas Llosa habla de las dictaduras modernas que están enmascaradas en una falsa democracia. ¿Lo comparte?

—No, es muy difícil aplicar esquemas del siglo pasado a lo que está ocurriendo hoy. Creo que estamos en un cambio de civilización, tan importante como fue el cambio de la Edad Media al Renacimiento. La Edad Media no sabía qué era la Edad Media, nosotros tampoco sabemos dónde estamos parados. Creemos que simplemente hay una disyuntiva entre liberalismo o neoliberalismo y populismo. Creo que hay algo más, que vamos a trascender eso para ir a una nueva era de la civilización que aún no sabemos nombrar, pero que va a superar estas opciones. No se va a acabar en una cosa tan simple, porque la historia no es tan simple y la cultura mucho menos.

—Pero los ritmos no serán iguales en el mundo. Irán acaba de prohibir «Memoria de mis putas tristes» de García Márquez...

—¿Qué le parece? Voy a felicitar a Gabo. No hay nada mejor para un escritor que un censor, aumenta las ventas, las multiplica por cien.

—La pregunta apuntaba a que persisten civilizaciones enfrentadas que no se suman al proceso de globalización, que no van en el mismo tren.

—Hay una teoría de Huntington sobre el choque de civilizaciones que es catastrofista, hay otra sobre la alianza de civilizaciones que me parece optimista, casi de color de rosa, y una tercera que es el diálogo de civilizaciones. Este lo podemos crear, lo podemos establecer. Hay un gran resentimiento en el Islam contra Occidente, fue el que perdió la gran batalla después de la Edad Media y creo que tenemos que tender puentes hacia el islam, no enajenarlo, no satanizarlo, no llevarlo a las barriadas del crimen sino entender que allá hay problemas de enfermedad, de ignorancia, de urbanización, de industrialización... Toda clase problemas. Debemos tender un puente de cooperación con el islam en vez de simplemente satanizarlo como hace este idiota de George Bush.

—Quizás en el trasfondo del problema esté el miedo de la gente a lo desconocido...

—Pero nosotros somos los desconocidos para ellos, hay que darnos a conocer también. Una manera es la literatura, García Márquez da a conocer América Latina, en Irán lo satanizan por el título del libro... Es inadmisible.

—Las nuevas tecnologías producen una forma diferente de abordar la literatura. Surgen formatos nuevos como los blogs... ¿Qué visión tiene de este escenario?

—Creo que, finalmente, los lectores van a ser una elite, un grupo reducido pero muy importante, van a ser una secta monacal. Lo que me llama la atención es que al mismo tiempo que se reducen los lectores aumentan los escritores. Hay como cien escritores interesantes en América Latina. En cada país hay diez ó doce. Hay una explosión de la escritura. No sé si acabaremos por leernos los unos a los otros, como decían lo bogotanos: me lees y te leo, pero espero que no sea así, espero que la literatura siempre sea el resguardo fundamental de la imaginación y de la palabra sin la cual lo demás no funciona. Es el único arte que usa lo que todos usamos diariamente para convertirlo en arte. Aquí estamos hablando y te puedo decir: buenos días, sírveme el desayuno, ¿qué tiempo está haciendo? y, al mismo tiempo, con esas palabras voy a escribir, si soy Cervantes «El Quijote» y si soy Shakespeare «Hamlet». Ese es un desafío enorme que no tiene el músico, que no tiene el pintor y que tiene el escritor: convertir constantemente el cobre de la palabra en el oro de la palabra. Es muy importante y si eso no existe, como decimos en México, nos lleva a la chingada.

—¿Tienen futuro estas cumbres?

—Sí, si aceptamos reglas del juego distintas, en las que prime el respeto. Se puede tener posiciones muy opuestas, de hecho las hay entre los jefes de Estado, pero debe haber unas reglas de respeto. Si usted invita a un bárbaro a su mesa, que va a agarrar el espagueti y se lo va a tirar a la cara, pues no lo vuelve a invitar ¿No? Tenemos que comportarnos civilizadamente entre nosotros y mantener posiciones divergentes, todas respetables. Ese no es el problema, el problema es la conducta «lépera», que es un término muy fuerte en México que significa ser zafio, patán, grosero. Pues si sientas a la mesa un patán qué se espera que haga.

