"Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera"(Neruda)

jueves, 6 de agosto de 2009

Vicente Huidobro: Genio Inventor del Creacionismo Poético y Transformador del Arte Literario. Por Rafael Rosado

Genio Inventor del Creacionismo Poético y Transformador del Arte Literario. Por Rafael Rosado*


REPUBLICA DOMINICANA:
Vicente Huidobro es un poeta angustiado por lograr un sistema creativo para su poesía y el mundo. Es un ser en búsqueda constante y conciente del poder que encierra la poesía. Con Altazor él creó unos parámetros lingüísticos que no tienen comparación, donde él niega y afirma a la vez que afirma y niega con nuevas posibilidades que evidencian las limit
aciones de su propio sistema y de las lenguas.



Rafael Rosado frente a la casa de Vicente Huidobro en Cartagena [Chile-2008]

Huidobro cre
a y descarta e incluso cuestiona el creacionismo [cubismo literario, el surrealismo y el futurismo] y se burla de los otros movimientos literarios como el romanticismo y el modernismo con el objetivo de destruir toda poética convencionalista con proposición caótica de la línea, el ritmo y la sintaxis.

Altazor transforma los límites conocidos de la poesía. Su sátira sin medida la dirigió a sus detractores. Vicente Huidobro ve el mundo como un Dios poeta creador. Altazor es una de sus criaturas que habla con él poniendo en tela de juicio los métodos anteriores. Huidobro establece un diálogo consigo mismo en un acto de magia poética.

[1] Mediante un sin fin de acrobacias lingüísticas en el aire se sitúa fuera de la tierra [en el espacio] como un espíritu. Parte con su paracaídas que son las palabras y la lengua desde la muerte rumbo al nacer. El va reconstruyéndolo todo, creando, renombrando los objetos y los procesos de la vida hasta volver a ser un recién nacido que balbucea vocablos sin sentido.

En este viaje al vacío Huidobro y Altazor construyen símbolos, imágenes, metáforas y procedimientos sin importarles la realidad ni la verdad.

Rafael Rosado
Su poema es una crítica contundente a la poesía automática, inspiracionista, sensible y afectiva para irse por el lado intelectual de la imaginación que sale de las manos y la mente del creador [Dios] que es el poeta.

En el prefacio inicia esta idea de poeta profeta hablando de muchos elementos de la modernidad y el futuro como son los dirigibles, el aeroplano, el paracaídas , el telescopio y sus técnicas acrobáticas de palabras sin ningún sentido.

Se sitúa al lado de Whitman como poeta profeta que anuncia el futuro de su pueblo. Huidobro pronostica el futuro del poema y la forma de poetizar en una nueva dimensión por el creada. El prolonga su poema hacia todos lados en un acto de liberación total, de caos y broma de las formas que se repiten, Huidobro es un transgresor sin piedad que reconoce “si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco” [Altazor,57]. Es un poeta que no necesita la inspiración “...soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que copia alpiste” [Altazor,58].


Canto Número I : El poeta Dios se suelta de su paracaídas para crear su iniverso. Es un ser angustiado por conocer la causa de su existencia fatal. Altazor es su primera creación. Este es un ser incorpóreo, lleno de zozobra que se lanza al abismo para encontrar las respuestas de sus inquietudes. Su imaginación intelectual va limpiando de obstáculos el camino.

Es un ser nacido a los treinta y tres años en plena madurez y capacidad de conciencia.

No sólo ve el mundo desde afuera, sino que también se ve él para sus interiores “tierra desconocida” [Altazor,65] donde habita y se origina su poesía. El es un insatisfecho “sin dar una respuesta que llene los abismos” [Altazor,66]. El canto uno inicia la nueva expresión técnica de descomponer la realidad a su antojo reinventándola desde otras perspectivas.

Todo puede ser verdad y mentira dentro del caos que gobierna su mundo. Huidobro planteó cambiar el poema tradicional por lo que se le ha situado al lado de otros innovadores como son Rimbaud y Lautreamont. El elimina casi por completo la puntuación y la versificación lineal, violentando de hecho la sintaxis con la supresión de algunas conexiones verbales.

Huidobro lleva consigo “una gramática dolorosa y brutal” [[I,278], proponiendo liberarla de todo “Liberación, ¡OH! si liberación de todo” [I,290]. Reconoce que de aquí en adelante la poesía seguirá su norma “Será por mi boca que hablarán a los hombres”[I,414]. Propone crear una poesía intelectual conciente “Hombres con los ojos abiertos en la noche” [I,432].

A este hombre no le importa la crítica, sino vivir en un espacio creado “sin control de ojo intruso” [I534]. Su intención fundamental es forjar una nueva expresión y anuncia su inminencia “Silencio la tierra va a dar a luz un árbol”[I,634]. La tierra es la poesía m℮taforizada y el árbol es el poema que saldrá de allí.


Canto Número II : En este canto la mujer es el instrumento desde donde parte la creación “mujer el mundo está amueblado por tus ojos” [II,1]. Nada teme si ella lo acompaña por el mundo porque la sola mirada de ella lo fortalece “La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas” [II,78].

La belleza de la mujer es algo sin igual por su gracia salvaje y natural “eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña” [II,143]. La vida , el mundo y la poesía necesitan a la mujer por tener una luz propia que puede alumbrar el camino . Si ella no existiera “qué sería del universo ?” [II,170].


Canto Número III : En este canto plantea romper las cadenas que limitan el desarrollo de la poesía.

Es un llamado desesperado de libertad pero donde el acto creativo es intelectual y sin infusiones mágicas de deidades etéreas que inspiran “Manicura de la lengua es el poeta más no el mago que apaga y enciende” [III,44].

Huidobro propone como poeta profeta renovar las lenguas con su nuevo atrevimiento literario inyectándoles “cortocircuitos en las frases y cataclismo en la gramática” [III,125].

La nueva expresión será como un acto de juego “mientras vivamos juguemos el simple sport de los vocablos”[III,144]. En este momento cuando salió el libro Altazor el mundo vivía una época de muchas contradicciones y muchas de esas contradicciones se reflejan en el entramado m℮tafórico y simbólico de este libro.


