"Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera"(Neruda)

jueves, 31 de agosto de 2006

BLOGS: DEPENDENCIA Y CALIDAD




DIARIO CLARIN.COM

POR MARIANO AMARTINO


Este es un espacio de actualización periódica con información y links interesantes sobre tecnología, tendencias y sociedad


Los consejos de Seth Godin para atraer tráfico a tu blog son bastante interesantes... de toda esa lista seleccioné y traduje los que me parecieron mas importantes. El resto podés verlos, en inglés, en el blog de Seth.


Como advertencia, y siempre repito sobre los consejos,.. lo mejor es leerlos y tratar de tenerlos en cuenta pero no atarse a ellos como si fuesen una "tabla de salvación".
2.-Mantente en un tópico.. escribe posts que necesiten ser leídos YA.

5.-Escribe "sin tiempo" .. con posts que sean interesantes aún dentro de un año.

6.-Sé de los primeros en escribir un blog de un tema.. y anima a otros a abrir los suyos sobre el mismo tema.

7.-Comparte tu experiencia generosamente... así la gente te reconocerá y confiará en vos.


17.-Etiqueta tus posts... usa del.ico.us.

20.-Responde tu email.


25.-Anima a tus lectores a suscribirse vía RSS


28.-Asume que cada día es el comienzo, porque siempre tendrás nuevos lectores.

39.-Digiere las buenas ideas de otras personas, todo el día, todos los días.


46.-Corrígete. Despiadadamente.


47. -No promuevas tus cosas a expensas de la atención de tus lectores.


49.-Dale crédito a los que te inspiraron, eso hace tu escritura más útil.


56.-Escribe cosas que la gente quiera leer y compartir.

Como dije antes, algunos de estos consejos los sigo.. otros no (sino mirá el 46 :P), pero son interesantes y, dentro de la lista, los que harían que yo reconozca la calidad de un blog siempre.



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Isopixel nos alerta sobre el Blogday 2006: ¿Qué es el BlogDay?

Es simple es el día de los blogueros, y ha sido creado para que los blogueros conozcan a otros blogueros, de otros países y de otros centro de interés. En resumen, el día de los blogueros fue hecho para que los blogueros den a conocer otros blogueros. Así de simple.


¿Que hacer ese día?

Es muy sencillo, este 31 de agosto, lo único que hay que hacer es escribir una nota en la cual recomendamos 5 nuevos blogs, preferentemente blogs diferentes a su propia cultura, punto de vista y posición. Así, ese día, el 31 de agosto, los lectores descubrirán otros autores alejados de su entorno habitual. Es un día para descubrir nuevos blogueros y nuevas experiencias.

La mecánica del BlogDay:
1.- Encontrar 5 nuevos blogs que consideras interesantes.

2.- Informar o advertir a los autores seleccionados tu recomendación para el BlogDay.

3.- Escribir una descripción corta de cada blog y enlazarlos.

4. -Publicar una entrada el 31 de agosto, el BlogDay, mencionando los 5 blogs que recomiendas.

5. -Agregar el tag BlogDay de Technorati: y un enlace al sitio BlogDay.


"Queridos amigos: Alicia Rosell, servidora, no se enteró del día del Blog. No hice ni hago nada de lo que acá pone y como mucho, procuro seguir algunos consejos de la lista superior. Ustedes se lo piensan, y cada cual, que haga lo que le pida su instinto de supervivencia en una blogosfera repleta de millones de blogs interesantes. ¿Que desean que el suyo TAMBIÉN sea interesante? Sepan que tienen que cumplir a rajatabla estos consejos y pasar horas frente al ordenador. Lo demás, es cuestión de ¿suerte? Si siguen creyendo en ella vayan olvidando postear" .

Purificación Ávila, al pié del cañón, de momento.


REVISTA AUDIVISUAL TÖKLAND DE FOMENTO A LA LECTURA - J.M.BARANDIARÁN





"Nuestro ser está cimentado en cualidades enfermizas; la ambición, los celos, la envidia, la venganza, la superstición, la desesperación, alójanse en nosotros con posesión tan natural que reconocemos su imagen también en los animales... Nunca dejarán de ser útiles y oportunas la naturalidad y la verdad pura" (Michel de Montaigne, Ensayos III, Capítulo Primero).



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domingo, 27 de agosto de 2006

LAS ILUSIONES DORMIDAS (FRAGMENTOS)


"HOY COMIENZO UNA NUEVA ETAPA "
¿ME ACOMPAÑAN?

HE PERDIDO MIS SONRISAS. NADIE ME AYUDARÁ A ENCONTRARLAS. PERO NO HAN DE ANDAR LEJOS. HE DE IR A BUSCARLAS.

"[...]Me refugiaba bajo el paragüas y recorría las calles a horas en que el mundo estaba cerrado. El relajo ajeno me permitía asomarme a los escaparates de mis librerías preferidas, la San Pedro y la de Mila. Situadas a quinientos metros la una de la otra me obligaba a recorrer la distancia, y si llovía, como lo hace ahora en mis añoranzas, tanto mejor. El paragüas era el techo de mi silencio, en él rebotaban mis angustias y quedaban prisioneros los malos ratos vividos antes de salir de casa.

