"Podrán cortar las flores, pero no detendrán la primavera"(Neruda)

jueves, 24 de mayo de 2007

"AMOR EN GOZO" - (Nuevo texto en mi blog "Retahílas Literarias")

"AMOR EN GOZO"

Dieron las nueve en el reloj que se hallaba sobre la repisa de la chimenea de mármol de Trentino. Lo esperaba en la habitación del “Gran Hotel Sheraton” de París. Se habían conocido hacía tan sólo dos horas en el vestíbulo de la recepción. A aquéllas horas estaba atestado de turistas recién desembarcados y un tanto desaliñados, entremezclados con gente elegante que esperaba entrar al comedor a cenar. El gentío la ponía nerviosa. Fue en ese instante cuando se volteó y sus ojos se cruzaron con los de él. Fueron segundos eternos, ninguno parecía querer retirar la mirada del otro. Los separaba el gentío, pero Katia pasó de sentirse sola y vacía a no ver nada más allá del desconocido que la atraía con su intensa mirada.

Hacía dos horas de aquello. Ahora, Katia esperaba al español que cruzó la estancia con aplomo, sorteando la gente que se interponía entre él y ella. Ocurrió todo tan rápido que aún no se había despertado de lo que le parecía un sueño. ¿Qué hacía ella en aquélla suite tan lujosa con un desconocido? No podía recuperarse todavía de la impresión que le causó el hombre cuando, con paso seguro y gran aplomo, acortó la distancia hasta ella sin dejar de mirarla a los ojos. Entonces… él la tomó de la mano con una fiereza dulce y a la vez, posesiva, para arrastrarla hacia el ascensor y llevársela en volandas. Por un momento, se preguntó si él la había rescatado o secuestrado.

Su aturdimiento era tal que todavía no podía ponerle nombre a su propia forma de actuar. Ella, la dulce y sumisa mujer casada, se había ido de la mano del español que la taladró con la mirada en el hall del Hotel. “¿Qué le estaba sucediendo?” No se reconocía. Debía marcharse antes que él volviera. Le había prometido que en menos de una hora estaría de vuelta de su reunión de trabajo, le rogó que lo esperara, que deseaba conocerla. Se lo había susurrado al oído, con una melosa cadencia en su lengua materna a la cual ella se rindió y quedó más hechizada todavía…

Nadie le impedía escapar de la suite. Y sin embargo, ella permanecía a la espera, quizá todavía bajo los efectos del hechizo del hombre que la estremeció nada más verlo. Había empezado a recoger su bolso, dispuesta a marcharse, cuando escuchó que la puerta se abría. Era él. Había regresado. El hombre comprendió la situación enseguida: la mujer que se robó hacía un par de horas se estaba calzando sus zapatos de tacón y se disponía a huir de él. Se apoyó contra la puerta cerrada mientras la miraba interrogativo. Pero no salió palabra alguna de su boca.

Al verlo inclinar la cabeza y adoptar esa pose, ella supo que tendría que darle una explicación. Pero, ¿qué podía decirle? Que los remordimientos la estaban torturando, era cierto. Sin embargo, que Dios la perdonara, pero volver a verlo la devolvió al éxtasis que el aspecto varonil del hombre le causaba; soltó el bolso y se dejó caer en el sofá.

-Tardabas, lo siento, ya me iba. Verás, yo nunca… he hecho una cosa así. No sé qué me ha pasado…

-¿Acaso me tienes miedo? –Se había ido acercando a ella a paso lento, se le veía circunspecto, pero si ella se había sentado en el sofá todavía le quedaban esperanzas de retenerla.

-No entiendo nada: me coges de la mano, me arrastras tras de ti y me dejas aquí esperando. Verás, yo no soy una cualquiera. Tal vez me has confundido con una mujer de vida alegre.

-¿Lo dices por tu vestido? Es algo atrevido, de acuerdo, pero no me fijé en eso. Simplemente, te descubrí entre la gente. Ha sido mágico. A mí tampoco me ha pasado nunca esto, aunque te cueste creerlo… Son tus ojos, Katia, tú me atrajiste como un imán. Me has hechizado por completo.

Parecía sincero. “Dios, ¿qué podía pensar de la situación tan embarazosa en que se hallaba?” Él se confesó casado y la convenció de que no había nada de malo en lo que estaba sucediendo. Debía creer en un desconocido o echar a correr. Él no la obligaba, se lo dijo, haría sólo lo que ella estuviera dispuesta a hacer. No forzaría nada. Si se quería marchar podía hacerlo. Así fue como se dio cuenta que no quería huir [...]

