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sábado, 21 de octubre de 2006

ENSAYO SOBRE LA ENVIDIA-SAVATER


Envidia -Goltzius-

"LA ENVIDIA ES UNA VIRTUD DEMOCRÁTICA"



Ensayo de Fernando Savater

La envidia, definida como la tristeza ante el bien ajeno -ese no poder soportar que al otro le vaya bien, ambicionar sus goces y posesiones-, es también desear que el otro no disfrute de lo que tiene. ¿Qué es lo que anhela el envidioso? En el fondo, no hace más que contemplar el bien como algo inalcanzable. Las cosas son valiosas cuando están en manos de otro. El deseo de despojar, de que el otro no posea lo que tiene, está en la raíz del pecado de la envidia. Es un pecado profundamente insolidario que también tortura y maltrata al propio pecador. Podemos aventurar que el envidioso es más desdichado que malo. El envidioso siembra la idea ante quienes quieran escucharlo de que el otro no merece sus bienes. De esta actitud se desprenden la mentira, la traición, la intriga y el oportunismo.

La envidia es muy curiosa, porque tiene una larga y virtuosa tradición, lo que parecería contradictorio con su calificación de pecado. Es la virtud democrática por excelencia. La gente por ella tiende a mantener la igualdad. Produce situaciones para evitar que uno tenga más derechos que otro. Al ver un señor que ha nacido para mandar, dices: «¿por qué estás tú allí y no yo? ¿Qué tienes que yo no tenga?». Entonces la envidia es en cierta medida origen de la propia democracia, y sirve para vigilar el correcto desempeño del sistema. Donde hay envidia democrática el poderoso no puede hacer lo que quiera.

Si hay quienes no pagan impuestos, comienza la reacción de aquellos que envidian esa situación y exigen que los privilegiados también paguen. Sin la envidia es muy difícil que la democracia funcione. Hay un importante componente de envidia vigilante que mantiene la igualdad y el funcionamiento democrático.

En la tradición cristiana es definida como «desagrado, pesar, tristeza, que se concibe en el ánimo, del bien ajeno, en cuanto éste se mira como perjudicial a nuestros intereses o a nuestra gloria».

Este pecado propicia la sensación de que uno podría tener todo lo bueno de los otros. Si tú le envidias la mujer al otro, deberías aceptar todo lo que el otro es, quiere, piensa y siente, y por lo tanto dejar de lado todas las cosas que tú quieres, piensas, sientes. Tendrías que convertirte en el otro, algo que nadie está dispuesto a hacer. Porque todo el mundo quiere ser y tener las ventajas del otro, pero a partir de la propia concepción de uno. Nadie está dispuesto a decir: «bórrenme a mí, y escriban al otro, porque yo lo que quiero es ser yo, con lo del otro». El que envidia estaría en el mejor de los mundos si pudiera lograr una disociación con el otro: quitarle para sí toda la parte que no le gusta y quedarse sólo con lo que le gusta, sin tener en cuenta que todos los bienes y beneficios tienen un costo en la vida [...]

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La envidia destruye a quien la siente y a quien la prodiga quien la siente. Es terrible. Yo he visto como acaba amistades, relaciones de trabajo, hasta se da entre las femilias, es un horror.

Ojalá que nunca se sienta, debe de ser un infierno.

Un interesante texto, Puri.

(Me alegra que hayas visitado a Paseos literarios, tiene reseñas muy interesantes)

Gracias, Purificación por la alusión a mi blog, muchas gracias.
Quería conocer también este otro blog y aquí me tienes. Interesante el tema que tocas. La envidia, como bien señalas, es, efectivamente, el deporte nacional. Está bien una envidia que llamamos "sana", que plantee conceptos de igualdad y superación, pero me temo que la que abunda es la otra, la insana, la que hace daño, la que no vive ni deja vivir. Mejor no sufrirla, nos decimos, ni para bien ni para mal...
Saludos

Yo creo que todos somos envidiosos por naturaleza y que necesitamos, ser envidiosos. Que buen articulo.

En este país mío decimos que "La envidia es el pecado nacional", y así es, inevitablemente. Es tan mala la envidia que puede llegar a matar, sí, aunque suena duro, pero así es. La historia lo demuestra.
Y el Antiguo Testamento ya hace referencia. Por eso: ¿No fué la envidia lo que hizo a Caín matar a Abel?

Llevamos este estigma desde que venimos al mundo, desde niños nos envidiamos del hermanito o del amigo que tiene el juguete que tú quieres sin percatarnos que nosotros tenemos cosas que ellos no tienen... (Por poner un ejemplo) La envidia de los adultos nace ahí, por eso es tanto o más peligrosa.

No dudo que yo misma puedo llegar a sentir envidia,¡Sana!, y me vanaglorio, sí, me alegra no sentir nunca "esa otra", porque sólo si es sana podrá ser constructiva; me explico: cuando tomamos este sentimiento como referente y como un punto de partida para superarnos, pero nunca para competir. Esa es la envidia sana, y esa deberíamos cultivar. Lástima que los tiempos que vivimos nos induzcan sufrir la mala y a menospreciar la buena o sana.

"Paseos Literarios me gustó", me tocó de cerca el último post. Iré visitando poco a poco a esos compañeros de lista que si están en tu estupendo blog seguro que merecen ser leídos. Sabes que adoro tu criterio, ¡ y no es envida, claro! ;-) (Como hablábamos de envidia...)

Buen domingo, Magda querida, sin tí mi blog no sería el mismo, sabes que soy sincera.

(Soy más feliz con mi sinceridad, honestidad, y no sintiendo envidia ni rencor. Es maravilloso no sentirlo, aunque a veces, siempre seamos blanco de la envidia de otros, ¡y eso duele, duele mucho! Si eres objeto de envidia de alguien a quien estimas, sobre todo.

Un besote.
domingo, 22 octubre, 2006

Hola, bienvenido:
El tuyo también es bueno, y sobre el mismo tema. Me parece incluso que decimos lo mismo pero con palabras diferentes.
Esa envidia que necesitamos viene a ser la envidia sana, la que nos hace prosperar. Gracias por tu visita Jairo. Ya me pasé por tu blog. En otro momento te dejaré algún comentario. Buenas noches por acá.
Alicia.

miércoles, 25 octubre, 2006

Gracias a tí, gatito. Has entrado en mis dos blogs y te lo agradezco.
Así es de interesante el tema que he propuesto la lectura de este ensayo de Savater.

Esa frase de Savater: La envidia es una virtud democrática, intriga bastante. ¿Cómo un defecto puede ser una virtud? ¿Cuándo una virtud deja de ser defecto? Supongo que sería cuestión de leer bien el texto y reflexionar.
Un beso, gracias, y nada que agradecerme, procuro ser justa, eso es todo.

Buenas noches, gatito.

martes, 24 octubre, 2006

Hola Alicia y CIA. Solo comentaros que en nuestro programa de radio, Perro Flaco este jueves lo dedicamos a la envidia y que este post nos ha servido de gran ayuda. La envidia democrática,la verdad, me suena más a pirueta sofista que a otra cosa. Ni la democracia nace de la igualdad (aunque estén muy relacionadas) ni, sobre todo, la igualdad nace de la envidia. Al contrario, la igualdad es un sentimiento de comunidad relacionado con la tragedia humanista. será cursi, pesimista... el que quieras, pero no envidioso.
Si os apetece escuchar el programa pasaos por:
http://perroflacoradiovallekas.blogspot.com/

Cualquier comentario será bien recibido. Un abrazo.

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-ALICIA ROSELL, 2006-

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