Deambulaba con los pensamientos repletos de esperanzas mientras admiraba el arcoiris en las calles del pueblo cuando el agua se convertía en prisma. Pisaba las famosas baldosas de Bilbao, -un día las descubrí en muchas ciudades que no eran la mía- recorriendo las distancias con el bullir de ideas en la mente y un remolino de temores en mi estómago. Las mariposas del amor anidaban mi vientre y la adolescencia mostraba sus garras afiladas cuando mi imaginación volaba más allá de toda lógica.

Mi vuelta a casa siempre era silenciosa, me había mojado a pesar del paragüas -caía sirimiri casi siempre, y agua torrencial algunos días- pero reunía fuerzas a mi llegada y mis saludos se resolvían cantarines tras las horas de paseo en soledad. Había 'amolado' con mis cuitas pese a no haberlas resuelto, y sin embargo, me sentía tranquila.

La tarde tocaba a su fin sobre los tejados de las casas frente a la ventana de mi cocina, y la voz de mi madre se me acercaba por detrás. Mohína todavía, me volteaba y mostraba mi felicidad en los labios -tan carnosos, siempre me decía que tenía los labios gruesos- para recobrar su arresto perdido. Cariñosa, me envolvía en sus caricias y me hacía trencitas los sábados por la tarde. Por televisión pasaban películas de Bette Davis, siempre fue nuestra actriz favorita, y las dos llorábamos a moco tendido. No se cual era el revulsivo que me hacía derrotar las angustias, ni aún hoy, décadas de lluvias después puedo saberlo. El relajo del paseo bajo la lluvia, los libros que me trasladaban a mundos lejanos desde sus títulos y portadas y que no podía tocar porque en aquel entonces en las librerías pequeñas no dejaban ojearlos ni tocarlos, el silencio que reinaba en la cocina mientras rumiábamos nuestra mutua culpa, las trencitas que me llevaban al borde del sueño como cuando era una niña muy pequeña, sus caricias balsámicas o los instantes en que nos mirábamos y nos decíamos en silencio : ¡Te quiero!

Cada noche, la puerta se cerraba con todas las vueltas de llave, la madera crujía siempre junto a ella, y con ese sonido bronco me dormía. Era el final de otro día. Mañana volvería a salir a buscar mis sonrisas, sería la excusa perfecta para recorrerme las librerías. Lástima que en aquellos años setenta en mi pueblo -entonces no vivía en el mismo que hoy- no hubiera más motivos para coger el paragüas ineludible y salir a buscar mis pensamientos por las calles vacías y pintadas de arcoiris tras la lluvia[...]

(Continuará...)

Escrito por Purificación Ávila (Alicia Rosell), el 26 de agosto de 2006.

viernes, 25 de agosto de 2006

CUENTO.- EL DOLOR DE UN SOPAPO

-RELATO-



" ...Crujía la madera. Como todos los inviernos gemía sin descanso. El sonido ronco se propagaba como un ritual y acompañaba a los moradores de la casona desde los tiempos de la última guerra.


-Hablan los suelos, madre -le habían dicho siempre sus hijos a Frasca. Ella, aunque poco instruida, les repetía cansina que aquello no era posible.

A Luisa y a José las explicaciones de su madre les sabían a cuentos de Calleja. Los suelos chirriaban a todas horas en un quejido infernal sólo parecido a una vida cuando barrunta la llegada del fin
. Muy viejos estaban, pues más de cuarenta años llevaba la casa sin ser remozada. Las paredes se caían a pedazos, la cal se hacia jirones manchando los muebles y el tejado filtraba las lluvias inclementes propias de la región[...]

-Madre, ¿por qué lloran los suelos? -José no se daba por vencido y volvía a la carga con sus insidiosas preguntas de muchacho
que todo lo quiere saber.

Su madre, agotada ya con tanta pregunta fastidiosa, le soltó un sopapo esa misma noche. Frasca no durmió, pues terribles pesadillas oteaban el horizonte de su insomnio. José lloraría hasta desaguar sus ojos en un vano intento por acallar la rabia. Su hermana fregó los platos enjugándolos con sus lágrimas, sin entender a su madre y compadeciendo a su hermano. "Sól
o quiere saber, sólo saber..." Así rumiaba con su propio silencio la infeliz chiquilla.

En una semana, el sol salió de nuevo, templó los campos y florecieron las margaritas. No se volvió a hablar del crujido misterioso de la madera. Una tarde, mientras Luisa leía un libro sentada bajo un sauce, oyó el restañar doloroso de sus ramas. Entonces, creyó entenderlo todo.

-Los suelos hablaban porque son de madera. ¡Fíjate, José, son árboles! -gritaba señalando la frondosidad del sauce y escrutando el rostro impávido de su hermano [...]

El muchacho enmudeció durante días. No quiso volver a oír ni hablar del tema, mucho menos con su madre, siempre exhausta como estaba tras largas jornadas de trabajo como lavandera, otras de planchadora o costurera. Fue Luisa quien, con menos cautela y sin medir las consecuencias, la abordó en una sobremesa viéndola solazada, como pocas veces tenían el gusto.

