"Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera"(Neruda)

sábado, 9 de febrero de 2008

Ángel Petisme presentó en Bilbao "Demolición del Arco Iris" (Agradezco sus lecturas: Hay 8 comentarios)




Ángel Petisme lee su poema sobre el 11 de septiembre



ÁNGEL PETISME PRESENTÓ EN BILBAO"DEMOLICIÓN DEL ARCO IRIS"
Fotos: Alicia Rosell©
Por Alicia Rosell

Bilbao, 8 de febrero de 2008


En Casa del Libro de Bilbao presentó ayer Ángel Petisme su último poemario, "Demolición del Arco Iris", editado por Baile del Sol.

La presentación corrió a cargo del también poeta y amigo de Petisme, José Blanco, una de las voces poéticas de Bilbao y su comarca, que daba la réplica al protagonista de la tarde. Aunque, si quieren que les de mi opinión, Ángel Petisme es tan campechano y humilde que hizo lo propio con José Blanco y antes de presentar su libro hizo él las veces de presentador de su amigo y colega. Todo un detalle que seguro no extrañó a José Blanco -pues se conocen desde hace muchos años-, y que da fe del carácter de este cantante y poeta maño que comenzó arremetiendo contra los locos que se han empeñado en destruir 'Los Monegros' construyendo allí una segunda versión de Las Vegas.

Como poeta, aunque nos deleitó con variados estilos, incluyendo algo de poesía romántica, es ante todo, un autor comprometido con la sociedad, su tierra y las injusticias del mundo. No es de extrañar que de su repertorio poético escogiera para leernos dos poemas sobre los indios americanos y su exterminio, un poema sobre Bin Laden y el 11 de septiembre -ver vídeo-: un hombre en la consulta del dentista mientras caen las Torres Gemelas, una estatua que cobra vida en el desierto de Los Monegros, una mujer amamantando a su bebé mientras sube a un cayuco, un perro que espera a su amo desde hace veinte años, un pintor obsesionado con los paisajes, su odio a Bill Gates porque los niños ya sólo navegan por la Red y no lo harán por el mar, dos amantes haciendo el amor en un hotel de Brooklyn, un poeta que enseña el culo a la luna desde un puente, un corazón con brazos del Ikea arrastrado por el agua de la lluvia en Lavapiés, Gerónimo, el jefe apache, 'resucita' vendiendo souvenirs a los turistas en la reserva o el cierzo azotando Bagdad para avisar que no es hora de morir todavía...

Son algunos de los personajes, escenarios e historias cruzadas que Petisme ha hecho cobrar vida en su libro, donde está también presente la prosa poética. En realidad, el libro nos muestra la preocupación constante del autor ante las injusticias del mundo.

Yo me atrevería a calificar a este hombre y poeta, que canta y escribe, como un luc
hador a ultranza contra el sistema que se nos impone desde los gobiernos y que no escatima el uso de tacos en su poesía ni tiene pelos en la lengua cuando los recita.

Su entusiasmo era tal que estaba dispuesto a leernos durante todo el tiempo que quisiéramos, mientras no cerrara La Casa del Libro...
El problema hubiera sido que su entusiasmo podía dar al traste con la venta de su libro poemario... ¡Pues no lo crean! En realidad, nos picó tanto la curiosidad con esa variedad de temas, que seguro firmó más que 'unos cuantos libros'. Y sino, quienes hoy lo tienen en Irún, seguro que le hacen justicia.

El resto de la presentación la grabé, pero esa tendrán que escucharla en mi programa radiofónico 'Hispanorama Literario'. Les avisaré a través de este espacio y del blog de mi programa Hispanorama Literario , cuando vaya a ser emitido.

Créanme que merece la pena escuchar a este hombre que 'tiene tablas', no e
n vano es cantautor. Se movía como pez en el agua, y para muestra, las fotos que les dejo entre el texto.

Hoy he intentado acercarles a la persona y el autor con su obra: Ángel Petisme.Vayan desde aquí mis congratulaciones para él.

©Alicia Rosell, 9 de febrero de 2008.


Portada del Libro, con una estupenda ilustración

Un poema del libro:
Plaza de Lavapiés


Llueve a mares y baja por la cuesta de Ave María
el líquido amniótico de los sueños.
Bajan las cicatrices, las llamadas perdidas,
la barbie abandonada y un árbol del amor,
los condones suicidas y los huesos de pollo,
el llanto de las razas, los mensajes borrados,
la belleza sin sitio, las fotos del eclipse…
Los juguetes enfermos, los dioses que no cambian,
los extractos del banco, las sillas de tres patas.
Sale la luna en Sombrerería y sale el sol en Olivar.

Un río ineludible de preguntas
desciende a la boca del Metro,
un ángel que volaba hacia atrás,
el alquitrán del miedo,
un corazón con brazos del Ikea,
frascos de jarabe caducado.
Pecados que no vieron amanecer,
belleza que no encuentra reposo.

Está lloviendo a mares en plaza de Lavapiés
y soy esa mujer que lleva escrito un No.


©Alicia Rosell, 9 de febrero de 2008.

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miércoles, 16 de enero de 2008

Presentación de la novela de Genoveva Rodea, "Las Herencias del Tiempo"


Sinopsis:


Bárbara, nacida en Casablanca (Marruecos) en el seno de una familia de emigrantes españoles, retorna al país donde transcurrió su infancia y su adolescencia tras muchos años de ausencia. Pero no se trata de un simple regreso al pasado. Allí se encontrará con Cristian, desaparecido en extrañas circunstancias dieciséis años atrás. De la mano de un compañero de viaje anónimo al que ofrece ayuda y a través de esos personajes del ayer que aún pisan fuerte en el hoy paseará por acontecimientos de los últimos años realidades sociales de actualidad y por su vieja historia con Cristian... sorteando, con un fuerte componente de control emocional, las sombras veladas de las intrigas que intentan detenerla. Caerá en aventuras inesperadas. Se deslizará entre relaciones interpersonales y confrontaciones interculturales. Entre pasiones y miserias humanas. Agarrada al poder de hoy y con gran empuje vital prosperará hacia esas respuestas, tan temidas como esperadas, afrontando el misterio, acariciando las emociones, rozando la sensualidad, abrazando las sensaciones y coqueteando con la ironía. Mientras penetra, a fuego lento, en la esencia pura de los sentimientos humanos y la reflexión, con un único grito de guerra: VIVE.