—¿Qué opinión tiene de Rodríguez Zapatero y de Aznar?

—Siempre he militado en el centro izquierda, de manera que mi simpatía natural va hacia el presidente Zapatero, pero entiendo la posición del ex presidente Aznar. No se le puede calificar de fascista, es un hombre de extrema derecha que no es lo mismo que ser un fascista. Ha aceptado la alternancia en el poder y espero que Zapatero también la acepte en su momento. Nos encontramos en un régimen democrático que a ciertos gorilas se les escapa, pero es así.

«Nosotros somos hijos de esos siglos y de lo que pasó antes. Si negamos nuestro propio linaje acabamos como bastardos, no tenemos ni papá ni mamá»


Fuente de este artículo: ABC.es


NOTA: AMIGOS Y LECTORES, TENÍA QUE EXPONER LAS IDEAS DEL GRAN ESCRITOR MEXICANO, CARLOS FUENTES. DE OTRO MODO, DEJARÍA DE SER ALICIA ROSELL. ESTA ESTUPENDA ENTREVISTA ME HA DADO LA OPORTUNIDAD DE APORTAR MI GRANITO DE ARENA.
¡¡ESPERO SUS COMENTARIOS!!
Alicia Rosell.

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domingo, 18 de noviembre de 2007

AVANCE: MI PRIMER PROGRAMA DE HISPANORAMA LITERARIO (Hay 2 comentarios)

Logotipo diseñado por Alicia Rosell ©

AVANCE DE MI PRIMER PROGRAMA DE RADIO:

'HISPANORAMA LITERARIO'


Alicia Rosell, quien suscribe estas líneas, comenzará en breve a conducir y emitir desde Buenos Aires -vía España-, el programa que ha bautizado con el nombre de ‘HISPANORAMA LITERARIO’. El encuentro se realizará a través de la estación radial www.radioaxioma.com.ar.

"Será para mí un placer y un orgullo aportar mi voz y mi tiempo, que repartiré entre mi labor como escritora y periodista, para llevarles lo ultimísimo de las Letras Hispano Americanas, sin olvidar jamás de referenciar a los autores que ya no están -pero que marcaron una época- con su impronta y su estilo. Porque, hablar del panorama literario actual sin mencionar el gran legado literario que nos dejaron los grandes escritores en lengua castellana sería traicionar la memoria cultural de quienes pusieron para nuestro regocijo y entusiasmo, sus obras y sus vidas.

Sucederá en breve. Mi desembarco virtual en Buenos Aires y en sus hogares es inminente… cuando llegue el momento, les mantendré debidamente informados. Podrán escucharme los lunes a las 20:00, hora española y 17:00 en Argentina, desde cualquier punto donde haya Internet. La Magia de la Literatura ensancha sus horizontes gracias a las Nuevas Tecnologías.

Es mi deseo que se sientan a gusto conmigo en cada cita, esperaré ansiosa sus opiniones y observaciones constructivas. Ojalá sea del agrado de todos ustedes ésta mi nueva faceta como locutora. Intentaré no defraudarles.

Hasta muy pronto, amigos, lectores y dentro de poco, también radioescuchantes. Quedan todos invitados y son bienvenidos a ‘Hispanorama Literario’ con Alicia Rosell."


Alicia Rosell.© 2007 -noviembre

Dos líneas de contacto relacionadas con el programa: hispanorama.literario@gmail.com - alicia.rosell@yahoo.es


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viernes, 28 de septiembre de 2007

LIBROS, MUCHOS LIBROS (Deja tu opinión: Hay 8 comentarios)


***PRÓXIMAMENTE PODRÁN LEER MI ENTREVISTA A MAYTE PARA TORRES, GANADORA DEL 'PRIMER CERTAMEN DE YOESCRIBO.COM' POR SU NOVELA "EL PROYECTO GALILEA"*** ¡LES ESPERO! ***


A MODO DE INTRODUCCIÓN

por Alicia Rosell.