Canto Número IV : Es un llamado urgente para renovar el arte que se encuentra hastiado del abuso constante de recursos como la rosa “rosa al revés rosa otra vez y rosa y rosa” [IV,103].

Para despojar a la poesía de los viejos esquemas hace la propuesta de la técnica deconstructiva como cuando dice “...Rosario río de rosas” [IV,276], “...Clarisa clara risa” [IV,277], y “...Altazor azor fulminado por la altura” [IV,281]. También muestra la naturaleza poli significante del lenguaje “el meteoro insolente cruza por el cielo” [IV,289].


Canto Número V : Para poblar con su creatividad ese espacio vacío se desliza por el mundo de los sucesos desconocidos. Huidobro es allí un Dios –poeta , creador y componedor que va llenando el mundo literario por el inventado. Los sufrimientos por exponer esta nueva teoría lo hacen objeto de la crítica más despiadada. El se convierte en un poeta Cristo, que sufre y se sacrifica por el arte.

Como sabe que él tiene una fórmula mágica que puede exponer para el futuro el poeta Cristo se transforma en Poeta-profeta con la conciencia de que su propuesta incendiará el futuro de la lengua.

Este será “un ladrido de perro incansable?” [V,24].Como Santo Domingo de Guzmán cuya madre soñó que su hijo “era un perro que incendiaba la tierra”. Huidobro persistió en su profecía y propuesta de una nueva técnica revitalizadora de la poesía.


Canto Número VI : En este canto Altazor es un ser prendido de noche y oscuridad [VI,3]. Luego se transforma en cristal [VI, 23]. La paradoja de su vida sucede cuando en esta maroma llega a la transparencia espiritual con un lenguaje oscuro y con dolor. Es el momento de la ruptura donde nadie se entiende pero donde él propone “...el clarín de la Babel pida nácar” [VI,64] para seguir viajando y esclareciendo las cosas.

El sabe que esto no será un camino fácil. Habrá que pasar por la crítica de las estatuas y aún más por noches y noches para llegar al otro lado de la vida que es el “cristal de la muerte” [VI,175]. En esta dimensión primigenia es donde se podrá encontrar la explicación de todas las interrogantes que preocupan al hombre.


Canto Número VII : En su viaje al abismo Altazor llega a su infancia donde sólo balbuceaba vocablos sin sentido o con el único sentido del sonido.

Este flash back lo sitúa en el vientre de la madre. Qué hay más allá del vientre de la madre Altazor no llegó a saberlo. Nos queda la firme convicción de que su propuesta transformó a partir de él la forma y el rumbo del arte como sólo Rubén Darío lo había hecho antes.


Breve Biografia de Vicente Huidobro


[Santiago, 1893 - Cartagena, Chile, 1948] Poeta chileno fundador del Creacionismo, movimiento poético vanguardista. Viajó mucho por Europa, especialmente por Francia Paris, donde conocio a: Picasso, Joan Miro. Compartiendo cuartillas en la misma revista junto a: Apollinaire, Reverdy, Tzara, y Breton, lo mas elevado de la poesia Francesa.

En el Creacionismo se situa al creador artístico como un Dios. ¿Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!? / Hacedla florecer en el poema .Huidobro creó un lenguaje poético muy peculiar para renovar desde su perspectiva la lengua creando de paso también una sintaxis. Entre sus libros se encuentran [Ecos del alma, La gruta del silencio, Canciones en la noche, Pasando y pasando, Las pagodas ocultas y Adán], [El espejo de agua], y [Horizon Carré], [Poemas árticos, Ecuatorial, Tour Eiffel y Hallali].

Altazor o el viaje en paracaídas, Es un poema mayor en siete cantos que narra la caída del hombre y el encuentro con la mujer, con la poesía. Su otro Poema, Temblor de cielo se une al anterior formando la maxima cumbre del Creacionismo, legado capital de Huidobro a la literatura de Vanguardia.

A Huidobro se le reconoce como el gran genio creador y rebelde de las letras latinoamericanas. Sus restos reposan en un cementerio privado...para llegar hasta allí hay que subir una empinada carretera...en un campo abierto...con flores y una bella naturaleza viviente... parece saludar...mirando al cielo...desde lo profundo de su tumba...muy cerca del mar.

Vicente Huidobro logro ser un gran Maestro de la poesia, por su busqueda, esfuerzo y creatividad. Dejo escrito un epitafio que dice: 'Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar'.



Publicación: 03-08-2009

Rafael Rosado*, [Embajador - Rep. Dominicana] POETAS del MUNDO

Rafael Rosado: Miembro de la plataforma multicultural LVDLPEI (Ver aquí su blog en La Voz de la Palabra Escrita Internacional)

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sábado, 1 de agosto de 2009

Jorge Luis Borges: la palabra universal ¿Un ciego con luz, o un lúcido enceguecido?


Jorge Luis Borges: la palabra universal
¿Un ciego con luz, o un lúcido enceguecido?


Por Cristina Castello

«Sentí en el pecho un doloroso latido, sentí que me abrazaba la sed»

J. L. Borges, de «El Inmortal»

Jorge Luis Borges es una metáfora de sí mismo. Es uno de los escritores más destacados del siglo XX y un emblema de su patria argentina, donde todos lo nombran pero pocos lo leyeron. Niño prodigio, vivió su infancia vestido de niña por su madre, quien lo llamaba «inútil» e «infeliz».


Su erudición tiene pocos parangones. ¿Fue tan lúcido para descubrir la sacralidad de la vida, como para escribir? ¿O la lucidez dañó esa parte del espíritu donde está escrito que nada de lo humano debería ser extraño?