Biografía:

Genoveva Rodea nace en Casablanca (Marruecos) el 21 de agosto de 1967. Aunque orientada hacia las ciencias, desde muy pequeña siente la necesidad de expresarse a través de las letras. Se inicia con la poesía, género con el que colma diarios. Pero muy pronto el verso se inclina ante la prosa. Consigue varios premios y al cumplir los dieciocho, coincidiendo con su traslado a Zaragoza, hila por afición su primera novela: Más allá de las distancias. Estudia empresariales y se dedica a este campo al que define como "el que me da de comer" sin olvidar la literatura y la psicología que es, según asegura, lo que le alimenta. Escribe reflexiones, cuentos y relatos, diseña discursos por encargo, comienza a participar en foros y colabora esporádicamente con algún periódico o revista. Hasta que en 2004, alentada por su entorno, decide atreverse con un proyecto más ambicioso: Las herencias del tiempo. Actualmente es delegada de Aragón de la Asociación de Escritores Noveles y trabaja en la corrección de su siguiente obra: La cara oculta del brillo.


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miércoles, 26 de diciembre de 2007

IBAN ZALDUA PRESENTÓ "PORVENIR" EN BILBAO



"PORVENIR" - "ETORKIZUNA"
NUEVO LIBRO DE RELATOS DEL PREMIO EUSKADI DE LITERATURA EN EUSKERA

Juan Bas presentó 'Porvenir' de Iban Zaldua, en 'Casa del Libro' de Bilbao.

por Alicia Rosell


Bilbao, 11 de diciembre de 2007


En Casa del Libro de Bilbao, el pasado día once de este mes que despide el año 2007, Iban Zaldua presentó "Porvenir", su último libro, editado por LdT (Lengua de Trapo) donde reúne quince cuentos. Ganador del Premio Euskadi de Literatura en Euskera 2006, Zaldua es, -a decir de los críticos- un especialista del género breve; reconocido como está, Zaldua sólo ha escrito una novela, por ahora -según me confesó-. "Pero no descarto volver a ello", según él me comentó mientras un esbozo avieso se dibujaba en su sonrisa cuando me lo dijo. Y es que el autor vasco se halla cómodo escribiendo relatos.

Bajo el nombre auténtico de "Etorkizuna" (Porvenir en castellano), este libro fue escrito en euskera y después traducido por su autor. La presentación del libro estuvo a cargo del escritor bilbaíno, Juan Bas, quien hizo un extenso y concienzudo estudio de los cuentos de su colega y a quien comparó con Raymond Carver, quizá por aquéllo del 'humor negro' que impera en los textos de Iban Zaldua, aunque, cuando el autor nos deleitó en Bilbao con la lectura de uno de sus cuentos, los asistentes al acto pudimos comprobar que su humor es de muchos colores, y todos le sientan bien al contexto de sus argumentos e historias. Humor que levantó las sonrisas de los escuchantes, entre los cuales se hallaba el escritor de éxito, Fernando Palazuelos, también bilbaíno, a quien tuve el gusto de saludar. Ambos escritores bromearon entre ellos al finalizar una presentación que resultó distendida y familiar.

Iban Zaldua escuchando a su colega y amigo,
Juan Bas, hablar sobre su obra.


'Porvenir' ya había sido presentada por Hotel Kafka a finales de noviembre en Madrid, donde Zaldua recalcó que "Porvenir" no es un libro de ciencia-ficción, aunque sí puede considerarse un guiño al género, y su autor reconoció que ha bebido de las fuentes de dicha escuela a la hora de escribir sus relatos.

Zaldua cuenta que este libro no ha sido premeditado: fue escribiendo relatos sin pretensión de una unidad, pero que cuando se dio cuenta, se habían convertido en un libro de relatos perfectamente hilados, de ahí que considere esta obra suya como la más compacta y mejor lograda de cuantas ha escrito hasta el momento.

Si el vivir cotidiano es el detonante de cada una de las historias, los elementos fantásticos ahondan y completan una visión del mundo plena, repleta de matices y rigurosa con el único dogma al que 'Porvenir' se adscribe: la verdad de la literatura, la mentira del mundo que (otros) nos venden... así se nos presenta la sinopsis de este libro de cuentos. Créanme que es mucho mejor leerlos.

Juan Bas hablando de la prosa de Iban Zaldua


Y esto mismo fue lo que hizo el autor, quien repartió unos libretos donde nos mostraba -con ocasión de la presentación- dos de sus relatos: Milagro/Sombras. El primero de ellos lo leyó él mismo para el público presente. Corto pero intenso, logró arrancarnos una sonrisa y demostró su habilidad para 'relatar relatos', valga la redundancia.

Después de una muy breve charla que mantuve con el autor, y disparar estas fotos que aquí les dejo como muestra del evento, Alicia Rosell, servidora, dejó a Iban Zaldua, Juan Bas y Fernando Palazuelos -tres escritores de Bilbao- continuar en una amistosa charla entre colegas, mientras el primero les firmaba libros.


Fotos: Alicia Rosell© 11/diciembre/2007.
Artículo redactado por Alicia Rosell © 2007

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viernes, 21 de diciembre de 2007

'ANTONIO B. EL RUSO, CIUDADANO DE TERCERA' - RAMIRO PINILLA (Tusquets Editores)


Portada del libro presentado por Ramiro Pinilla en Bilbao.


RAMIRO PINILLA PRESENTA NUEVA NOVELA: "ANTONIO B. EL RUSO"


La moderadora y periodista, Ramiro Pinilla y el representante y editor de Tusquets en la presentación en Bilbao
(Foto Alicia Rosell ©)

por Alicia Rosell


Tuvo lugar la presentación de la nueva novela de Ramiro Pinilla -premio nacional de narrativa y nacional de la crítica 2006, premio Euskadi 2005- en el Fnac de Bilbao. El pequeño espacio del aforo rebosaba expectación ese viernes, vísperas de la Nochebuena que se barruntaba en el ambiente de las calles bilbaínas. Era la tarde del 19 de diciembre de 2007.