Estimados Lectores: Encuentro este interesante artículo y me llevo las manos a la cabeza. ¿Quién lo escribió? Archivado entre los borradores de mi blog, hallo esta joya de un escritor español cuyo nombre perdí o borré por culpa de la divina tecnología. ¿Dónde está el enlace con el cual siempre me remito a la fuente? ¡Ay, pobre de mi! El artículo en cuestión es del mes de mayo. Ruego a quienes puedan decirme quien lo escribió, tenga la amabilidad de dejarme un comentario. Y es que, 'LIBROS, MUCHOS LIBROS' es una lectura obligatoria cuyos pensamientos y reflexiones suscribo con rotundidad porque me identifico plenamente en sus palabras.

Pido disculpas a este autor, y lo hago con la intención de darle las gracias por estas palabras que ya hubiera yo querido haber escrito. Claro que, servidora, no ha tenido aún el suficiente tiempo de vida y escritura para hacerlo. Eso sí, plantearlo de otro modo sí puedo. Les prometo que, sobre el mismo tema, les hablaré en una próxima entrega: con mis experiencias, reflexiones como lectora y escritora, y sobre todo, con mis propias palabras.

Gracias por leerme, y si el autor del artículo me lee también, por gracia divina de la tecnología, por favor, espero se me de a conocer. Apelo a su benevolencia, anónimo escritor. Lean, lean pues el artículo que les propongo y que hallé en 'el baúl de mis recuerdos' (léase archivo de esta página). Verán que tengo motivos para publicarlo aún saltándome la frágil barrera que separa la admiración del plagio descarado. Quienes me conocen y leen saben que Alicia Rosell nunca hace esto. Gracias a todos por su comprensión. Pero, ¿podrá perdonarme su autor?

©Alicia Rosell - 29 de septiembre de 2007-

LIBROS, MUCHOS LIBROS

¿Dónde va tanto volumen publicado y publicitado fugazmente? Es un misterio más de las letras.

A lo largo de mi vida, desde la infancia, los libros han sido mis fieles acompañantes; recuerdo los tomitos de los cuentos de Calleja, las Fábulas de Samaniego, los poemas de Teodoro Cuesta, en gastadas ediciones que rodaban por la casa de mis abuelos o de mis padres; después fueron llegando las aventuras de Julio Verne, de Emilio Salgari, del capitán Luiggi Motta, los folletos-cuentos que cada domingo compraba en los quioscos de prensa de Mieres, las novelas románticas, de amores desesperados que reposaban en las mesitas de noche o de la galería, Carmen de Icaza o las hermanas Brönte, Emilia Pardo Bazán o Fernán Caballero.

Libros y más libros, autores y más autores que llenaban algunas estanterías que había en el comedor, en una galería o en el despacho de mi padre. Pequeños libros de bolsillo, la colección Crisol de Aguilar, que parecían perdidos en mesitas, en los hondos cajones de los muebles del pasado, los gigantescos armatostes que llenaban pasillos y dormitorios penumbrosos.

El libro, siempre el libro al lado, casi ahogando el paisaje personal, la vida, el paisaje de un ser humano que no sabía vivir sin ellos, sin sus tapas en piel o en rústica, en cartoné o en sencilla cartulina con una simple y graciosa viñeta. Novelas, poesías, ensayos, obras de estudio en el bachillerato, en la universidad, en el doctorado, después de la universidad, después de todo... Libros que fueron llenando mis casas en Mieres, Oviedo, Gijón, las maletas de mis viajes por medio mundo de Dios y de la fantasía.