Pocos artistas son tan amados y aborrecidos. Y se comprende: los versos de Borges son sagrados, pero su boca fue incontinente. Calificó a Federico García Lorca, como un «poeta menor», y de la misma forma honró a los vates de la Generación del XXVII española; no se privó de críticas a Julio Cortázar; de Cien años de soledad, de García Márquez dijo: «Lindo título, ¿no?». Fue implacable con Charles Baudelaire, se ensañó con Pierre Corneille –autor de «El Cid»– y con Isidore Ducasse (el Comte de Lautréamont).

Más: al ritmo de cada sorbo de su té inglés calificó a Arthur Rimbaud como «un artista en busca de experiencias que nunca logró», y criticó salvajemente a André Breton, potencia de imaginación y poesía; y, aunque nacido en las pampas, su anglofilia era tan fuerte como su franco fobia (Juan José Saer dixit). Demasiado, Mister George.

Su sed, su sed eterna. Este 24 de agosto, se cumplen 110 años de su nacimiento, y la pregunta de siempre sigue en pie: ¿Tuvo sed de poesía, o, también y sobre todo de sentirse amado por una mujer? Él, la pluma universal, tuvo amores imposibles y sufrió como los personajes de las novelas más vulgares, que despreciaba. Hasta que llegó su cauce: María Kodama, con quien tuvo una unión en el misterio.

Mente prodigiosa, en «El jardín de los senderos que se bifurcan», propuso –sin saberlo­­­­– una repuesta a un problema de la física cuántica. Y toda su vasta obra fue un hito, como disparador de la fantasía de lectores y gentes de letras.

A la par, si bien en su momento condenó a Adolfo Hitler y a Benito Mussolini, después hizo loas de autores de crímenes de lesa humanidad: Francisco Franco, Jorge Rafael Videla y Pinochet, entre otros. Asesinos, condenados en tal condición por la Justicia.

Más que por otros poetas, se sintió marcado por el enorme Walt Whitman. Pero, ¿qué asimiló de él? La palabra de Whitman se batía por la libertad de los pueblos y la dignidad humana; la palabra hablada de Borges defendía –también– la invasión-masacre norteamericana en Vietnam.


Su obra de ficción, plena de ironía, es sobria y precisa pero, en general, tiene una gran distancia con la vida viviente, como si lo que escribía hubiera pasado por su cerebro y no por su sangre; está plena de símbolos, de metáforas tan ricas como poco comprensibles para la mayoría; tiene un sentido metafísico, y muchas veces intensamente lúdico. «Historia universal de la infamia» y «El Aleph», entre otras, son piezas maestras del siglo XX.

Borges fue uno de sus espejos de tinta. Un acertijo. Una suerte de estatua de sí mismo, un monumento, un ser sin piel, por cuyos poros asomaba su inteligencia. Pero en la poesía que escribió asoman sus venas terrenales, irremediablemente: [...] Sin que nadie lo supiera, ni el espejo, /ha llorado unas lágrimas humanas. /No puede sospechar que conmemoran /todas las cosas que merecen lágrimas (de «La cifra»).

La poesía es una voz: la vida viva. Ni siquiera este hombre de la esquina rosada, pudo esconderse tras los muros de cristal del poema. El poema no tiene tapias: es revelador.


La hora de la espada:

Borges, Pinochet y Videla

Amaba la música de Pink Floyd, de Los Beatles, de los Rolling Stones y de Brahms. Adoraba a «Bepo», su gato. Mientras, aplaudía al gobierno que hizo desaparecer a 30.000 personas –luego de torturas satánicas–, durante el golpe de Estado de 1976 en Argentina. Abrazado a su gato, Borges reclamó públicamente «cien años de dictadura militar».

«Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno», dijo en mayo de aquel año. Se refería a la reunión que mantuvo con el genocida Jorge Rafael Videla, primer presidente de facto de aquella etapa; había asistido, presuroso, con Ernesto Sábato, quien fue después defensor de los derechos humanos: los rictus de la vida.

El tiempo hizo su juego y en1980, con o sin el gato «Bepo», recibió a las Madres y a las Abuelas de Plaza de Mayo, gesto en el cual –aunque ella lo niega, discreta– hay una influencia evidente de María Kodama. Entonces se mostró conmovido, y hasta indignado con los militares asesinos; y reiteró esa conducta cuando, ya en democracia, se juzgó a los desaparecedores de seres humanos: recién en ese momento quiso enterarse de los suplicios y muertes sufridos por sus congéneres, y escribió una crónica para la agencia EFE. ¿Había despertado por fin su lucidez para la fraternidad? Ojalá.

Pero las palabras son una suelta de pájaros: imposible remontarlas cuando vuelan a voluntad del viento. ¿En cuántas personas influyeron sus primeras declaraciones? ¿Cuántas, sin pensamiento propio, repitieron los conceptos del poeta sólo porque «lo dijo Borges»?

Paseó entre laberintos, espejos, libros de arena, ruinas circulares y bibliotecas de Babel. Cultivadísimo –es una de las más grandes glorias mundiales de la literatura– se fue de este planeta el 14 de junio de 1986, siempre en espera del Nobel. La condecoración que, orgulloso, había recibido de las manos con sangre de Augusto Pinochet, fue un escollo insalvable para el premio. Aquel día se alborozó con su flamante doctorado Honoris Causa de la Universidad de Chile, y enarboló la hora de la espada. La hora de la espada, el discurso reaccionario de Leopoldo Lugones, quien –con esas palabras– avalaba la siembra de muerte de los futuros golpes de Estado.


Borges fue Borges, ni más ni menos, a pesar de haberse definido como anarquista. A los 17 había sido tildado de comunista, con la prohibición de entrar a Norteamérica. En realidad, sólo había tenido un enamoramiento adolescente de la Revolución Rusa, fuente de inspiración para el poemario «Los salmos rojos», que destruyó tres años después. Sólo se publicaron los versos de la poesía que da título al libro, en la revista «Grecia», en un periódico de España y en otro de Ginebra.


De su pecado de juventud sólo queda esa huella, y las cenizas de tantas estrofas incendiadas.