-José está muy triste, madre, ya sabe Ud. por qué - se lo espetó sin asomo de apuro en el semblante.
-No, no lo sé, pero como sea por culpa de alguna mala pécora se puede ir preparando -lo escupió aunque sabía que su hijo tan sólo tenía quince años.

-Es por los suelos, Ud. le pegó, ¿lo recuerda, madre? -Frasca comenzó un sollozo ahíto, entrecerrados los ojos y prietos los labios -No debió hacerlo. Descubrí por qué gimen los suelos -la mujer se recompuso de su llantina y la encaró con el desafío impropio de una madre.
-Haber, sabihonda, ¿qué sabes tú de árboles, madera y todo eso?
Luisa no se anduvo con remilgos y sin amilanarse le lanzó la respuesta en un bramido:
-Lloran porque están muertos en vida, como Ud. madre, desde que nos abandonara padre.

Esa noche José durmió entre los brazos de su madre que lo reconfortaba así de una tristeza de la cual sólo ella era responsable.
-¡Ay, si no te parecieras tanto a él, hijo! ¡Maldito sea tu padre! -Susurró al oído del niño creyendo que dormía.

Aquélla noche, víspera de su cumpleaños, todavía con el recuerdo del dolor de un sopapo, José se hizo mayor de golpe [...]"


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Alicia Rosell -
Extracto de mi recopilación de relatos cortos "Últimas Soledades"
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Relato publicado a fecha 26/09/06 en YOESCRIBO.COM-Fundación Cabana

FICCIÓN BREVE VENEZOLANA - REVISTA DIGITAL


LITERATURA Y SOBERANÍA



"... los amigos te felicitan en el café, pero no te leen, te repiten lo mismo que tú les has estado diciendo a ellos durante el tiemp o en que no habías publicado tu libro, te dicen 'una gran novela'. Cuando te has marchado empiezan a reírse porque cada uno de ellos va a escribir uno mejor" -Renato Rodríguez (Al sur del Equanil)

Conversando una tarde con José Pulido, en su apartamento de Bello Monte, señaló que él tenía una fe muy grande en todos los escritores venezolanos. Con ese estilo tan franco con el que aborda cualquier tema, aseguró que en general todos los escritores de Venezuela son buenos, pero que, claro, todos tienen su propio tamaño...

Días antes de ese agudo comentario, Miguel Márquez aseguró, palabras más, palabras menos, consultado en torno al proyecto de Ley de los derechos del autor, que el del libro no es un asunto financiero, sino de soberanía y patrimonio. Si la literatura fuese un asunto de soberanía, pensé yo al leerlo, no estaríamos celebrando al Quijote en el mundo entero, ni leeríamos a Shakespeare con un deleite humano universal. Es decir, fuera la literatura un asunto local y, es sabido que no lo es.

Estas dos observaciones me permiten precisar una opinión en torno a la polémica suscitada hace dos, tres meses, con aquello del actual estado de salud de la narrati va en Venezuela, a raíz, según entiendo, de unas declaraciones emitidas por Antonio López Ortega en torno al tema. Resulta curioso que las palabras de López Ortega hayan despertado tanta discordia, cuando Luis Barrera Linares ya había advertido, en una entrevista concedida a Ficción Breve Venezolana, que no era este el mejor momento de la narrativa venezolana.

El señalamiento de Pulido me resulta muy pertinente, muy digno de un alma forjada en el pateo callejero, porque antepone a su generosidad una circunstancia reguladora: puede creer en todos los escritores locales, pero advierte que cada uno tiene una estatura diferente. Por tanto, son buenos desde su respectivo tamaño.

Descreo, en cambio, de una fe ciega que se convierta en solidaridad automática, en un tema dentro del ámbito de la bandera y el sentimiento patriótico. Es decir, en aseverar que el asunto del libro es un asunto de soberanía. Como difusor de la narrativa venezolana, creo que la nuestra está dando buenos resultados, pero básicamente porque creo que a los autores parecen tomarse más en serio el oficio
de escribir. En líneas generales, claro está. Contrariamente a lo que argumenta Márquez , siento que la joven narrativa venezolana, la de los autores entre 25 y 45 años, por poner un rango , tiene síntomas de vigor cuando éstos comienzan a creer que, con mucho esfuerzo, pueden llegar a competir con cierto éxito en los concursos nacionales e internacionales. Es decir, porque comienzan a convencerse de que dando lo mejor de sí (y para eso se requiere mucho tiempo y dedicación) están en capacidad de producir dinero con su obra. Aunque sólo alcance para financiar la celebración y comprar unos cuantos libros fuera del presupuesto cotidiano.

El estímulo material sigue siendo el gran motor, y que me disculpen los exegetas del socialismo del siglo XXI. La consecuencia inmediata de esa posibilidad (con asidero o no en la realidad) es que probablemente deben dedicarle más tiempo y esfuerzo a perfeccionar su obra, de la que le dedicaban los protagonistas de la "dulce locura" de los años setenta; los cuales escribían porque eran tipos inteligentes y cultos. Claro, escribían para tipos tan inteligentes y cultos como ellos, no para el público que compra los libros de la serie thriller que edita Afadil, por poner un ejemplo.