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©Purificación Ávila López. -TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS- ©Prohibida su reproducción. -Alicia Rosell ©

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miércoles, 23 de mayo de 2007

"INSOLACIÓN EN EL ANDÉN" (Nuevo texto en mi blog "Retahílas Literarias")


"INSOLACIÓN EN EL ANDÉN"

En el andén, Lucía sentía que el vapor del tren cegaba sus ojos y el tufo a carbón quemado le resecaba las fosas nasales. Abrió su sombrilla para usarla como escudo ante el resoplido que salía por debajo de los vagones. Después, permaneció a la espera. Se escuchaba el silbato del jefe de estación dando la entrada a una locomotora por el otro andén. A la mujer le llegaron entremezclados los sonidos de la algarabía de transeúntes y viajeros.

-Preciosa sombrilla -oyó decir tras el improvisado escudo.
-¿Se dirige a mí? Disculpe, pero no le veo. -No obtuvo respuesta.

Bajó los ojos y alcanzó a ver la elegante franela de los pantalones que enfundaban aquéllas largas piernas. Cerró su sombrilla. Se estremeció. El hombre que la había abordado era el vivo retrato de su esposo fallecido.

-¿Quién es Ud.? –El hombre rió con ganas cuando advirtió su nerviosismo.
-La voz de su conciencia, señora mía. Usted, ¿quién quiere que
sea? Seré quien Ud. desee por un día.
Lucía creyó estar siendo protagonista de un sueño o de una broma de mal gusto.

-Pretende burlarse de mí, señor, es obvio. Ni siquiera se ha dignado presentarse con su verdadero nombre.

-Elíjalo Usted misma. -No parecía existir atisbo alguno de sorna en sus palabras-. Lucía hizo ademán de marcharse. El hombre creyó sentir que tenía la sangre a punto de hervir cuando decidió retenerla por la cintura.

-Señor, yo no le conozco, así es que será mejor que cada cual se vaya por su camino, y… ¡suélteme, por Dios, que todo el mundo nos mira!
-Todavía no ha elegido mi nombre. ¡Hágalo y la dejaré marchar!

Lucia pensó un poco y con cierta ironía le dio el nombre que pensó mejor le encajaba.

-Sr. Enigma le va que ni pintado. Eso es lo que es Ud., además de un doloroso recuerdo para mí. -Se recompuso como pudo de la confesión-. Y bien, ¿puedo irme ya?

-De acuerdo, Lucía, seré Enigma por un día sólo para usted. -Se lo susurró al oído mientras echaba a andar junto a ella-. Por cierto, no gesticule mucho. Parece que nadie excepto usted puede verme y oírme. Creo que la tomarían por loca, ¿sabe?
El desconcierto de la mujer iba en aumento: los nervios se arremo
linaron en su estómago a la vez que empezó a sentirse mareada. Tenía que sacar fuerzas para echar aquel hombre de su lado antes de que la volviera loca.

-Veamos, Sr. Enigma, ¿acaso es Ud. un fantasma? ¿Quizá pretende ser el de mi esposo?
-Si así gusta, yo estaré encantado. ¡Os concedo el deseo, querida! Puede llamarme como a él.

-No me pida tanto o le atizo con la sombrilla en la cabeza, señor Enigma[...]

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Purificación Ávila©-Todos los derechos reservados-©PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN.

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jueves, 17 de mayo de 2007

"OJOS DE FUEGO" ("Nuevo texto en mi blog "Retahílas Literarias")

Y otra de amor, para los incondicionales del género. Espero que les guste. Puri Ávila.



"O
JOS DE FUEGO"


La mujer que lo enloqueció se hallaba sentada frente a él. Parecía desolada y contrita bajo aquel brillo extraño de sus pupilas que dejaban entrever lágrimas incipientes. La había amado desde el mismo instante en que se perdió en sus ojos verdes. Esa mujer, la que siempre derrochó alegría, parecía haber perdido las ganas de vivir. La contempló desde debajo de la sombrilla. Parecía sufrir mucho, el gesto de su cara la delataba. Hubiera querido acercarse bajo cualquier pretexto, pero no podía. Se moría por tener algún motivo, pero una amistad de años no era la excusa más inocente para cometer tal desatino.