En 1983 anunció su suicidio en el diario La Nación, en el relato «Agosto 25, 1983». Por cierto que no se quitó la vida; y justificó haber jugado con las palabras y con la opinión pública, en su cobardía para auto inmolarse. ¿Buscaba con sus actitudes, la fama y el espacio que su país le negaba como escritor? ¿Era un exquisito provocador?


Lúdico, me dijo en una entrevista que el deporte que más le gustaba era la riña de gallos; y con su proverbial ironía bajo el aspecto de ingenuidad, se preguntaba por qué en el fútbol 22 hombres corren detrás de una pelota, en lugar de comprar 22 pelotas.


Se jactaba de haber tomado mescalina y cocaína en su juventud. Pero aquello no duró más que un instante: su droga dura fueron los caramelos de menta, y su devoción, la merluza hervida.

Travieso, guardaba billetes de 10, 50 y 100 dólares entre los libros de su Paraíso: la biblioteca. A pesar de no haber creído en ningún dios, antes de morir rezó el «Padre Nuestro», porque así lo había dictaminado muchos años antes, su madre. Doña Leonor Acevedo seguía rigiendo el destino del hijo –el «inútil» e «infeliz», obediente hasta el último soplo, que exhaló el 14 de junio del ’86.

«Me duele una mujer en todo el cuerpo»

(Borges, en «El oro de los tigres»)

Su padre lo llevó a un prostíbulo en Ginebra, para que ejerciera por primera vez como varón; y desde entonces, el amor le fue una frustración. Muy amigo de Adolfo Bioy Casares, escritor y caballero excelso y de una personalidad fuertemente seductora, Borges vivía a través suyo, lo que la vida no le daba: la pasión de una dama. Se sentía el patito feo.


El nombre de una mujer recorrió el mundo en los versos borgianos: «Yo que he sido todos los hombres, no he sido aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach». Matilde no existió jamás: era el personaje de una novela ignota y de baja calidad, a quien él dio entidad universal con su estrofa.


La soledad puede ser una telaraña.


A Elsa Astete Millán, su primera esposa, la conoció en 1931, cuando él tenía 32. La relación fue terrible: sin amor, sin pasión, sin interés de ninguno de los dos por el otro. Ella se enamoró de Ricardo Albarracín Sarmiento, dejó al poeta ciego y amante de las espadas, y se casó con el candidato nuevo. Sólo después de decenios, Elsa relató aquel fracaso, sin mucha elocuencia:


«No se dio», contó, apenas.

«Sólo la esperaba a ella», gimió el poeta a modo de narración.


Para mitigar la espera, Borges se enamoró de Estela Canto –quien jamás lo amó–, de Silvina Bullrich, de María Esther Vásquez, y más.

Y llegó 1965 –habían pasado más de treinta años– y el reencuentro con Elsa. Él ya estaba casi ciego, tenía 68 años y ella 57. Sin que le importara su agnosticismo, se casaron por iglesia: por amor, todo podía sacrificarse. Al menos eso creyó.


Doña Leonor Acevedo había influido una vez más:


«¿Cada noche de su vida, antes de acostarse, miraba tu foto», dijo a su futura nuera.


El matrimonio se terminó después de tres años, en 1970. Georgie se cansó: sin una palabra, salió de la casa conyugal y no volvió jamás. Unos meses después, mientras paseaba con su sobrino por la calle Florida de Buenos Aires, Elsa Astete Millán se cruzó con el escritor y lo saludó:


«¿Quién es? », preguntó el poeta, ya totalmente ciego.

«Es Elsa, tío», fue la respuesta

«¿Y quién es Elsa?», repreguntó Borges.


Enterraba el amor, ¿el amor? ¿Fue Millán la pasión que le hizo escribir me duele una mujer en todo el cuerpo? Todo hace pensar que no, pero... Qui sait?

Alcanzó la fama recién en la antesala de la vejez, a pesar de haber comenzado su vida literaria como un superdotado. A los siete años había escrito en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, el cuento «La visera fatal», inspirado en un episodio del Quijote; y a los nueve tradujo del inglés «El príncipe feliz» de Oscar Wilde.


Su obra incluye cuentos, ensayos y poesía. Fue un innovador, abrió senderos. No hay que olvidar que d os de las grandes revoluciones de la lengua castellana, tuvieron su origen en la América morena: una fue la de Rubén Darío y el modernismo; y la otra, la de Borges, a partir del cambio que impuso a la narrativa. Además, hizo guiones de cine, crítica literaria y prólogos; escribió en colaboración con otros escritores, y tradujo obras del inglés, francés, alemán, anglosajón y escandinavo antiguo.


Era como Leonardo da Vinci, complejísimo y lleno de matices, con inteligencia fascinante e imaginación enorme.¿Era como el genio da Vinci? Así lo siente María Kodama. Cultivadísima, escritora e incansable cancerbero de la obra del Maestro, ella amaba tanto «su rostro de conejo» como verlo reír tal «un cachorro de tigre al sol».


«Ulrica», según él la llamaba –nombre nórdico que quiere decir «Osita»–, escuchó por primera vez un poema del que sería su esposo, cuando tenía cinco años; lo conoció a los 12 y la relación amorosa empezó a finales de los’60, pero se hizo exclusiva, desde el adiós a Elsa. «Osita» fue también un gran soporte de la actividad literaria y personal de Borges, lo ayudó en la dirección de su colección «Biblioteca personal»; y escribieron juntos, en colaboración, «Breve antología anglosajona» y «Atlas».


Fue desenfadada, fresca y espontánea con el Maestro: a pesar de su juventud, le discutía cosas que podrían haber parecido una insolencia y que, sin embargo, a Georgie le gustaban y divertían. Y así la disfrutó: libre como un animal en la selva, según ella se define, a costa de ser prisionera de su libertad.


María fue los ojos a través de los cuales Borges descubrió geografías, amaneceres y obras de arte presentidas pero vedadas para sus pupilas en penumbras. Hoy, el poeta descansa por su elección en el cementerio Plainpalais (Ginebra), cerca de donde había tenido su primera experiencia sexual, en aquel prostíbulo. Vaya coincidencia.