Aunque 'Antonio B. El Ruso' pueda parecer una novela más sobre la Guerra Civil española, Ramiro ya la tenía escrita desde hace veinte años aproximadamente. Revisarla y editarla de nuevo ni siquiera se lo había planteado, pero como él mismo me dijo en entrevista aparte, tiene muchas novelas para 'sacar', y así es, pues como si de un mago se tratara, en los últimos tiempos, nos ha ido 'sacando' novelas como el mago que saca flores o conejos de la chistera. Pero, eso sí, con mucho fuste y trabajo, que no es magia escribir como lo hace un maestro en su oficio.

Ramiro es un trabajador incansable, como buen vasco y como un escritor de los auténticos: de él escuché de nuevo lo que otros buenos escritores ya han confesado, y con lo cual estoy totalmente de acuerdo. "Mal encaminado va quien se llama escritor si escribe sólo para ganar dinero. Yo nunca he escrito para eso."

Más o menos esas fueron sus palabras. Si me lee, D. Ramiro, le pido disculpas... la grabadora se me estropeó. De memoria intento transcribir cuanto usted dijo esa tarde mientras sacaba fotos del evento y mi grabadora reposaba cerca suyo, en la mesa -tal como se aprecia en las fotos- gracias a la gentileza que tuvieron tanto la periodista que moderaba, como el representante de la Editorial Tusquets que lo acompañaban.

La expectación creada por esta novela no deja de ser curiosa, pero no es rara. Pues ya cuando salió 'La Higuera' todo sus lectores se lanzaron a leerla -aún siendo también otra novela sobre la Guerra Civil-. No en vano, es el autor de la trilogía de 'Verdes Valles, Colinas Rojas'. Y sin embargo, su laboriosidad en el Oficio Literario se mantuvo oculta, y es ahora, a sus ochenta y tantos años que sale a la palestra literaria para situarse entre los autores más admirados de este país. Ese silencio suyo, y ese escribir sin que nadie lo supiera, me recuerda a los antiguos románticos, D. Ramiro.


'Antonio B. El Ruso', es como dijo su autor, la historia novelada de un hombre que tenía mucho que contar sobre sus vivencias. Pueden constatarlo en la segunda parte de este artículo.

Don Ramiro Pinilla me avanzó que está escribiendo una novela policíaca y que esperaba que ya este año se publicara: una buena noticia para los 'adictos' a su literatura, -que los tiene- como así se confirmó en el evento presentación de esa tarde.

Puesto que mi grabadora me dejó sin las palabras del escritor vasco, prefiero que las lean tal cual él las escribió en este texto inferior que conforma el Prólogo de su novela. Les recomiendo que lo lean. A pesar de su extensión, merece la pena. Y sin en lugar de leerlo, prefieren escucharlo de viva voz, aquí tienen el enlace: Que lo disfruten.


Alicia Rosell © 21 diciembre 2007.



Ramiro Pinilla habla de su novela, 'Antonio El Ruso'.
(Foto Alicia Rosell ©)

RAMIRO PINILLA

ANTONIO B. EL RUSO,

CIUDADANO DE TERCERA

Prólogo



Volver, al cabo de tantos años, sobre Antonio Bayo, es recuperar el calvario de su vida y la oscura noticia de su muerte. Esta vez, su infantilismo ya no se hinchará contemplando el segundo nacimiento de su libro en los escaparates y sintiendo el acoso de los medios. Y es que estamos hablando de un hombre que, desde su nacimiento, fue perseguido por la forma más lacerante de nuestra injusticia social hasta hacer de él un despojo humano.

Yo nunca había escrito una novela-biografía contada por su propio protagonista. Supe de su existencia a través del periodista Ángel Ortiz Alfau: «Acabo de conocer a un hombre que asegura tener una vida apasionante y busca que alguien se la escriba».

¿Qué me movió a conocer a ese hombre? ¿La curiosidad? ¿Quizá la posibilidad de un cambio de registro narrativo?

Corría 1973. Nuestro encuentro tuvo lugar una mañana en el Arenal bilbaíno. Se llamaba Antonio Bayo y llevaba quince años viviendo, con tres hijos, en un piso de su propiedad en el barrio de Santutxu. Era de mediana estatura. Trabajaba de guarda de obras; pura ironía: defendía ahora la propiedad ajena quien, hasta su asentamiento en Bilbao, había arrastrado una vida de continuos robos para poder comer. Fuerte, más bien rechoncho, a pesar de sus cuarenta y pocos años se advertía que su cintura carecía de flexibilidad, su cuerpo era como un bloque sin gracia; al propio Antonio le oiría referirse a esta característica suya: «Me fallan las bisagras». Vestía algo así como un traje nuevo de domingo, chaqueta y pantalón color ladrillo, y desabrochado el cuello de su camisa de tonos fuertes. Su pelo… ¡ah, su famoso pelo rubio-rojizo que, a su nacimiento, inspiró a una mujer su apodo de «el Ruso»!... , abundante y espeso, peinado infructuosamente contra el cráneo. Sus ojos, azules, pequeños y bastante juntos, emitían el recelo de quien ha recibido muchos palos en su vida. Le faltaban el dedo pulgar de la mano izquierda y el índice y el corazón de la derecha, consecuencia de uno de sus desastres. Con todo, su persona en conjunto no mostraba el menor asomo de inseguridad:

«He leído el libro de Papillon…, me lo han leído…, lo hemos leído entre dos… y mi vida de perseguido por la justicia no tiene nada que envidiar a la suya», me dijo muy serio, con el más absoluto convencimiento.

Aquella primera charla –más bien interrogatorio por mi parte– sentados en un banco, duraría alrededor de una hora, tiempo suficiente para quedar yo convencido no sólo de que eran ciertas las barbaridades que me contaba sino también de que en su cabeza no cabía que un libro, cualquier libro, pudiera contener mentiras… y su relato iba a estar en un libro. Un claro hecho me lo confirmaba: aquel hombre no tenía la menor duda de la autenticidad de la historia de Papillon hasta en sus más insignificantes detalles, quizá porque el fenómeno libro ocupaba, en su escala de valores, el lugar de los mitos; y porque, en su inocencia, y fuera de sacralizaciones, no concebía que en un libro se encerrara una ficción. Me llegó a decir:

–Mi vida ha sido tan dura y tan cabrona, que quien la lea llorará como nunca ha llorado. Me han tratado como a un perro: he sufrido como nadie. Mi libro se venderá como rosquillas.

