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jueves, 17 de agosto de 2006

EL PINTOR DE TURBULENCIAS - RELATO


autora: Purificación Ávila


[ ...] El niño del traje de marinero le dice a su madre entre sollozos que no quiere que su padre se vaya al trabajo.

-Qué bello es este cuadro, hijo. Parece que nos metiera dentro de la escena, ¿lo notas? -El comandante mira su reloj y le susurra a su esposa al oído: "Tengo que irme al trabajo, seguid disfrutando de la exposición". Ella le reclama un beso mientras le mete algo en el bolsillo de la chaqueta.

-Gracias, amor, tú siempre tan atenta -sonríe y le esboza un beso mientras él se aleja rumbo al aeropuerto.

Ante los mandos del aparato, el comandante saca un disco de su bolsillo derecho. Se trata de TannHäuser, la ópera de Wagner que su esposa le había regalado por su último cumpleaños.

-Esto es lo mejor para sentirse cerca del cielo -le dice a su copiloto.
-Lástima, porque hoy tendremos turbulencias -el comandante lo mira de reojo sin entender.

"Malditas tormentas. Malditas turbulencias. Qué extraño, parece que ya he vivido este instante de mi vida. O lo habré soñado", estas cavilaciones le dejan un terrible dolor de cabeza y ya casi no aguanta la ópera que rebota contra las paredes de la cabina de tripulación.

**

"Sobrevolarían las nubes, comandaría la nave sin manos, la dejaría caer en picado y no haría nada". Suena TannHäuser de fondo y el piloto cruza las manos bajo su nuca dolorida. Recostado hasta hace poco, escuchaba complacido su música preferida, y se decía: "Es como estar en el Cielo ".

Mientras, a través del cristal se van agrandando las luces de la ciudad de destino, el comandante cierra los ojos, baja sus brazos y coge un arma que lleva junto al cuadro de mandos.

-Es la hora de llegar más allá del Otro Lado del Cielo -se apoya la pistola bajo la carótida y un disparo certero lo lleva al infierno. El copiloto no se inmuta. Yace muerto desde hace un rato. El comandante se encargó de acallar sus impertinencias.

El avión caerá sobre la ciudad. No hay puesto piloto automático, alguien lo saboteó para que no funcionara desde la torre de control. No hay nadie que sepa restaurar el sistema, y el terror hace presa de la tripulación.

-¡Están perdiendo patrón de descenso! -dice una voz temblorosa desde su puesto de controlador aéreo- ¡Pongan los alerones a tope para aterrizar o de lo contrario...

Un ingeniero que va abordo se hace cargo de los mandos y realiza la maniobra con espasmos de temblor en sus manos. Las luces se agradan y la ciudad queda a los piés. Una tormenta eléctrica recibe a la nave entre culebrillas de rayos en un despliegue eléctrico despiadado. Los gritos se confunden con el aria principal de la música que aún suena en la cabina.

Los doscientos pasajeros que minutos antes tenían ante ellos una muerte segura se ven salvados, milagrosamente, después del aterrizaje más rocambolesco de sus vidas. Cuando pisan tierra firme comentan la experiencia entre abrazos, sollozos y cámaras de televisión.

-El cielo y el infierno se unieron en un punto de destino que los pasajeros han dado en calificar "Ciudad Tierra". La pregunta, señores televidentes, es: ¿Qué ocurrió a cinco mil pies de altura? -el locutor refleja extrañeza en su rostro cuando mira hacia el aparato y lo ve partido en dos. "Excepto el piloto y el copiloto, nadie murió, nadie. Es un milagro" -piensa a micrófono cerrado.

Su figura se aleja a través de la pista y se pierde entre el pasaje que sueña con volver a volar. "Tenemos que volver", les oye decirse casi como en un letanía.

Un niño con traje de marinero llora en el regazo de su madre. "Seguid disfrutando de la exposición", la odiosa frase golpea sus sentidos con la furia de un martillo. Aquel cuadro se llamaba "Pintando Turbulancias al Otro Lado", se lo dijo su padre antes de partir rumbo al aeropuerto [...]


(Alicia Rosell. Extracto de mi relato 'Pintor de Turbulencias'. Purificación Ávila, mayo de 2006)

Vale que el cuento no es muy original, en días que todos tenemos miedo a volar.. vale que no está mal escrito después de todo... Que tiene su aquél, un sabor especial.
No está tan mal, alicia o purificación.

Alguien que pasó por aquí.

Hola, anónimo. Gracias por pasar y dejar tu opinión.

Se hace lo que se puede, literariamente hablando.A veces salen cosas más originales y mejor escritas que otras, como pasa con todo.

Es casualidad lo de los aviones, el cuento llevaba tiempo escrito y decidí pasarlo al blog a falta de otra cosa que postear.

Pero gracias, de veras. Me gusta saber qué piensan de mis humildes escritos.

Un abrazo.

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-ALICIA ROSELL, 2006-

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