Y tantos amores frustrados, y tantos versos, y dos esposas, tan diferentes.

Elsa le había dicho:


­«Georgie, aprovecha tu cuarto de hora; hoy estás en el candelero, pero dentro de dos o tres años nadie se acordará de vos».


María lo acompañó hasta el final y hoy recorre el mundo, para mantener vigente y hacer crecer la obra del poeta. Y no le debe de ser fácil: no es sencillo tener talento y ser la viuda de un grande, en un país como Argentina, donde tantos quieren apropiarse del alma del Maestro. ¿La amó? Nadie puede saberlo, el corazón del hombre es insondable, aún para sí mismo.


«Yo pronuncio ahora su nombre, María Kodama. / Cuántas mañanas, cuántos mares, cuántos jardines de Oriente y de Occidente, cuánto Virgilio», le escribió, entre tantos versos. Es como el ojo del huracán: serenidad y silencio cuando todo se arremolina a su alrededor, dijo de su mujer.


«Y que nadie temiera», está grabado en la tumba de Jorge Luis Borges, un grande de las letras y un poeta sin compromiso con la vida humana. Sediento, lúdico, incontinente verbal, brillante, desamparado, a veces un niño.

En los días anteriores a su muerte, contaba a su esposa de los caramelos «toffie» que le compraba su abuela, hablaban de literatura y estudiaban árabe.


¿Fue un hombre ciego pero con la lucidez a flor de alma, o la luz del conocimiento lo encegueció? «Debo justificar lo que me hiere. /No importa mi ventura o mi desventura. /Soy el poeta», había escrito.


Quizás sea la mejor sentencia y la única conclusión.

*Cristina Castello es poeta y periodista, bilingüe (español-francés) y vive entre Buenos Aires y París.


http://www.cristinacastello.com

http://les-risques-du-journalisme.over-blog.com/



*Este artículo es de libre de reproducción, a condición de respetar su integralidad y de mencionar a la autora.

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miércoles, 15 de abril de 2009

EL BIEN, NO PUEDE SER CLANDESTINO (Sobre Antonio Martínez Úbeda)crít

EL BIEN, NO PUEDE SER CLANDESTINO.


PUBLICADO EN PRENSA CRISTIANA NEW YORK.



ANTONIO MARTINEZ DE UBEDA


"El bien, no puede ser clandestino..."


Y en la moralidad, las decisiones que por Mosaicas no pueden ser aborrecidas. Donde si no, los principios de conciencia del bien y del mal. Las genealogías humanas, no son comparativamente correctas con ninguna teoría o superteoría histórica, cuando se anula la bondad, y el buen hacer.

Y dice la Biblia que en el principio creó Dios al hombre y a la mujer. Los interesados en percatarse de que el bien a la mínima oportunidad no resplandezca, se afirman al partido de Caín y de las sucesivas degeneraciones morales, que hacen vislumbrar, que la desobediencia es inicio de dolores, de sufrimientos y de muerte. Existe la devaluación moral mundial, -y realmente está en superavit- y coincidiendo no por casualidad con la actual crisis económica. Y es resultado en análisis de conciencia, de la Palabra, que es la más antipalabra de los decididamente –anuladores del bien-. La fe es por el oir, y el oir por la Palabra de Dios.

Vuelva América a inclinar las rodillas al único Dios verdadero, al que es sobre todo nombre. Hazme recordar, porque nada hay oculto que no haya de ser manifestado.
Recordemos el llamamiento evangélico, con tono de evangelistas y profetas. En nuestro siglo veintiuno, las capacidades tangibles para predicar, y llamar a las almas a la salvación y arrepentimiento, han de ser declaración de poder y entrega, visión y tarea, para los que primero han ido al campo y a la hora de recibir el salario, miran en la fila….salvos y más salvos.

Es momento de salvación y avivamiento, de entrega por los errados, heridos y perniquebrados. Donde los Jonás de las Nínives modermas.
Y oigan los nacidos de nuevo, y los que leen estas páginas para que sepan que como aquella joven Esther, en la fe una mujer valiente, no se atemorizó sabiendo que podría perder su posición en el trono. Pero hubo quien le dijo que no olvidara que su pueblo sufría e iba a ser destruido y que recordara que tal vez para ese momento había sido llamada.

La contestación firme y arriesgada por valor y honestidad, fue… ayudaré a mi pueblo, y entraré a ver al rey, y si perezc
o que perezca. L a diferencia es que nuestro Rey no nos hará perecer, y nos llevará de triunfo en triunfo. Pero muchos temiendo la pérdida de valores, honores y economías, no entran al atrio de la oración, para hablar con el Dios verdadero, en el nombre de Jesús, y pidiendo que el Espíritu Santo interceda.

El nuevo diccionario de los hombres y muje
res de fe, que harán de Nicodemo y de Esther, está por verse. La madurez ha de ser bíblica, no psicológica ni cinematográfica y de consultorio psiquiátrico, no. Volvamos a frases de posición evangélica. Si Dios conmigo, quien contra mí.Y no te he dicho, que si creyeres verás la gloria de Dios. Y el pueblo nacidamente Nicodémico entenderá, pero sólo el que tenga oídos para oir. Sólo así se verá la gloria de Dios.

El haber nacido de nuevo y que te cataloguen cristiano evangélico, cristiano protestante, carismático, no es término ecuménico, es término de conversión, de inicio de santidad. Porque sin santidad nadie le verá. El bien no puede ser clandestino. La Biblia ha de volver a ser oída, para no errar y olvidar el poder de Dios. Actualmente hablar del sentimiento espiritual, en el reconocido Espíritu Santo, es para muchos extraño, y aún más de atrevimiento a manifestarlo. Pero no lo es, el hablar de famosos espíritus en films, en edición escrita con expansión mundial, en personajes fantasmagóricos, similares o no a magos y diablos decorados. Pero eso es de fama, y de moda.