A lo que repuse:

–Amigo, si yo me pusiera a inventar desgracias, la vida de Papillon y la tuya juntas parecerían cuentos para niños.

No es que no me creyera, para no creer en algo primero hay que admitir que ese algo existe o ha existido en alguna parte, al menos en nuestros sueños. Era lo otro, su concepción del libro como biblia revelada por un dios que no miente. Además, me convencí de que este hombre carecía en absoluto de imaginación. Aunque, tras el relato que me haría de su vida, comprobé que poseía una portentosa memoria.

De hecho, antes de recurrir a otra persona, él había intentado escribir sus andanzas, más bien dictándoselas a su mujer, quien ya había llenado un par de cuadernos de escolar con letra difícil y redacción y ortografía atormentadas. Antonio me los enseñó, estaba ante mí con el resultado del ímprobo esfuerzo y asumiendo el fracaso. Pero aquel hombre no se inmutó al escuchar mis palabras. Supongo que se preguntaría: «¿Por qué este escritor con gafas, si sabe mentir tanto como dice, se ha molestado en venir para que le cuente mi vida?». Yo estaba en aquel banco por averiguar si la historia que escucharía era tan terrible como me aseguró mi amigo Ángel.

Lo era. Fue aquella una hora muy intensa. En su primera parte, el hombre relató, con monótona media voz, hechos que estaban pidiendo poderosos altavoces. Procedía de La Baña, un pueblo perdido de una de las dos Cabreras (Antonio me lo situó con un «para allá de la India» acompañado de un gesto de lejanía con el brazo), la Baja (la otra era la Alta), provincia de León. La Baña merecía pertenecer a Las Hurdes, era una Hurde desconocida, ignorada por la civilización, una Hurde que no había tenido su Buñuel que la mostrara en un escalofriante documental. Tenía sacerdote, y más vale que no lo tuviera: el de negro pagaba a la madre del niño Antonio un puñado de patatas por sus servicios sexuales. Tenía juez, a varias horas de camino, al que los guardias civiles conducían de continuo a Antonio acusado de robar latas de sardinas, cachos de tocino o una gallina, y el juez lo encerraba en su cuadra un par de días y lo soltaba con la condición de que le trajera un conejo, y cuando Antonio le aseguraba que él no tenía conejos, el juez le redimía recordándole de que en el pueblo había muchos conejos.

Tenía un cuartelillo de la Guardia Civil, frecuentado por Antonio más de lo que hubiese deseado, donde le molían a culatazos e incluso llegaron a clavarle alfileres en las uñas. El único empleo en aquel pueblo era el de pastor: doce horas en el monte con el rebaño de otro por un filete transparente de tocino y un cacho de pan; salida vedada a nuestro personaje por su fama da ladrón.

El gran pecado de Antonio era que tenía hambre. Su vida orbitaba alrededor de los alimentos. Era un animal hambriento. Los episodios de esta lógica relación hambre-robo me los refería sin estridencias, como si aquella historia no fuera con él. ¿Era creíble un destino tan truculento padecido a lo largo de sus primeros treinta años y repleto de incontables injusticias sólo explicables en un submundo como aquél? Le hice muchas preguntas, que él contestaba sin un titubeo. Se las formulé cruzadas: ni un solo fallo o contradicción.

¿Por qué se me ocurrió escribir este libro? Literariamente, me atrajo el disponer de un personaje de carne y hueso como alternativa a los habituales míos de ficción. Podría constituir un descanso. Pero, no: el gran motivo que me movió fue la denuncia.

¿Pertenecía a España aquella Cabrera Baja, aquel mísero y desheredado pueblo de La Baña?, ¿y eran españolas aquellas gentes dejadas de la mano de todos los dioses?

Faltaban dos años para que falleciera el Dictador. La sociedad española se reponía arduamente de la guerra y la posguerra. Asomaba un tiempo nuevo cargado de esperanzas y de reivindicaciones pendientes. Empezaba a abrirse camino la palabra para desterrar el silencio. La palabra.

Grabé su largo relato en mi casa de Getxo durante un mes; Antonio llegaba por las mañanas, hacíamos un descanso al mediodía para comer con mi familia, y otra sesión por la tarde. Vertía su chorro de vivencias sin orden cronológico, según acudían a su recuerdo, y yo había de adelantarme a engrasar mi trabajo posterior interrumpiéndole con incontables preguntas: ¿en qué año ocurrió eso?, ¿no me dijiste ayer que…?, ¿qué edad tenías entonces?, lo de tus dedos, ¿fue antes o después de…?

Al cabo, dispuse de un volumen de hechos que me absorbieron y conformaban una auténtica novela. Mi papel se reduciría a simple escribiente de ellos, a narrarlos como mejor supiera, a transmitir con otras palabras el mismo impacto que yo había recibido con las suyas, y siempre me ha gustado dar vida a cosas y personas sobre el papel. Otro aliciente, ya dije, fue el descanso de no tener que crear un mundo: me lo daban hecho. Tanto si se trata de narrar una ficción como un tema real, le elección del estilo y el lenguaje es fundamental. Y ello queda estrechamente vinculado a la voz elegida como narradora, bien la de un personaje o la del autor omnisciente. No lo dudé: sería la voz del propio Antonio. Sin embargo, el resultado no podría calificarse de autobiografía.

¿Biografía, entonces? Tampoco: yo, el autor, me filtraría en aquella vida sin intentar interpretar nada, sólo contar, contar. Las interpretaciones, en su caso, procederían del propio Antonio. Prevalecerían la autenticidad, la desnudez. ¿Quién era yo para hacer literatura de aquella realidad tan candente que vino a mis manos y me las quemaba? Quise desaparecer. De ahí, que hube que ser consecuente con otras dos decisiones:

Primera: como, por suerte, yo no conocía la Cabrera Baja, me negué a conocerla, sería el propio Antonio quien me la mostrara, nos la mostrara. Él no nos hablaría de la cultura de aquella tierra, de su humedad y temperatura medias, de su historia o monumentos, orografía, economía, costumbres populares… Su voz nos hablaría de uno de los productos irremediables de la Cabrera Baja: Antonio Bayo.