Ahora, desde la altura de los años, o en el hondón de mis cansancios, después de tanta lectura y tanta escritura. Tanto escribir para el viento, para algunos lectores, para uno mismo, es hora de preguntar si el mundo necesita tanta y tanta hoja impresa, o tanto cine, tanta televisión. Estamos saturados de todo y por todo; la vida nueva no es la gloriosa del Renacimiento, ni tan siquiera los años apasionados del Romanticismo. Estamos llenos de palabras y más palabras sin sentido, no esperamos mucho de las sociedades modernas y, pese a todo, en la juventud o en la vejez, el libro nos acompaña sin protestar, solamente alarga sus páginas y nos ofrece sus textos para llenar unas horas del día, unas horas de toda una vida.

En una mesa auxiliar de mi despacho, se amontonan libros, muchos libros, casi infinitos libros y me dicen, con sus calladas voces, que me detenga un momento, que no salga a pasear, que olvide la triste tertulia del café, y ponga mis ojos en sus delicadas páginas, en obras que han sido escritas con pasión y amor.

La última novela de Jorge Cela, Papel y sobre ; Poemas de Gijón de Fernando Alvarez; Guía para visitar Iglesias y Conventos del Antiguo Madrid; por orden alfabético , de Jorge Herralde, notas sobre escritores, editores, amigos; La palabra vivida de Rosa Díaz, reunión de todos sus poemarios; El amor no es amado , de Alviso; Apuntes hispano-suizos , de Luis Quer Boule; Aquellos bohemios del café Gijón , de José Bárcena, viaje literario por el famoso café madrileño; Viaje a las Alcarrias, obra escrita al alimón entre Raúl Torres y Alfredo Villaverde; Pelayo Ortega , por Juan Manuel Bonet; Jovellanos , de Gregorio Marañón; El valle del Issa , de Czeslaw Milosz. Y otros cincuenta títulos más que nos pueden decir mucho o no decir nada.

Un canto de sirenas, o una sagrada oración para dar gracias por un título o un autor. Pero la verdad es que tenemos pocas cosas que puedan sorprender en este mundo, bajo la luz del sol o en la claridad de una noche de luna llena.

Todo libro tiene algo bueno, decían los clásicos ingenuos del pasado. ¿Sucede lo mismo ahora, con los miles y miles de títulos que se publican en España al año?. Pero algo tienen cuando no se deja de editar, cuando la existencia de cada criatura-libro es tan breve, tan corta, que se parece a la claridad de un relámpago. Los autores los presentan aquí y acullá a toda velocidad, pues el tiempo que su obra permanece en las librerías es como un soplo, como una brisa que llega y no llega. Todos estos libros se han perdido? Desaparecen para siempre del mundo de los lectores? Es uno de los misterios de nuestro tiempo, pues no se pierden, esperan en los fondos de las librerías, en grandes almacenes, en librerías de lance. Todos, y cada uno de ellos, tienen su vida propia, se venden al falso lector, al amigo, con una publicidad de boca en boca o en un periódico de provincias. Lentamente, acaso muy lentamente, el libro de autor poco conocido, o desconocido totalmente, se va abriendo su caminito entre la nieve de la indiferencia, en el bosque enmarañado de la ignorancia que busca algo para entretenerse. Sí, es todo un misterio, un secreto que nadie descubre.

Cosa lógica, el secreto del hombre se encuentra en los libros.

* Escritor ¿?


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jueves, 12 de julio de 2007

"LOS MANUSCRITOS NO SOLICITADOS"





En primera instancia

Sector editorial
Sala Segunda de lo cultural


Han sido vistas las diligencias seguidas contra el Sector editorial y ha sido probado y así se declara como:


HECHOS PROBADOS

1.- Que era conocida la existencia de 289 “manuscritos no solicitados”, siempre los mismos, que van circulando de editorial en editorial, rara vez son leídos y no se publican nunca. Ítem más: que el número se mantiene constante, si bien un 10% de ellos se renueva cada año, ya que algunos desaparecen (por fatiga, fallecimiento o autoedición) y se incorpora la misma cantidad de nuevos autores inéditos. Ítem plus: que dichos 289 manuscritos, con distintos títulos y bajo diferentes seudónimos, son enviados a los más de 1.600 concursos literarios que en España se convocan cada año.