Se están sembrando oledas de juicio, ¿verdad?
Que tu moral sea el bien y la decisión de decir creo, y por conciencia no permitiré la comunión con el mal. No ofendiendo al vecino y discutiendo con el hermano en la fe, sino creyendo en el que todo lo puede, el buen Pastor, y que puede ser reconocido como el que dijo : Yo estoy a la puerta, y si alguno llama, yo entraré… Y sepan los nacidos de nuevo, que el trabajo en el Señor no es en vano.

Y tanto si está en la escalera del palacio, como dentro, incline sus rodillas. Por usted, por su familia, por su país, porque el
bien no puede ser clandestino.


Antonio Martinez de Ubeda


ARTICULO PUBLICADO EN PRENSA CRISTIANA NEW YORK

A modo de breve biografía

Antonio Martinez de Úbeda nació un 13 de febrero, en Barcelona. Es hijo de Juan Martínez de Úbeda (1928 -1953) quien fuera insigne humanista, escritor y periodista.

Pertenece a la
Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Es asesor cultural de la Fundación Runa Simi de Perú; Colaborador del Periódico on line Andalucía Liberal. Columnista de Prensa Cristiana New York. Villamalea, tierra adoptiva de dos poetas.

Antonio Martínez Úbeda es miembro de LA VOZ DE LA PALABRA ESCRITA INTERNACIONAL y colabora con sus poemas y ensayos humanísiticos. Esta es su página en la red:

http://hispanoramaliterario2.ning.com/profile/ANTONIOMARTINEZDEUBEDA

UNO DE SUS MUCHOS POEMAS...

ES TIEMPO

ES TIEMPO DE QUE EL POETA SE HAGA PROFETA.

ANTEAYER ENTRARON EN LA CENA COMENDADORES
CON BLASONES QUE A PUEBLO ACAYARAN,
POLITICAS DEMAGOGIAS QUE NO FRUSTARAN
AL MARISCO EMPARENTADO CON SABORES

Y QUE AL VINO NOBLE RINDIESE HONORES.
Y ES TIEMPO DE QUE LAS SIEGAS SE SEMBRARAN,
Y QUE LAS BARCAS PECES PESCARAN
PARA BOCAS DE HAMBRES QUE DAN RUMORES.

SE ME ROMPEN LOS VERSOS ANTE PISTOLEROS
QUE JUEGAN A PELICULA Y HACEN BASUREROS.
SE ME DOBLAN LAS RIMAS CUANDO NIÑOS SON MIRADAS

PEQUEÑAS, CON GRANDES ADVERTENCIAS DADAS.
SE ME HUECAN LOS OJOS ANTE VIEJOS ALZEIMADOS
QUE OLVIDAN LOS PASADOS, EN FUTURO ENRAIZADOS.

ES TIEMPO DE QUE EL POETA SE HAGA PROFETA.


ANTONIO MARTINEZ DE UBEDA

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domingo, 2 de septiembre de 2007

RECUPERAR LA MEMORIA LITERARIA EXTREMEÑA (1º) (Hay 7 comentarios)


Como verán, amigos, este 'post' pasó sin pena ni gloria el año pasado por estas mismas fechas veraniegas. Exceptuando la siempre grata visita de mi amigo Bart, y sus apostillas siempre constructivas, no se comentó mucho más... Regreso, pues, con mi reivindicación del rescate de escritores clásicos olvidados, máxime si -además-, son extremeños. Regreso con ellos porque me considero en deuda con el legado literario que ha hecho que mis antepasados se abran ante mi como una fuente de inspiración y aprendizaje inagotables.
Abrazos, amigos lectores. ¡Buen comienzo de curso a todos! (Alicia Rosell).


“ESCRITORES DE EXTREMADURA”

FRANCISCO VALDÉS NICOLAU
(Don Benito, 1892-1936)

BIOGRAFÍA.-

Valdés, en su adolescencia.Valdés constituye un caso único, trágicamente contradictorio, en el panorama del regionalismo extremeño. Es, sin duda, el mejor prosista, pero además es el único que en su desesperación tiene una visión clara de la falta de horizonte de la escuela elegida —el regionalismo extremeño—, la única que sabe o puede relacionar con su propia opción política.

Nacido en Don Benito (Badajoz) en 1892, muere en 1936, víctima de la Guerra Civil, en el mismo lugar. Aficionado a la literatura desde la niñez, cursa estudios universitarios en Madrid, y allí conoce y participa de un ambiente literario que, si bien tiene el sustrato de modernistas y autores del 98, ya está plenamente inmerso en las innovaciones de novecentistas y vanguardistas: esta atmósfera estética le fascina. Sin embargo regresa a Don Benito en 1929, y pese a sus esfuerzos, progresivamente su trayectoria intelectual se aleja del mundo innovador y abierto que para nosotros representa simbólicamente el grupo poético del 27; al contrario, su literatura se volverá rabiosamente melancólica, dentro de la tradición temática del regionalismo extremeño, tanto en la ficción como en la prensa.

La obra de Valdés, fundamentalmente textos de carácter ensayístico (muy en la línea de la reflexión literaria del novecentismo, de d’Ors, por ejemplo), se recoge en obras como Resonancias, de 1931, o Letras (notas de un lector), de 1933. En ambos casos, como en Vida y letras, recopilación de textos muy posterior (1980), se trata de la expresión de un lector, penetrante y que se permite una elegante dubitación a la hora de elegir sus objetivos estéticos.

Sin embargo, el Valdés que nos interesa es, sobre todo, el diametralmente opuesto a esta experiencia cosmopolita, será el autor de las Ocho estampas extremeñas con su marco, publicadas en 1932, con una edición anterior, de 1924 (Cuatro estampas extremeñas con su marco). Las estampas —género cultivado también por otro regionalista, Reyes Huertas— son una colección de narraciones de deliberado estatismo, a veces simples cadenas de impresiones —incluso buscando ese impresionismo pictórico ensayado por autores como Gabriel Miró— que participan de la más amarga nostalgia consagrada por los fundadores del regionalismo, autores que, como en el caso de Gabriel y Galán, admiraba profundamente Valdés. En cada estampa se plantea el desgarro que la visión del presente extremeño produce en Valdés, desgarro que le llevará a tener una expresión agresiva y desesperanzada: en este punto el excelente prosista se acerca a posturas de un extremismo conservador absoluto, que se duele de la realidad y se entrega a la nostalgia de la identidad extremeña:


Es el hombre extremeño jayán y gañanero. Nadie más que él puede encarnar la vieja raza, amiga del sol y enemiga del sarraceno. En los hombres de su cuño están vívidas la integridad, la honradez, el trabajo, el amor. Ellos son los que labran la tierra y la hacen producir el grano bendito que colma las trojes de donde mana el pan nuestro de cada día.