Segunda: ¿cómo conseguir que el texto transmisor de la historia alcanzara la altura de su pureza? ¿Cómo hacer que el paso del medio oral al escrito no fuera un salto sino un deslizamiento? Ya que el libro no iba a ser escrito por Antonio, sino que éste sólo hablaría, había que conseguir que ese mensaje no fuera traicionado por ese texto. El texto habría de ser lo más inadvertido posible. Lo más oculto. Que no estorbara. Que el trasvase fuera cristalino, transparente. Y lo más próximo a la transparencia es la invisibilidad. ¿Un lenguaje invisible?

Ya solos la grabadora y yo, empecé por distribuir en fichas todo aquel barullo. Las ordené. Luego pasé un tiempo buscando el tono, como para un instrumento musical. A veces, se encuentra a la primera. No fue así en este caso. No se trata de pulsar teclas o cuerdas sino de escribir las primeras líneas. Realicé muchos ensayos para el primer párrafo. Y al leer un día bajo el bolígrafo…

Me llamo Antonio Bayo, pero cuando madre me echó al mundo, una mujer que estaba allí dijo: ¡Leches, si es rubio como un ruso!... Así que no vaya usted por las Cabreras preguntando por Antonio, porque desde entonces todo el mundo me conoce por el Ruso. Ahora tengo seis años y madre me dice:

–Súbeme una berza.

…supe que ya lo tenía.

La redacción del libro me llevó ocho meses. Cuando puse los mil folios en las manos mutiladas de Antonio, los miró por arriba y por abajo, quizá con orgullo de estar allí dentro, y se los llevó. Hablé con él al día siguiente. Transcribo lo que, tiempo después, diría a la prensa: «Cuando Ramiro me dio los papeles mecanografiados, yo no me reconocía. Tuvimos casi una enganchada. Le dije: este libro no sale p´alante, que éste no soy yo».

El mío era el segundo libro que Antonio leía en toda su vida; el primero fue Genoveva de Brabante, e ignoro si le gustó. ¿Qué le encontró a mi texto? Sospecho que demasiada economía de palabras, demasiada brevedad. Su mujer y él lo compararían con sus cuadernos, tan melodramáticos, tan pastosamente lacrimógenos y folletinescos en los que cada escena se alargaba sin freno. Curiosamente, mi elección de un estilo invisible impedía que Antonio se viera allí… Bueno, la verdad es que apenas tuve que discutir con él, entrar en detalles literarios… ¡tenía Antonio tantos deseos de ver publicada su vida! No aceptó el libro, me aceptó a mí. Supongo que luego explotaría en casa.

Cumplí el itinerario de los escritores sin editor, realicé envíos y todos me fueron devueltos. Planeta y Plaza & Janés me aseguraron que mi libro jamás podría ser publicado en España. Lo guardé cuidadosamente en un cajón.

No podía haber sido de otra manera en aquel año 1975 en que Franco había de abandonar el poder por un imperativo insoslayable, pero prevalecería el franquismo. Y mi libro atacaba sin medias tintas las instituciones más intocables. Este veto era la medida de seguridad que superaba las que yo había tomado previamente: la ocultación del apellido de Antonio y la sustitución de su verdadero apodo, «el Ruso», por «el Rojo», tanto en la portada de 1977 como en todas las páginas; y el cambio de La Baña, nombre verdadero de su pueblo, por el de Las Piedras. Es posible que con ello no proporcionase a Antonio la protección deseable, en el caso de vernos ambos ante un tribunal, aunque supongo que un abogado podría utilizarlo. Tenía advertido a Antonio del riesgo que entrañaba la publicación. No le importó. Aunque figuraba como un simple personaje que contaba su vida, ni él ni yo pretendíamos ocultar que era mucho más: era la fuente real que puso en marcha todo.

Tras el personaje de Antonio había una realidad, personas e instituciones contemporáneas que él atacaba sin pelos en la lengua. Antonio era una realidad insolente, nada impediría que lo convirtieran en víctima una vez más. Ediciones Albia se interesó finalmente por el libro y lo publicó en 1977. Antonio B. fue entrevistado por los medios y firmó ejemplares con sus manos rotas. Nunca se había visto en una así. Pero en las fotos publicadas siempre apareció de espaldas, y lo mismo en televisión.

La lectura de Antonio B. el Ruso puede despertar las mismas incredulidades que, en su día, Antonio B. el Rojo. ¿Eran posibles tan duras pruebas y, sobre todo, cayendo todas sobre un mismo hombre? Convendrá, pues, que refiera aquí el episodio que vivimos Antonio y yo en León, en la presentación del libro. La organizó la Obra Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, y en la mesa redonda intervinieron el ingeniero jefe del IRYDA, el responsable del Servicio de Obras de la Diputación Provincial, el secretario de los Ayuntamientos de Truchas y Castrillo, una biólogo y un radiofonista… Detallo tanto para indicar la preocupación que habían despertado las denuncias del libro.

En efecto, tras muchas preguntas de ellos y respuestas por nuestra parte, otro de los asistentes se levantó para protestar con no disimulada indignación:

––Nuestras Cabreras no son como asegura ese libro. Pueden ser bastantes cosas, pero nos negamos a aceptar que en la Cabrera Baja haya sucedido nunca el que sus habitantes confundieran un jeep con un animal. Los de esta tierra no aceptamos semejante infundio.

Se refería al episodio en que el gobernador, hacia 1940, realizó un viaje ––¿por qué no safari?–– de reconocimiento por aquella Cabrera Baja en tres jeeps. La comitiva se detuvo en un claro entre casuchas de La Baña y el gobernador vio cómo algunos vecinos se acercaban portando brazadas de yerba y las depositaban ante los morros de los vehículos… ¡para que comieran! Es indudable que otros participaban de ese enfado. Y entonces pidió la palabra uno de los presentes para declarar:

––El libro no miente, ese triste hecho ocurrió, yo fui testigo de él. Acompañé en ese viaje al gobernador en calidad de cronista oficial y quedé tan asombrado como todos de aquello. Así fue: los lugareños creían que los jeeps eran animales y, para caer bien a sus sueños, los alimentaban.