2.-Que, sin embargo, era desconocida hasta los últimos años la existencia de la misma rotación insensata en el sector editorial, pero que ya ha sido constatada fehacientemente. Ítem más: todas las grandes (y pequeñas) editoriales se han venido intercambiando los editores desde hace unos años, de suerte tal que todos han trabajado en todas (o están a punto de hacerlo). Ítem plus: a título de ejemplo, se vio salir propulsados a varios directivos de Espasa, como aerolitos desprendidos que van chocando en el vacío con otros cuerpos celestes en tránsito; Malcolm y Joaquín Palau han cambiado Destino por RBA; Ricardo Artola va de Planeta a Ediciones B; Emili Rosales, de Planeta a Destino; Carmen Fernández de Blas ha recorrido Plaza & Janés, Ediciones B, Random House… hasta llegar a Martínez Roca, donde sustituyó a Pablo Martínez, que se fue a Suma de Letras, de donde se había marchado Ana Rosa Semprún en dirección a Espasa; Javier Azpeitia deja Lengua de Trapo y se va a 451; Juan Pascual, de Ediciones B a El Andén, con Enrique Murillo y Carlos Pujol, que venían de… ¿es necesario seguir? Sin duda, una semana después de la vista oral, ya habrán vuelto a cambiar todos de sitio, como si fuera un caleidoscopio o el juego de las “sillas musicales”, en el que todos van girando, siempre hay una silla menos que jugadores y, cuando para la música, ocupan la silla más cercana (y cada vez sale uno de los jugadores despedido).

3.-Que, por inverosímil que parezca, son los editores los que lamentan la deslealtad de los autores y les acusan de cambiar de editorial sin miramientos en cuanto les ofrecen algo más de dinero.

FUNDAMENTOS DE DERECHO

Los hechos probados son constitutivos de un delito de desparpajo paquidérmico y de un delito grave de negligencia. Hasta hace poco una editorial era un proyecto, con un catálogo coherente y una (moderada) capacidad de aceptar riesgos. Como todo proyecto, se apoyaba en un equipo estable de personas, en sus ideas y su visión del negocio. Sin embargo, a los editores ya les da lo mismo ocho que ochenta, siempre que les suban (o les conserven) el sueldo. Su negligente conducta ha causado la desprotección de los autores, hasta el extremo de que, en la prueba testifical, se han constatado varios casos de escritores que ya no sabían quién era su editor ni con quién tenían que hablar. Se han acreditado casos de novelistas que cambian de editorial varias veces para poder seguir manteniendo el mismo editor. La cínica reclamación de fidelidad que los editores tránsfugas llevan a cabo con los autores incurre de lleno en ilícito penal y, además, agrava un panorama que ya era desolador: 289 manuscritos giratorios, miles de premios anuales, decenas de miles de títulos (de los cuales sólo se venden media docena), operaciones comerciales para imponer libros infumables… y encima un enjambre de editores revoloteando sin más objetivo que ocupar un despacho más grande cada vez (o al menos mantenerse en vuelo).

ACUERDO
Que debo condenar y condeno al sector editorial, como autor de un delito de desparpajo paquidérmico, a mantenerse durante dos semanas sin cuenta de gastos ni tarjetas de empresa.

Que debo condenar y condeno a los editores, como autores de un delito de negligencia, a la pena de pasar a depender de una ETT (empresa de trabajo temporal), que los irá colocando en diferentes puestos al ritmo vertiginoso que ansían, a la vez que detrae la mayor parte de su salario para entregarlo a los desamparados autores.

Así lo pronuncio, mando y firmo,

Rafael REIG

Contra esta resolución cabe interponer recurso de apelación en el plazo de siete días ante el juzgado digital de segunda estancia: www.elcultural.es

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-ALICIA ROSELL, 2006-

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