Ahora bien, ¿por qué mi optimismo no es tan rebosante como el de, por ejemplo, Echeto y Chirinos, quienes cerraron filas en torno a una causa común? Básicamente, porque creo que si bien la narrativa venezolana actual da muestras de vigor y salud en cuanto al deseo de los narradores de darse a conocer, en cuanto a la cantidad de libros que se bautizan semanalmente y en cuanto al incentivo que ofrecen concursos que nacen y se consolidan en estos tiempos (el de la Policlínica Metropolitana, en un caso; y el de Sacven con sus cuatro ediciones a cuestas, en el otro), también creo que damos señales negativas acerca del estado de salud de nuestra narrativa cuando nos ponemos hipersensibles a la crítica. Una narrativa con tradición, robusta, blindada, no le debe temer a la crítica. Es una oportunidad de revisarse y crecer, por tanto la toma en cuenta. Y sabe reconocer cuando se ofrecen argumentos contundentes. No hemos ganado ninguno de los grandes concursos que se convocan para la narrativa hispana durante los últimos años. Y no me refiero siquiera al Seix Barral de hace tres décadas que se trajera Adriano. Las últimas noticias relevantes más o menos la han dado Uslar Pietri al ganar el Rómulo Gallegos y acaso Eloi Yagüe al ganar el Semana Negra de Radio Francia. Bueno, también están el segundo lugar en el Fernando Quiñones que obtuviera Méndez Guedez, el Alfonso VIII que ganara Fernando Cifuentes, el juvenil Cuento contigo de Casa de América que obtuviera la portocruzana Enza García, pero esas noticias siguen siendo esporádicas.

No podemos irritarnos porque se diga que no somos muy dados a ofrecer grandes noticias en ese rubro. Que siguen existiendo grupitos que se publican y se ensalzan entre ellos privando el amiguismo por sobre la calidad literaria, como lo señalara Luis Barrera Linares en la reciente entrevista que le hicimos, es algo cierto cuya sola denuncia produce más beneficio que daño. Que todas las editoriales subsidiadas por el Estado tienen al editor en su catálogo, es otra verdad irrefutable. ¿Por qué decirlo se convierte en un delito de traición? Que existen personajes que se han hecho famosos por razones no estrictamente relacionadas con la calidad literaria de sus obras, sino por haberse puesto bajo la vigorosa sombra de algún grupo que maneja influencias en determinados sectores. ¿Cómo negarlo? Esa es una verdad que hay que aprender a decir con honestidad y rectitud, por el bien de la literatura misma. "Con mi verdad ni ofendo ni temo", me suena mejor a "el que no está conmigo está en mi contra".

Si tenemos que quitarnos los complejos a la hora de decir que nuestra literatura sí es buena y sí está a la altura de otras del continente, y sí ha crecido mucho en diversidad y calidad; también tenemos que saber decir cuando alguien no nos convence. Y que siga siendo nuestro amigo. La cercanía geográfica y afectiva es un elemento de mucho peso, es verdad, pero tenemos que saber superar ese temor para que esa vigorosa narrativa siga creciendo en calidad, y podamos aprovechar el momento para obtener los mejores resultados, que está en un buen momento, sin duda. Si no lo creyera así no estaría al frente de Ficción Breve Venezolana.

Graham Greene señaló en una ocasión que "La deslealtad, ¿no es una virtud en el escritor, tan grande como la lealtad en el soldado?". Quiso referirse con esto a las relaciones que establece el autor con sus objetivos. El libro, la narrativa, la literatura en general, no es jamás un asunto de soberanía, nadie es tan tonto como para no saber que ese argumento encierra otros intereses. Tampoco es un asunto meramente económico (porque el resultado puede terminar siendo algo tan deprimente como Coelho o Jaime Baily), aunque sin duda mientras más tiempo se le pueda dedicar, se obtendrán mejores resultados. Es un asunto, como todo hecho artístico, de calidad y honestidad. De acabado. Los textos o están logrados o son intentos fallidos. El autor supo llevar el texto a su punto de mayor esplendor o se precipitó y, por desidia, flojera o incapacidad, estropeó la obra con una publicación prematura que mató la obra. Y ante esos parámetros no cabe la amistad, ni la bandera, ni la compasión. Es algo que debemos aprender.


jueves, 24 de agosto de 2006

DIARIOS DE UNA MUJER COSMOPOLITA Y PIONERA


ZENOBIA CAMPRUBÍ, ESCRITORA Y MUJER

Esposa de Juan Ramón Jiménez
24-08-2006


SE PUBLICAN LOS DIARIOS DE ZENOBIA


Culta, independiente, cosmopolita y pionera en la defensa de los derechos de la mujer. Así era Zenobia Camprubí, esposa y compañera inseparable de Juan Ramón Jiménez, a quien dedicó su vida. Ahora, con motivo del cincuenta aniversario de su muerte, se publica el tercer tomo de sus diarios y se reeditan los dos primeros.

Unos diarios que se publicarán en septiembre, editados por Alianza, y que arrojarán luz sobre el carácter y la vida de esta mujer muy singular y muy avanzada para su época, más conocida por ser el asidero y el complemento perfecto del poeta que por sus cualidades intelectuales o artísticas.