Confío en que nadie dude de la veracidad del relato de Antonio Bayo. Lo único que lamento es que ya no esté entre nosotros. Lo habría vuelto a pasar muy bien firmando ejemplares de su libro, pues seguramente es más suyo que mío.

Ramiro Pinilla

Getxo, 15 de abril de 2007

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jueves, 13 de diciembre de 2007

Presentación del libro de relatos “Gritar", de Ricardo Menéndez Salmón

Miércoles, 12 de diciembre: presentación del libro de relatos “Gritar" > Newsletter nº32

Hotel Kafka Colección Nueva Biblioteca

AUTOR

Ricardo Menéndez Salmón





Nacido en Gijón, en 1971, Ricardo Menéndez Salmón es licenciado en Filosofía por la Universidad de Oviedo. Columnista del diario El Comercio, escribe en la revista Tiempo y en el suplemento cultural de ABC. Su obra ha aparecido en revistas como Lateral o Paralelo Sur y en el diario El País. Es autor del libro de relatos Los caballos azules (2005) y de las novelas La filosofía en invierno (1999 y 2007), Panóptico (2001), Los arrebatados (2003) y La noche feroz (2006). Su quinta novela, La ofensa (2007), ha sido saludada por la crítica como uno de los libros más importantes del año.


Cursos de próximo comienzo:

- Curso de Novela ,
- Relato Breve,
¡reserva ya tu plaza!

El placer y el asombro de la literatura

COLABORA:Ámbito Cultural

Hotel Kafka acogió la presentación de Gritar, último libro de relatos de Ricardo Menéndez Salmón el pasado Miércoles 12 de diciembre a las 19:30. Presentó el acto Eloy Tizón.



Hotel Kafka. Hortaleza 104. Madrid.
Tel.: 91 702 5016
www.hotelkafka.com

OBRA

GritarNueve fábulas contemporáneas que interrogan directamente al lector

Los nueve cuentos de Gritar suponen la confirmación de uno de los narradores más exquisitos, honestos y originales de la nueva narrativa española. Ricardo Menéndez Salmón construye con sabiduría nueve mundos propios, donde la prosa es el arma secreta que multiplica las voces e ilumina los rincones oscuros donde se oculta la verdadera literatura.

De su anterior obra, La ofensa, la crítica ha dicho: «Un relato insoslayable que no puede ni debe pasar inadvertido a los lectores» (J. J. Armas Marcelo, ABC), «Una novela corta y deslumbrante, llevada de mano rápida por un estilo extraordinario, barroco y preciso, que encierra una fábula universal y fulgurante» (Rafael Conte, El País), «Una lectura que cabe interpretar como una irresistible aventura a la que asistimos acongojados y que contiene lo más insondable de todo escritor de fuste, la capacidad de sorprendernos» (Gregorio Morán, La Vanguardia).

PRESENTÓ EL ACTO

Eloy TizónEloy Tizón (Madrid, 1964) Escritor. El crítico Rafael Conte le ha calificado como «el más original, personal y sorprendente de los narradores hispanos» de los últimos 15 años. Su obra hasta la fecha se compone de dos libros de cuentos: Velocidad de los jardines y Parpadeos; y de tres novelas: Seda salvaje, Labia y La voz cantante. Velocidad de los jardines (Anagrama 1992) fue elegido por los críticos de El País como uno de los 100 libros españoles más interesantes de los últimos 25 años. Fue finalista del XIII Premio Herralde de novela por Seda salvaje (Anagrama, 1995)..

UN POEMA

NO ES MÁS (Eliseo Diego, 1920-1994)
por selva oscura...

Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque; un poema

no es más que unas palabras
que uno ha querido, y cambian
de sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha, una esperanza indecible;

un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.

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martes, 20 de noviembre de 2007

CARLOS FUENTES: "EL CASTELLANO ES LA LENGUA DE TODA LA AMÉRICA ESPAÑOLA"


El escritor, en una imagen de 2003. (Foto: Santi Cogolludo)


CARLOS FUENTES: "EL CASTELLANO ES LA LENGUA DE TODA LA AMÉRICA ESPAÑOLA"
No quiere «hacerle el caldo gordo», así que Carlos Fuentes va a intentar —sin éxito— no hablar más de Hugo Chávez hasta que pase el referéndum del 2 diciembre en Venezuela. «Me he dado cuenta —reflexiona— de que él se está favoreciendo con cada crítica. Se presenta ante el pueblo venezolano y dice: miren cómo me atacan, soy Bolívar, el rey de la independencia y por eso no me quieren. Está haciendo un juego hábil y no hay que ayudarle».

«El Rey es un garante de la democracia española y de parte de la comunidad iberoamericana»
FOTO ALBERTO HALIASZ

El escritor mexicano se encuentra de paso en Buenos Aires para presentar dos títulos: «Cuentos naturales» y «Cuentos sobrenaturales» (Editorial Alfaguara). En esta ciudad cumplió el domingo pasado 79 años, pero celebró más la intervención del Rey en Santiago de Chile que su onomástica. Aunque no quiere repetir sus declaraciones a «La Nación», donde calificó a Chávez de «Mussolini venezolano», no se retracta de una palabra.

—¿Ha visto el vídeo de la Cumbre Iberoamericana? ¿Cree que el Rey acertó al frenar a Chávez?

—Sí, lo he visto. Alguien tenía que decir eso pero nadie se atrevió, sólo el Rey. Creo que todos piensan lo mismo pero él lo dijo. ¡Qué bueno! A mí me gusta que lo haya dicho.

—¿Por qué un incidente entre dos jefes de Estado se interpreta en algunos países de Iberoamérica como un gesto propio de monarca colonial?

—Son complejos históricos que los aprovecha el innombrable: Chávez.

—¿Usted cree que en Iberoamérica se entiende hoy en día lo que es una monarquía parlamentaria?

—Creo que debería entenderse porque entendemos la monarquía parlamentaria holandesa, la danesa, la sueca y la británica. ¿Por qué no vamos a entender la española? Es parte de un esquema político que le conviene a cada uno de esos países. Yo lo entiendo perfectamente. Levantar una bandera de republicanismo contra una monarquía que es más democrática que muchas democracias es un poco ridículo.

