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domingo, 7 de enero de 2007

EDITADAS LAS CARTAS DE AMOR DE ZOLA

LAS PÁGINAS DE AMOR DE ÉMILE ZOLA


Nota y traducción de Alberto Román

Héroe político, maestro intelectual y gigante literario, Émile Zola (1840-1902) fue también un hombre vulnerable, atrapado en el drama que supone llevar una doble vida: la del marido insatisfecho y la del amante sumido en el anhelo. En esta correspondencia inédita con su adorada Jeanne Rozerot, conocemos otra faceta del novelista quien, a pesar de su fama, contempló la felicidad a través de un catalejo, desde la ventana del estudio donde escribió: “Poco me interesan la belleza y la perfección. Lo único que me importa es la vida, la lucha, la intensidad.”

En la entrada correspondiente al jueves 21 de noviembre de 1889 del Diario de los hermanos Goncourt, puede leerse lo siguiente: “Hoy Paul Alexis, que vino en compañía de Oscar Méténier para revisar el primer acto de Charles Demailly, me confirmó la sospecha de que Zola tiene una casa chica. Él le habría confesado que su mujer tiene grandes cualidades como ama de casa, pero no menos cosas refrigerantes que lo habrían llevado a buscar un poco de calor en otra parte. Y me habló de la vuelta a la juventud, de la furia por los placeres de todas clases, y de la satisfacción de las vanidades mundanas en este viejo letrado que últimamente le preguntaba a Céard si en doce lecciones podría aprender a montar a caballo para poder dar un paseo por el Bosque. ¡Vaya, no me imagino a un Zola ecuestre!”.

El julio de 1888, Jeanne Rozerot, una joven lavandera de 21 años, con ojos claros, cabello negro y un talle muy fino, entra a trabajar en la casa de los Zola. La casa del escritor la habitaban su esposa, Alexandrine Meley, con quien se había casado en 1870, y el propio Émile, pues la pareja nunca pudo tener hijos. El autor de Los Rougon-Macquart tiene 48 años y atraviesa por ese momento propio de su edad que Alexandrine, con sus dolores reumáticos y su humor cada vez más agrio, no puede ayudar a superar. Además, a Zola le encantan los niños. Montada la escena, Zola se somete a régimen de adelgazamiento y a dar largos paseos en bicicleta por el campo para tonificar los músculos, pues la visión de Jeanne le hace perder el seso. Por fin, el 11 de diciembre los amantes consuman su amor, que al año siguiente de 1889 resultará en el nacimiento de Denise, y en 1891 culminará con la llegada de Jacques.

Es después del nacimiento de este hijo tan deseado por el escritor que Alexandrine se da cuenta de todo. Los dos años siguientes serán un infierno. Al tiempo en que Émile Zola se convierte en el escritor más importante de la literatura francesa, el autor asistirá a las espantosas crisis nerviosas en que se hunde su esposa, quien le ha prohibido volver a ver a su amante. Al final, la promesa de no abandonarla y de mantener su situación conyugal logra establecer una precaria entente que acompañará todo lo que le queda de vida al escritor, quien desde entonces deberá llevar con el cuidado más extremo una vida doble. Por su parte, Jeanne gozará siempre del cuidado y el cariño de su amante, que la instala en un departamento del barrio parisino de Saint-Lazare y en una casa de Cheverchemont, que Zola puede ver con catalejo desde la ventana de su estudio en Médan. El domingo 14 de mayo de 1893 escriben los Goncourt: “Esta noche hablamos en casa de Daudet de la desdichada Mme. Zola, que pasea melancólicamente a los dos hijos que su marido tuvo con su doncella”.

Las cartas que se presentan aquí forman parte de las doscientas que se conservaron de la correspondencia entre Zola y Jeanne Rozerot, inéditas hasta ahora por deseo expreso de Jacques, que no quiso verlas publicadas antes de nuestro siglo. Cubren los últimos diez años de la vida de Émile Zola; las cartas anteriores fueron destruidas por Alexandrine un día que furiosa irrumpió en Saint-Lazare, y las respuestas de Jeanne parecen haber sido destruidas por orden expresa de ella. Su valor no es sólo el del testimonio de una pasión amorosa sino el del diario íntimo que acompaña al escritor en su trabajo, en sus viajes de investigación, a lo largo del affaire Dreyfus. Gallimard las acaba de publicar en una edición de Brigitte Emile-Zola y Alain Pagès que se acompaña de numerosas fotos inéditas.

Émile Zola murió en 1902, probablemente asesinado por la extrema derecha que no le perdonó su papel en el escándalo antisemita. Jeanne, Denise y Jacques asistieron a su funeral perdidos entre la multitud. A Jeanne Rozerot la enterraron sus hijos doce años más tarde llevando el collar de siete perlas que fue el primer regalo de Émile. Su bisnieta es la que ahora presenta y edita sus cartas.

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Gracias a ti me entero de muchas cosas interesantes como estas cartas de amor de Zola de las que no tenía idea. Eres una fuente de expansio de tus conocimientos a través de los blogs que firmas y los que queremos saber algo más que aquello que tenemos delante, gracias a ti lo logramos. Sigue por esa camino, querida Puri, porque es el mas recto y claro que tienes y que nos sirve a los demás. Todas las mañanas, cuando abro el ordenador, voy en ti búsqueda y solo quedo defraudado si no encuentro nada. Pero si escribiste algo, se que es para mi satisfaccion

Hola,Al: Me alegro que mi blog te sirva para enterarte de cosas que no sabías. Lo único que te puedo decir es que cuando no tengo para publicar 'algo mío' suelo recurrir a este tipo de post... pero que no tiene mérito ninguno copiar a otros, también te lo digo. Si los cuelgo es, como muy bien me dices, porque a mi también me gusta estar informada y compartir con quienes me leen temas literarios que yo también desconozco y me parecen interesantes.

Al, ya no escribo a diario en ninguno de los blogs. Puedes visitarme cada día si así lo deseas pero no siempre encontrarás algo pues no es fácil alternar literatura con dos blogs. ¡Por desgracia para mi! Y es que es difícil ser mujer y no morir en el empeño, como ya te he comentado en otra ocasión.

Gracias por estar siempre ahí, amigo.

Un abrazo, Al.

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