En estos textos, escritos a lo largo de más de los veinte años que duró el exilio de la pareja, la autora da testimonio de su vida y de cómo se enfrentó a las circunstancias que les tocó vivir, no sólo en España, sino en Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico.

Además, este Diario tiene, como indica en el prólogo Graciela Palau de Nemes, profesora de la Universidad de Maryland y experta juanramoniana, 'un valor social e histórico, porque la vida de Zenobia y Juan Ramón en el exilio, ya comenzada la Guerra Civil, abunda en datos relacionados con la conducta propia y de otros exiliados españoles con los que tuvieron contacto durante la residencia en La Habana, Estados Unidos y Puerto Rico'.

BIOGRAFÍA:

Zenobia, nacida en Malgrat de Mar en 1887, era hija de una familia culta y rica. Su padre, ingeniero de Caminos, se había casado con Isabel Aymar, hija de un próspero comerciante norteamericano, quien, aunque nacida en Puerto Rico, fue educada en los mejores colegios de Estados Unidos, como luego le pasaría a su hija.

La mujer del poeta, tras ser educada por su madre y su abuela y por profesores particulares, y después de instalarse en Estados Unidos con la madre divorciada, realizó estudios universitarios en la Universidad de Columbia. Momento éste en el que entró en contacto con el incipiente feminismo americano.

Esposa, inspiradora, compañera de traducciones, amante, enfermera, secretaria y madre. Todo eso y más fue Zenobia Campubrí para el gran poeta de Moguer, de quien no se separó nunca hasta la muerte de ella, el 28 de octubre de 1956, tres días después de que a Juan Ramón le concedieran el premio Nobel.

Campubrí, primera traductora al castellano de Tagore, empezó a poner en papel sus vivencias el 2 de marzo de 1937 y las últimas páginas las dejó de escribir un mes y medio antes de su muerte, cuando estaba internada en el Massachusetts General Hospital de Boston, donde acudió por tercera vez, intentando curarse del cáncer que la llevó a la muerte.

El Diario está escrito en inglés y en español. Zenobia escribía en inglés cuando residía en un país de habla hispana y en español cuando se encontraba en un país de habla inglesa.

Así, este Diario se divide en tres partes: el primero, dedicado a la residencia en Cuba, de 1937 a 1939; el segundo, a su vida en Estados Unidos, de 1939 a 1951, y el tercero, a la estancia en Puerto Rico, de 1951 a 1956.

El tercer tomo, que sale ahora como novedad absoluta, aunque los otros dos no están en circulación desde hace años, recoge, como dice Graciela Palau, 'la extraordinaria actividad de Zenobia, enferma de muerte en los últimos años de vida. Y en él no aparecen reflexiones sobre la muerte, ni conmiseraciones de su persona, ni expresiones de condolencia para los que están a su alrededor, incluyendo a Juan Ramón'.

'El Diario de Puerto Rico' da testimonio de todos los nombres de la élite portorriqueña y española, médicos y amistades que se encargaron de cuidar a Zenobia y Juan Ramón, también enfermo. Hay que recordar que el poeta ya había tenido en 1950 una gran depresión nerviosa.

En este tomo se aprecia también la urgencia de Zenobia por dejar terminada la obra del autor de 'Diario de un poeta recién casado', destinada a aparecer en la tercera antología poética, y por tener todo 'arreglado y resuelto' antes de ingresar en el hospital. Se preocupó hasta el último momento de que no le faltasen los cuidados al gran poeta cuando ella desapareciera.

Juan Ramón, que murió dos años después, desolado por la muerte de Zenobia, escribió: 'A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de Juan Ramón, que la adoró como a la mujer más completa del mundo, y no pudo hacerla feliz. J.R. Sin fuerza ya'.



Terra Actualidad - EFE

miércoles, 23 de agosto de 2006

LA INOPIA ILETRADA Y LOS LIBROS SUPERVENTAS

¿POR QUÉ SONRÍES EN SUEÑOS, AMOR?


La pregunta es por qué sigo leyendo ficción. Incluso por qué sigo leyendo. Un ensayo terrible de corrosivo del sagaz periodista Vicente Verdú intitulado Yo y tú: objetos de lujo sumado a La cultura del nuevo capitalismo del siempre lúcido y profundo Richard Sennett me hacen temblar entre el terror y la fascinación ante las señales inequívocas de haber entrado en el consumismo de segunda generación con un cliente desleal, caprichoso, exigente, más sensible y emocional y al cual los productos le preocupan poco, la marca le interesa pero puede abandonarla con toda facilidad y ha desmoronado las agencias de publicidad que se han convertido en el último refugio algo rentable de los artistas de nuestro tiempo, pero absolutamente castradas ante el movimiento de los medios. Si leer ya no importa mucho, hasta ver televisión es un hábito en retirada. Lo importante, dicen Sennett y Verdú y muchos otros es estar conectados. Ya no es el tiempo del individualismo sino de sentirnos personas, calidad de vida, en contacto con gente no muy cercana. Ideal, aséptico, intenso pero sin contagio. Los lectores nos conectamos así mientras los escritores jóvenes se inclinan más por el blog que por el libro, siempre tan lento. Los premios amañados o ignorados si son serios se agregan al descrédito general de la industria del éxito. Ante el mar de superventas que cubren la inopia iletrada uno sigue encontrándose con buenas librerías entre las más pequeñas. De Córdoba me acuerdo más de "Rubén Libros" que de otras cadenas grandes.