—Pero algunos lo intentan. ¿Cuál es su opinión de Don Juan Carlos?

—El Rey de España es un hombre extraordinario, es el que condujo, con gran habilidad, a España del franquismo a la democracia. Eso basta para decirlo todo. Tiene mi respeto y mi simpatía absoluta... Es un garante de la democracia española y de parte de la comunidad iberoamericana que formamos con España y Portugal. El Rey se enfrentó al golpe militar de Tejero, ha respetado la alternancia política. No se puede poner en duda que es un demócrata.

—¿Qué imagen considera que tiene España en Iberoamérica?

—Para mí, excelente. Durante las guerras de las independencias hubo mucho sentimiento antiespañol, pero está totalmente superado. En el caso de México fue determinante la migración republicana española en los años 30. Nos enriqueció enormemente, transformó la vida universitaria de México y, desde entonces, sentimos que tenemos una gran deuda con España.

—Sin embargo, periódicamente, parece aflorar un sentimiento de rencor histórico en Iberoamérica hacia España. ¿A qué lo atribuye?

—Lo atribuyo a que no hemos asimilado nuestra propia historia. A veces se pegan de gritos contra España, pero lo hacen en castellano ¿verdad? No en guaraní ni en azteca porque nadie nos entendería. En el congreso de la lengua que se celebró en Rosario (Argentina) me encontré a unos piqueteros gritando: ¡Colón al paredón! Les dije sí, pero lo tienen que gritar en castellano sino nadie los entiende. El castellano es la lengua de toda la América española.

—En algunos casos eso se acepta con resignación...

—Si renegamos de esa lengua, de nuestra herencia —del hecho de que somos en un altísimo porcentaje mestizos, no somos ni indios, ni españoles, ni africanos, somos una mezcla de todo—, estamos relegándonos a nosotros mismos. Así, terminaremos en eso que Fernando Henrique Cardoso llama una utopía regresiva. Es decir, ¿antes de que vinieran los españoles había una utopía en América? No, había unos imperios salvajes, muy duros, sanguinarios, brutales y opresores...

—Pero el hecho de la conquista...

—Con España hubo una conquista muy violenta, luego hubo leyes de indias y se dio paso a una construcción, se creó una cultura con altos y bajos. Nosotros somos hijos de esos siglos y de lo que pasó antes. Si negamos nuestro propio linaje acabamos como bastardos, no tenemos ni papá ni mamá. ¿Nacimos ayer o nacimos al lado de Hugo Chávez? ¡Perdón, me niego a nombrarle... Caí en su trampa! (se ríe). En definitiva, creo que son falsos debates, inventados con propósitos políticos, con propósitos electoralistas, pero no tiene que ver nada con la realidad profunda de una relación económica, cultural, que va muy hondo y que nos hace copartícipes de una gran constelación de países de lengua española y portuguesa. Si no sabemos afirmar eso, si no lo sabemos aprovechar, estaremos siempre balcanizados, convertidos en países confeti.

—¿Cómo explica que los gobiernos de países como Bolivia, Ecuador o Nicaragua, consideren que quien está en deuda con Iberoamérica es España?

—Andar echándole la responsabilidad a los demás es un acto de minoría de edad y eso pasa mucho en América Latina. Nos comportamos como niños en ese aspecto: ¡Ay, no, no, ahí está el malo. Por él soy pobre, por él soy ignorante... No es cierto, la culpa es nuestra. Nosotros tenemos la culpa de los malos gobiernos que hemos tenido, de la incapacidad para crear instituciones y tenemos que resolver esos problemas por nuestra cuenta, en asociación con otros países, por nosotros mismos, como usted guste. Lo que no vale es echarle la culpa a los demás de los defectos propios.

—Pero hay una tendencia a buscar el origen de esos problemas hace 500 años.

—Tenemos que enfrentarnos a nuestros propios problemas, —que creamos nosotros, porque nadie nos creó los problemas que tenemos— para poder resolverlos. Debemos asumir nuestra responsabilidad. Hay que decir: este problema es mi problema y hay que ver cómo lo resuelvo: Solo, en asociación con España, con los Estados Unidos, con la Comunidad Europea, con China, con Japón... No sé, pero vamos a tratar de asumir la responsabilidad propia.

—¿Qué responsabilidad tiene España para que aflore ese rencor? ¿Ha hecho mal las cosas?

—No, España ha tenido altos y bajos. Tuvimos una desgracia compartida en el siglo XIX, una mala historia en América Latina, una mala historia en España, un reconocimiento de nuestra fraternidad en el desastre del 98. Luego seguimos con aplausos y con apoyo, toda la evolución democrática de España después de la muerte de Franco. Esto supone una enorme ganancia para todo el continente y para España. No creo que haya una regla de deudas, de haberes y deberes. Estamos en el mismo barco, si no entendemos eso vamos muy mal. Además, España ofrece otra cosa muy importante: es nuestra puerta de entrada a la Comunidad Europea, es la puerta natural. No hay otra, ¿cuál podría ser, Noruega o Gran Bretaña? No, va a ser Iberia, va a ser España y Portugal. Si desaprovechamos el momento histórico y las oportunidades del momento, nos va a ir mal, como siempre nos va con nuestras malas decisiones ideológicas, con actos de fe pura que no tienen nada que ver con lo que importa, que es el bienestar de las mayorías en América Latina.

—¿Están bien planteadas estas cumbres iberoamericanas?

—Ya se ha demostrado que tienen que replantearse. Tenemos todo el aparato de la democracia, parlamentos, prensa libre, legislaturas independientes, Ejecutivos acotados, todo lo que usted quiera, pero la mitad de la población de América Latina sigue viviendo en grados diversos de miseria. Mientras eso no se resuelva, seguirán esos problemas, surgirán los Morales, los Ortega..., la gente que está reclamando algo más. Que lo reclame bien o mal no me importa tanto como el hecho de que hay la necesidad de avanzar mucho más rápido. Hay que darle la cara a esos problemas y ver cómo se resuelven por la vía pacífica, por la vía democrática o si no, ¡bup!, nos van a explotar en la cara.

—¿Qué papel pueden desempeñar en ese proceso intelectuales y escritores como usted?