Son ellos los pilares de la vida. Son ellos los viejos robles de la raza. Son ellos los que llegan a querer con todo el empuje de su corazón a la tierra madre. Y si algún cacho de su querer quedó libre de esta esclavitud amorosa, le dedicaron a una hembra, a unos retoños de su carne, a una vieja y pobre imagen que se venera en la ermita de su pueblo.

Ocho estampas extremeñas con su marco, Jayán y gañanero, p. 63

La vinculación a la tierra, rota, despierta un sentimiento trágico de la misma, de algún modo Valdés retoma la tradición melancólica para descubrir que detrás de la nostalgia no puede haber nada:

Aquí he vivido yo. Me he criado entre mis retamas, que antes fueron de mi padre, y antes de mi abuelo, y antes de mi bisabuelo. Salvo una temporada, pasada baldíamente en la Universidad madrileña, mi vida estuvo adscrita a este retamal con sus viejas encinas. Era mi fiel consuelo y la flor de mi existencia. Mi trato con la vida mundana me dañó el cuerpo y el espíritu. Iba logrando sanarlos al contacto del abierto paisaje de la recia Extremadura; en este rincón del mundo que mis antepasados lograron infundirle su aliento con sus dignos deseos y sus obras de rectitud: el buen consejo atinado, la ayuda consoladora, la censura estricta cuando era necesaria, el respeto y la consideración mutuas. Que no llegara a abrir sus fauces el hambre en derredor.


[…] No es la brasa del volcán quien ha destruido mis retamas, como esas del canto leopardino. Ha sido la lava del volcán de la codicia humana. El brazo destructor al servicio de la intención malvada. Llegaron de las villas inmediatas. Entre ellas, Magacela. En ese desborde incontenido de feroces cuadrillas insaciables, en pocos días, me arrasaron el retamal magnífico: orgullo comarcano, delicia de la vista, consuelo de mi vida. Juntas de hombres se llegaron a él, acometiéndole con las manos, con las hachas, con los picos, con los zachos. Quedó rasa y desnuda la tierra que le mantenía. No parecía la misma. Quedaron como testigos de la afrenta las viejas encinas, las charcas bruñidas de azul rizado, los aguardos de la perdiz, la roja piedra guijeña. Quedó como campo de abandono y desolación lo que antes fuera alegría y abalorio de feria campesina.


Ocho estampas extremeñas con su marco. Las retamas. p. 82, 86

El Marco, brevísima descripción en la que late el espíritu que explica la melancolía desesperada de todo el libro, es un texto incoherente y estremecedor, que resume el final de una época:


Un pueblo extremeño: la terrosa iglesia con su desmochado torreón, rodeada de unas casas de adobes, con unos tejados verdirrojos. Caminos polvorientos en estío y encharcados en la invernada. Monotonía, fanatismo y lujuria. Un casinillo, donde los ricachos parlan de barraganas y escopetas y se juegan los dineros heredados. En cada barriada, varias tabernas. El maestro de escuela sale de caza. Las jóvenes distinguidas confiesan semanalmente y estiman impúdico bañarse. Reacción, caciquismo e intolerancia. Los chicuelos, sucios y desarrapados, vagan por los ejidos, matando pájaros y desgajando los escasos árboles. Un abogadillo, desde el Juzgado municipal, administra justicia conforme a sus pasioncejas y ruindades. En una sórdida rinconada, un prostíbulo, donde los mozos rijosos pescan las enfermedades repugnantes y comienzan a odiar el trabajo. Todos los años mueren varias personas de paludismo y viruela. Emigración, infanticidios y hambre. Mendigos y truhanes toman el sol del invierno en el pórtico de la parroquia. Por las calles, sin acerado y desempedradas, husmean los canes y gruñen los cerdos. Odios y envidias seculares entre las familias abolengas. En un centro obrero se reniega de Dios y se habla del reparto de tierras. Hipocresía y estatismo. De vez en vez un crimen feroz y espeluznante.

Y por encima de todo este fango social, la fecundidad de las entrañas arcillosas del contorno, unos paisajes fuertes, recios, magníficos, y un sentimiento hondo del bien en los corazones de los castúos afanantes del terruño.


Ocho estampas extremeñas con su marco. p. 121.

La figura de Valdés debe entenderse en un contexto complejo, de vicisitudes políticas y culturales complicadas, como fueron los años veinte y treinta: todavía, cuando leemos a Valdés, no podemos dejar de recordar la trayectoria de los autores que caen en la trampa del totalitarismo por simple indignación. La pureza intelectual que inspira su reacción a los movimientos sociales que acompañan al espíritu de la época, explícita en el Marco, serán acaso la respuesta inevitable de un autor que se sentía ajeno a su tiempo y —con dolor— a su lugar.


L.S.D.


-PLAN DE FOMENTO DE LA LECTUR
A: BIBLIOTECA DE EXTREMADURA-

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jueves, 21 de junio de 2007

LEWIS CARROLL O LOS IDEALES VICTORIANOS


LA LITERATURA DE LA "ERA VICTORIANA"

Pero no son tan sólo los detalles de la vida de Victoria que queda reflejado en la obra de Carroll, sino, ante te ambiente de una época (la segunda mitad del siglo XIX) que la reina dio su nombre. ¿En qué consiste esta “era victoriana” ? En el terreno literario, consiste en una reacción frente al movimiento romántico inglés del primer cuarto de siglo. Los nuevos escritores rechazan la fantasía romántica de Byron o Shelley y buscan un nuevo realismo. Incluso un libro tan aparentemente fantasioso como pudiera parecer Alicia, en el fondo no lo es. Alicia nos describe su mundo (el País Maravillas) con toda suerte de detalles y de la manera más lógica, coherente y realista.Y es muy significativa la mofa que hace Carroll del gran poeta romántico inglés William Wordsworth y su conocidísima obra Resolution and Independence.