Descubro un filósofo como Didi-Huberman absolutamente original en su trabajo con la imagen. Otro en la lista de los indispensables para sentarse a mirar lo que Verdú llamó en otro libro El capitalismo de ficción: Quizás ya todo es puesta en escena, la gente se "produce", no se arregla. Leer sigue siendo el más importante entrenamiento para pensar, pero pensar es una experiencia demasiado lenta, ardua y sumamente frustrante. La lucidez duele. Es mejor el chat, el MSN, la fluidez emocional. Yo soy antiguo, leo y, lo confieso, me da miedo lo que leo. El mundo se está volviendo demasiado líquido. Como los nuevos atentados. No sé qué voy a hacer sin equipaje de mano. Aprovecharán de subir el precio del sobrepeso. Gran negocio esta alianza entre terroristas y líneas aéreas. No puedo leer lo que me interesa. Abandonado a solas con mi pensamiento. El problema es que en la cabeza de un lector de mucho tiempo hay una biblioteca enorme. A veces, dormido, releo libros maravillosos casi olvidados. Me pregunta ella por qué sonrío.

Dr. Van der Weintraube.
18 d
e agosto de 2006

martes, 22 de agosto de 2006

PEKÍN SEGÚN SANTIAGO GAMBOA



Vendedores chinos de productos de medicina natural, en Anguo, al sureste de Pekín. (EFE)






"PEKIN YA NO CREE EN LÁGRIMAS"


BABELIA - 29-07-2006

por Santiago Gamboa


Una furiosa modernidad se abre paso en medio de una China medieval...

"Es un inmenso poblachón de La Mancha en medio de Asia", dijo Cela de Pekín, allá por los años sesenta, aterrado por la descomunal precariedad de esa ciudad que se encontraba en plena "revolución cultural". Pero el Pekín de nuestros días ya no es un pueblo manchego sino una urbe asiática fascinante, desmesurada y nerviosa, que poco o nada tiene que ver con esas visiones románticas dadas por Lin Yutang, o que emanan de los libros de Pearl S. Buck (alguien, cuyo nombre no recuerdo, dijo: "La historia militar de Estados Unidos tuvo su Pearl Harbour, y la literatura su Pearl S. Buck"). Algunos de sus libros son La buena tierra, El dragón mágico y La estirpe del dragón.

Hoy una furiosa modernidad de cybercafés y jóvenes con auriculares se abre paso en medio de una China medieval de hutongs o calles estrechas. El chino de casaca azul al estilo Mao y sandalias de tela convive con el de traje Hugo Boss. Las tradicionales -y muy humildes- casas de ladrillo gris y techo de pagoda, en torno al lago de Houhai, conviven con las residencias del barrio Beijing Riviera, que se alquilan a magnates por miles de dólares al mes. La riqueza construye grandes infraestructuras, los servicios públicos mejoran, los sistemas se modernizan y el mundo occidental, a través del consumo, es omnipresente. Los jóvenes, de la llamada "generación de los pequeños emperadores", por ser todos hijos únicos, no tienen en su cerebro una sola gota de ideología socialista, y dicen: "China será aún más grande cuando todos seamos ricos".

Por cierto que Arthur Miller dejó un estupendo diario sobre el montaje de Muerte de un viajante en Pekín, a fines de los años setenta, en cuyas páginas se puede reconocer algo de ese extraordinario caos urbano que se vive hoy, y que resulta ser el sello de las grandes ciudades, aquellas que han dejado de ser aldeas presuntuosas para convertirse en iconos de la modernidad. También está la experiencia de David Kidd que vivió en Pekín entre 1946 y 1950 convirtiéndolo en testigo privilegiado de los últimos días de la China antigua, de su desmoronamiento, de la llegada del comunismo.

Santiago Gamboa es autor del libro 'Octubre en Pekín' (Mondadori). Novedades literarias: 'Historias de Pekín' (Libros del Asteroide), de David Kidd.

Fuente: Roger el librero

lunes, 21 de agosto de 2006

RECUPERAR LA MEMORIA LITERARIA EXTREMEÑA (2º)

“BRUJERÍA”

FRANCISCO VALDÉS NICOLAU

-RELATO-

"Pues no cabe otro remedio para curar a la chica, tía Rosa. Las inyecciones se las compra usted y que se las ponga Fernando, el practicante: lo ha dicho el médico. Y sobre todo hay que hacer lo posible porque la muchacha varíe de vida y evitar que la tristeza y la pena se la coman.

-Pero si no pué sé. Me quié usté icí, señorito, cómo vamo a cambiá e vida; semos probe y no poemo gozá de laz cosa que puieran alegrala y quitala su mal d'encima. ¡Ay, señó, qu'esgracia maz grande!