—Ha habido un enorme cambio en la posición del intelectual en América Latina, el momento aquel, hace 50 ó 60 años en el que Pablo Neruda decía: todos llevamos el cuerpo de nuestros pueblos porque si nosotros no hablamos, no hay quién hable, hoy ya no existe. Hay prensa, Congresos, sindicatos, asociaciones, corporaciones de todo tipo que asumen la voz de aquellos a los que representan... El papel del escritor ya no es tan esencial como hace medio siglo. Eso no quiere decir que no pueda optar por asumir una voz política o tener una voz política si así lo desea él o ella. Yo no le impongo eso a nadie porque creo que bastante función positiva cumple el escritor escribiendo porque sin lenguaje y sin imaginación una sociedad se desbarata.

—Vargas Llosa habla de las dictaduras modernas que están enmascaradas en una falsa democracia. ¿Lo comparte?

—No, es muy difícil aplicar esquemas del siglo pasado a lo que está ocurriendo hoy. Creo que estamos en un cambio de civilización, tan importante como fue el cambio de la Edad Media al Renacimiento. La Edad Media no sabía qué era la Edad Media, nosotros tampoco sabemos dónde estamos parados. Creemos que simplemente hay una disyuntiva entre liberalismo o neoliberalismo y populismo. Creo que hay algo más, que vamos a trascender eso para ir a una nueva era de la civilización que aún no sabemos nombrar, pero que va a superar estas opciones. No se va a acabar en una cosa tan simple, porque la historia no es tan simple y la cultura mucho menos.

—Pero los ritmos no serán iguales en el mundo. Irán acaba de prohibir «Memoria de mis putas tristes» de García Márquez...

—¿Qué le parece? Voy a felicitar a Gabo. No hay nada mejor para un escritor que un censor, aumenta las ventas, las multiplica por cien.

—La pregunta apuntaba a que persisten civilizaciones enfrentadas que no se suman al proceso de globalización, que no van en el mismo tren.

—Hay una teoría de Huntington sobre el choque de civilizaciones que es catastrofista, hay otra sobre la alianza de civilizaciones que me parece optimista, casi de color de rosa, y una tercera que es el diálogo de civilizaciones. Este lo podemos crear, lo podemos establecer. Hay un gran resentimiento en el Islam contra Occidente, fue el que perdió la gran batalla después de la Edad Media y creo que tenemos que tender puentes hacia el islam, no enajenarlo, no satanizarlo, no llevarlo a las barriadas del crimen sino entender que allá hay problemas de enfermedad, de ignorancia, de urbanización, de industrialización... Toda clase problemas. Debemos tender un puente de cooperación con el islam en vez de simplemente satanizarlo como hace este idiota de George Bush.

—Quizás en el trasfondo del problema esté el miedo de la gente a lo desconocido...

—Pero nosotros somos los desconocidos para ellos, hay que darnos a conocer también. Una manera es la literatura, García Márquez da a conocer América Latina, en Irán lo satanizan por el título del libro... Es inadmisible.

—Las nuevas tecnologías producen una forma diferente de abordar la literatura. Surgen formatos nuevos como los blogs... ¿Qué visión tiene de este escenario?

—Creo que, finalmente, los lectores van a ser una elite, un grupo reducido pero muy importante, van a ser una secta monacal. Lo que me llama la atención es que al mismo tiempo que se reducen los lectores aumentan los escritores. Hay como cien escritores interesantes en América Latina. En cada país hay diez ó doce. Hay una explosión de la escritura. No sé si acabaremos por leernos los unos a los otros, como decían lo bogotanos: me lees y te leo, pero espero que no sea así, espero que la literatura siempre sea el resguardo fundamental de la imaginación y de la palabra sin la cual lo demás no funciona. Es el único arte que usa lo que todos usamos diariamente para convertirlo en arte. Aquí estamos hablando y te puedo decir: buenos días, sírveme el desayuno, ¿qué tiempo está haciendo? y, al mismo tiempo, con esas palabras voy a escribir, si soy Cervantes «El Quijote» y si soy Shakespeare «Hamlet». Ese es un desafío enorme que no tiene el músico, que no tiene el pintor y que tiene el escritor: convertir constantemente el cobre de la palabra en el oro de la palabra. Es muy importante y si eso no existe, como decimos en México, nos lleva a la chingada.

—¿Tienen futuro estas cumbres?

—Sí, si aceptamos reglas del juego distintas, en las que prime el respeto. Se puede tener posiciones muy opuestas, de hecho las hay entre los jefes de Estado, pero debe haber unas reglas de respeto. Si usted invita a un bárbaro a su mesa, que va a agarrar el espagueti y se lo va a tirar a la cara, pues no lo vuelve a invitar ¿No? Tenemos que comportarnos civilizadamente entre nosotros y mantener posiciones divergentes, todas respetables. Ese no es el problema, el problema es la conducta «lépera», que es un término muy fuerte en México que significa ser zafio, patán, grosero. Pues si sientas a la mesa un patán qué se espera que haga.

—¿Qué opinión tiene de Rodríguez Zapatero y de Aznar?

—Siempre he militado en el centro izquierda, de manera que mi simpatía natural va hacia el presidente Zapatero, pero entiendo la posición del ex presidente Aznar. No se le puede calificar de fascista, es un hombre de extrema derecha que no es lo mismo que ser un fascista. Ha aceptado la alternancia en el poder y espero que Zapatero también la acepte en su momento. Nos encontramos en un régimen democrático que a ciertos gorilas se les escapa, pero es así.

«Nosotros somos hijos de esos siglos y de lo que pasó antes. Si negamos nuestro propio linaje acabamos como bastardos, no tenemos ni papá ni mamá»


Fuente de este artículo: ABC.es


NOTA: AMIGOS Y LECTORES, TENÍA QUE EXPONER LAS IDEAS DEL GRAN ESCRITOR MEXICANO, CARLOS FUENTES. DE OTRO MODO, DEJARÍA DE SER ALICIA ROSELL. ESTA ESTUPENDA ENTREVISTA ME HA DADO LA OPORTUNIDAD DE APORTAR MI GRANITO DE ARENA.
¡¡ESPERO SUS COMENTARIOS!!
Alicia Rosell.

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-ALICIA ROSELL, 2006-

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