La parodia que hace Carroll de este poema es una parodia del espíritu sensiblero y melodramático de los poetas románticos. Carroll se une así a toda una generación de escritores – el poeta Tennyson, los novelistas Thackeray y Dickens, el filósofo Carlyle -que encarnan los nuevos valores de la era.




¿Cuáles son los ideales de esta nueva era? El primero, quizás el más perceptible, es el ideal de progreso. Progreso científico (Darwin), progreso económico (Stuart Mill y librecambistas de Manchester), progreso social (a pesar de las lacras de miseria de la nueva sociedad industrial),progreso tecnológico (ferrocarril, industria textil del norte de Inglaterra). Nada tan palpable en la era victoriana como el progreso. Pero el propio Tennyson nos advierte que todo “progreso” tiene su “regreso” «¡Adelante, sí! Pero con cautela, / porque el cauce del tiempo no es recto, / sino que vuelve y se revuelve / en curvas y meandros traicioneros.»

La segunda característica que se advierte en la literatura de la época victoriana es un cierto espíritu didáctico (la filosofía de Carlyle) y moralista (la novelística de Dickens). Hay tener en cuenta que, junto a la revolución industrial, se e produciendo en Inglaterra una revolución social que hacía que millares de personas, hasta entonces analfabetas, accedieran a la cultura de la letra impresa. El escritor se sentía “educador” de estas masas proletarias y de clase media. Se explica así el auge del melodrama y las novelas por entregas para satisfacer exiguas necesidades culturales de estas clases sociales.

Otro de los ideales de la era victoriana era, sin duda el espíritu de descubrimiento y aventura. Los viajes de Livingstone y Stanley apasionaban al público inglés, que seguía sus aventuras por el corazón de Africa con entusiasmo. En ese contexto hay que entender los libros de Lewis Carroll. También Alicia emprende un apasionante viaje a un país ignoto, y Lewis Carroll se cuida muy mucho de informar lectores de todas y cada una de las características de la fauna y la flora de su desconocido, y recién descubierto, país.

También es propio de la era victoriana un cierto espíritu religioso, incluso místico, que trataba de hermanar los grandes descubrimientos científicos y técnicos con una nueva fe en Dios:

«Que crezcan, sí, nuestros conocimientos,/pero sin dismi- nuir la reverencia/ de nuestro,espíritu y se produzca así / la unión de Dios y la inteligencia» (Tennyson).

Quizás la característica esencial de la era victoriana sea su sentido práctico, su búsqueda de la realización personal y colectiva, su sentido de lo que los ingleses llaman el fulfilment o el accomplishment.

He dejado adrede para el final un ideal de la época victoriana que a menudo se olvida y -más a menudo aún- se ignora. Esta nueva sociedad inglesa tan aparentemente abocada al trabajo, a la moral y a las buenas costumbres, inventa el juego, en todos los sentidos y direcciones que este término abarca. Desde el backgammon y los juegos de casino, las charadas y juegos de salón, hasta los deportes de campo, como el rugby, el tenis, el cricket y el fútbol. Sin olvidar el croquet, que es una mezcla de juego de salón y de campo. Naturalmente, algunos de estos juegos eran ya conocidos antes de la era victoriana, pero es sin duda esta sociedad la que los practica y pone de moda, difundiéndolos por todo el orbe terráqueo. Sin temor a la exageración, podíamos hablar de la aparición de un «homo ludens», es decir, de un hombre que, fundamentalmente, se realiza jugando.

Si hago hincapié en este ideal victoriano es por lo que representa en la obra de Lewis Carroll. Porque si considerarnos a Thomas Carlyle como el “apóstol del trabajo”, Carroll es, sin duda, el apóstol del juego, del divertimiento y del descanso. La voz de Carroll es de las primeras que se alzan en Europa en contra del trabajo alienante. «Solamente cuando el trabajo es una experiencia creadora, es decir, sólo cuando el trabajo se convierte en juego, es admisible el trabajo», decía Carroll. Y la mejor prueba de sus teorías está en sus propias obras. Sus mejores obras no son los pesados tomos de matemática y de lógica, sino aquellos libros que escribía como juego. ¿Qué es Alicia sino un juego? Un juego de naipes en la primera parte y un juego de ajedrez en la segunda. Pero, por encima de todo, Alicia es un juego de palabras, una gigantesca (y a veces pesada) broma que Carroll le juega a la lengua inglesa. «Una lengua -nos dice Kathleen Blake- no es más que un juego social, con unas reglas arbitrarias que se establecen por convenio social.» Pues bien, lo que Carroll hizo fue alterar estas reglas, cambiar el sentido convencional de las palabras y darles un nuevo sentido, para que todo el mundo pudiera reírse de este «nuevo juego» que había inventado Carroll; para que los ingleses, en definitiva, se rieran de sí mismos.

COPYRIGHT

© Ed. Castellana: Ediciones Generales Anaya,S.A., Madrid,1984
Ramon Buckey

SI TE INTERESA ...

http://landow.stg.brown.edu/victorian/victov.html -Visita esta página si quieres saber absolutamente todo sobre la era victoriana y su relación con la literatura inglesa. Muy muy interesante, pero está en inglés.

http://landow.stg.brown.edu/victorian/carroll/carrollov.html -Visita esta página si quieres ver uno de los más completos análisis que existen sobre Lewis Carroll y Alicia en el país de las maravillas ,dentro o fuera de Internet. Incluye las relaciones de su obra con la literatura de su época . En inglés.


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