La tía Rosa era viuda. Sólo tenía una hija, una hija embrujada. La tía Rosa, con su cara rugosa y prieta, el pelo plateado, moleja, los ojos azules claros, se ganaba el sustento lavando, restregando los trapos sucios sobre los grises canchales, marginales al Hortigas. ¡Daba gloria ver las piezas lavadas y coladas por la tía Rosa resecarse sobre las peñas y las adelfas, tersas y límpidas, bruñidas por aquellas manos huesudas y diminutas, remate de unas muñecas laboriosas y santas! ¡Daba gloria ver a la tía Rosa afanosa y contenta, zarpullando y golpeando la ropa contra los arrugados canchos berroqueños!

Y ahora qué triste estaba. Entró temerosa en la sala burguesa, seguida de su hija moza, la embrujada, a pedir consuelo y consejo para sus dolores y sufrimientos. ¡Se le moría la hija, la hija única! En tres meses había perdido todo: sus frescos colores, sus carnes magras, rollizas, palpitantes, el brillo intenso de sus grandes ojos negros, la alegría de su rostro, el coral de sus labios, la esbeltez y gallardía de su talle, la turgencia de sus senos.

La pobre muchacha daba pena verla. Estaba pálida, ojerosa, marchitada, enjuta, casi en los huesos, triste y torturada. No desplegaba los labios y tenía clavados los ojos en el suelo, como si se abriera un abismo a sus pies. Cogida del pañuelo rameado de la madre, sacudida, de vez en vez, por un convulsivo estremecimiento nervioso, se sentía aferrada a su abominable dolor de brujería.

*

-¡Madre, madrecita del alma! ¡Dios santo, ya está aquí! ¡Madre, madre! ¿No lo ve usted?

La hija de la tía Rosa clamaba con su voz, anegada de angustia, el auxilio de la madre. Sus ojos rutilantes estaba vidriados en extravío. Encorvada, como una vieja decrépita, se llevaba las dos manos marfilinas y descarnadas al costado izquierdo del vientre. Gritaba, se deshacía en sollozos y lamentos torturantes.

Acudió la madre. Acudieron las vecinas, presurosas, en socorro.

*

Ya hacía más de dos meses que las vecinas acudían, solícitas y espantadas, la mayor parte de los días, a auxiliar a la hija de la tía Rosa. ¿El motivo? Ellas lo decían. Un cuervo negro y "creminal" rondaba la barriada. Dos mocitas tenían el "mal de ojo", estaban embrujadas. Se veía al pajarraco revolotear por las encrucijadas callejeras, negro y maléfico, algunas veces, a la caída de la tarde. Era en invierno. Años anteriores también se le había visto. Hogaño revoloteaba con insistencia por encima del tejado de la casa de la tía Rosa y de la otra vecina que tenía la hija con desganos y desflorida. Unos viejos oyeron en cierta ocasión unos graznidos alarmantes, agoreros y raros: Sí, son los del cuervo, dijeron unánimes los vecinos. Contaba una pareja de enamorados que una noche sintieron a sus plantas un aletazo espantoso, y, luego, una sombra que huía veloz arañando la pared de la casa a cuya puerta estaban de palique: No cabe duda, es el cuervo maldito, clamaron los vecinos. A una niña la encontraron cierto día privada de sentido en el corral de su casa, y no sabiendo dar explicación de su desmayo, opinaron los vecinos que el cuervo había sido el causante del ajunco que sufrió la clorótica rapaza.

Llegó a tomar tal incremento en la barriada la creencia supersticiosa, que se avisó al párroco de lo que pasaba. El párroco les dijo que no era nada, que creyeran en Dios y, por si acaso, que rezasen devotamente. Sin embargo, una beata muy dada a curanderías trajo una mañana un jarrito de agua bendita, que roció por la casa de la tía Rosa y la otra mujer de la mocita embrujada. Los labradores acudían cada vez más temprano del trabajo temiendo la noche en los caminos. Alguno compró escopeta por sí o por no. Una noche, habiendo salido a avisar a la comadrona el marido de una mujer que desde hacía hora y media estaba con los dolores del parto, vio al cuervo en la cumbrera de su casa, y, más muerto que vivo, le arrojó un guijarro, saliendo espantado y veloz. Cuando tornó a su casa ya tenía otro hijo: Hasta que no voló el cuervo no parió la mujer, dijeron al siguiente día las vecinas... Y así iba engrosando la creencia de negrura y brujería en todo el barrio, en todo el poblado.

*

Acostaron las vecinas a la hija de la tía Rosa. Estaba hecha un ovillo. "Aquí está, aquí sigue"; y con sus afiladas, marfilinas manos se cogía la carne del vientre a través de sus ropas en desorden. Su cara se había tornado pálida, verdosa y endurecida. Se orlaron sus ojos con sendas manchas de un intenso color morado. Dilatábanse los cartílagos de su nariz. Y unos goterones de frío sudor brotaban de su frente.

La quitaron la blusa y el pañuelo: "Ahora aquí, en esta parte. ¡Maldición!", y se llevaba las manos al leve y plácido seno izquierdo. La desnudaron por completo. En todo el cuerpo la dieron friegas de alcohol. Tenía el cuerpo gélido y se le arrebujaron en un mantón que tendieron en la lumbre cocinera. La madre y las vecinas exclamaban: "¡Ay, Señor!" Diéronla de beber una pócima que una vecina curandera había recomendado. Después hicieron la señal de la cruz en aquellos sitios en que el ave agorera y maléfica había clavado su garra cruel y satánica. Y la enferma dijo en un suspiro: "Huye, huye ahora mesmo. ¿No le veis, no le veis? Por ahí...", señalando una ventana pequeña cercana al tejado del cuartucho. Todas las vecinas vieron escapar por aquella ventana la negra alimaña del maleficio.

*

A dos leguas del pueblo donde vive la tía Rosa se encuentra la casona solariega de una familia hacendada: un cortijo rodeado y oculto por recias encinas ancestrales. Ahora le habita un hombre sesentón, raro, y maniático, a quien el pueblo llama don Satán.

Desligado del mundo, misántropo y corroído por la lujuria, se refugió entre los gruesos muros de la casona campesina y desde allí cuida de sus rebaños, sus piaras, sus galgos y sus potros. Aparentemente es un hombre normal. Alto, flaco, de testa encuadrada, labios gruesos, largas barbas canosas y descuidadas melenas grises. Un hacendado con el riñón bien repleto, un hidalgo de los antiguos tiempos de pendón, horca y cuchillo, espléndido y patriarcal; con sus serviciales, caprichoso y soberbio.

Pero... Han descendido sobre el haz de la tierra las tupidas sombras de la noche. Si os adentráis en las habitaciones privadas de su viejo casón, aislado del mundo, percibiréis un intenso olor a cera, alquitrán y hierbas raras, veréis una figura huesuda, con una amplia túnica rameada por hilos de plata, un capirucho agudo sobre su cabeza, unos sarmentosos brazos que se recrean haciendo signos y cabriolas esotéricas, unos hondos y angustiosos suspiros de mujer...

¡Oh tú, Guadalupe la trujillana; oh, tú, Fuensanta la cacereña; oh, tú, Carola la emeritense; cándidas víctimas de este ogro sensual y nigromante, blancas y puras palomas heridas por la zarpa de este gavilán del hipnotismo, flores lozanas marchitadas por la pestilencia de la hechicería y el terror, cuán digno de compasión y amor es vuestro suplicio!

No sois vosotras, Guadalupe, Fuensanta y Carola, las primeras víctimas de la magia, la hechicería y el sonambulismo. No. Esta tierra nuestra extremeña es el país de los iluminados por excelencia.

Cuenta Gil González Dávila en su Historia de Salamanca que hay unas gentes hacia la parte de Llerena y Mérida y villas de estos contornos que, engañadas de las leyes bestiales de la carne y nueva luz y espíritu que fingían, engañaban a los simplecillos ignorantes. Sus preceptos y leyes venían a parar todos a rendirse y obedecer al imperio de la carne.

Mira de Mescua, Vélez de Guevara y Coello hicieron una preciosa comedia con asunto de posesión e iluminismo que llamaron El pleito del diablo con el cura de Madrigalejos.

Un fraile, el padre Chamizo, extremeño, inspiraba a sus beatas un fuego algo más que divino. Parece que no hizo más que treinta y cuatro víctimas, al decir de don Vicente Barrantes en un libro sobre nuestra región.

Los ejemplos pudiéramos multiplicarlos. Entonces, en el siglo XVII, la crónica escandalosa de los nigrománticos, heréticos, llamados iluminados, es extensa y bestial, y las rosas virginales de lozanía que fueron tronchadas no pueden contarse.

*

Han pasado varios meses. La tía Rosa tiene un habitante más en su casa. Medio año va a cumplir el nieto: la alegría del hogar. Es un rollizo angelote que no llora más que cuando está hambriento. Ha nacido con una espesa mata de pelo en la cabeza.

La madre le da el pecho pensativa y serena. Constantemente le colma de besos. Ha recobrado la madre su lozanía y sus carnes, sus frescos colores y su esbelta gallardía. De vez en vez entona coplas dulces y sentimentales. A veces, a la caída de la tarde, llora lágrimas de melancolía. Ya ayuda en el río a la viejecita de su corazón. Y cuando piensa, a solas, mientras sostiene en el regazo al hijo de sus entrañas, una cadena de emociones, alegres y tristes, la invaden, concluyendo por descansar su pena en aquel buen señor del pueblo que las protege, que apadrinó a su nene y que le quiere como si fuera hijo suyo también.

Desapareció el cuervo negro de la barriada. Ha vuelto la tranquilidad y el sosiego. Las gentes viven en calma. Las campanas de la parroquia continúan plañendo siempre igual. Unos mueren y otros vienen a la vida para ocupar el sitio que dejaron los idos. La marcha de la vida continúa monótona e inexorable. Y en aquel cortijo, oculto por las recias encinas milenarias, siguen anidando los cuervos negros que embrujan a las mocitas, como siempre, como siempre..."

De Ocho estampas extremeñas con su marco. Badajoz, 1998.

Fuente: Portal de Escritores de Extremadura


Tomado de Manuel Simón Viola, La narración corta en Extremadura, Servicio de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Badajoz, 2000.

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-ALICIA ROSELL, 2006-

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