El sol de agosto apretaba y la temperatura se hacía insoportable. Desde su posición, apenas dos metros, sentía la imperiosa necesidad de mirarla, sólo se sentía vivo cuando se perdía en los rasgos de su cara, cuando ella se movía con voluptuosidad y respondía, sumisa y tímida, a sus inquisitivas y ladinas miradas. Las sombrillas parecían paredes, pero él sentía que ambos trataban de romperlas con la fuerza del deseo. Se adivinaba más sombra en el rictus de sus labios que la que caía sobre la mesa en aquel bochornoso día.

En mitad de la desolación ambos sonreirían por sus respectivos comportamientos. Ella adoptaba posturas extrañas para no perderlo de vista. Sabían que todos se darían cuenta, pero nada parecía importarles ya. Él llenaba de luto su corazón desde hacía demasiado tiempo. Era una mujer marcada.

Desplazado de lugar por la llegada de más personas a su mesa, él perdió el ángulo desde donde la observaba con solazado ardor. No podía seguir oculto o tardaría días en volver a encontrarse con sus ojos de fuego. Tampoco deseaba convertirla en el juguete de sus propios sentimientos. Con un movimiento rápido se escurrió por el asiento hasta encontrar el hueco por donde pudo volver a admirarla a sus anchas [...]

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©Purificación Ávila. - Alicia Rosell©- PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN©


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viernes, 6 de abril de 2007

NUEVO TEXTO EN RETAHÍLAS: "Sucedió en domingo"

"LA HISTORIA DE AMOR MÁS BELLA JAMÁS CONTADA"

"Sucedió en domingo"

"La Felicidad consiste en hacer el bien" (Aristóteles)


"Queridos amigos: Están siendo tan generosos conmigo que he hecho un alto en mi descanso para ofrecerles este texto que les dedico en un día tan señalado como hoy.
Muchas gracias por venir a buscar mis escritos. La verdadera amistad es la que no pide nada a cambio. Besos y abrazos para todos. Les espero en 'Retahílas Literarias'. Purificación Ávila".


Sonó el timbre y la mujer de cabellos largos y oscuros se lanzó a la puerta. Al abrirla se llevó la mano a la boca para ahogar el grito que atenazó su garganta. ¡Era él! El hombre que amaba se hallaba parado bajo el dintel, corpóreo pero irreconocible. Tres días habían bastado para que su ausencia lo demacrara. Mayalen se preguntó dónde habría pasado las últimas horas, pero se limitó a mirarlo y los ojos de ambos se fundieron en un abrazo espiritual. La mujer ahogó el grito entre sollozos y se fundió en un abrazo con quien la trastornó desde el mismo instante en que lo conoció.

-Dios mío, amor, estás hecho un Cristo. -Lo asía y desasía para mejor mesar sus cabellos sudorosos y rodear con la yema de sus dedos las profundas ojeras que ensombrecían sus pómulos. -¿Qué te ha ocurrido? Por Dios, ¿dónde estabas? Tu madre y yo no sabíamos nada de ti...

Lo hizo sentarse en su lugar del sofá, donde el hueco de su cuerpo ya había dejado hoyo de tantas horas pasadas ante el televisor mirando noticias sobre catástrofes, genocidios y aberraciones humanas que lo hacían estremecer ante tanta maldad e ignonimia.

-Josu, amor mío, ¿no puedes hablar? -Le acercó una taza de caldo caliente a los labios. -¡Ten, bebe!

-Sí, sí, me calentará las entrañas, siéntate a mi lado, mujer. Dame también tu calor- atinó a articular entre escalofríos.

Su mirada seguía perdida mientras ella se aseguró que tomara el contenido de la taza. Mayalen reparó en sus manos ensangrentadas mientras sostenía el recipiente y lo llevaba estoicamente a su boca: los estilizados huesos de sus dedos parecían dislocados, tal como lo parecía también su mirada y el rictus torcido que expresaban sus labios escarnecidos [...] Seguir leyendo


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martes, 6 de febrero de 2007

CUENTO DESVARIO

"Celebremos como Alicia un 'NO CUMPLEAÑOS'. Para los de siempre, sí otra vez, porque el anterior fue todo un éxito, porque hace mucho que no celebramos nada y porque esta noche comienza el Nuevo Año Chino, un año que nos va a traer a todos eso que tanto ansiamos. ¿El qué?

Hagamos una fiesta. Porque sí, porque nos apetece, porque somos unos tarados -como dicen mis buenos amigos argentinos- y creemos que la vida nos va a dar lo que buscamos. ¿Qué buscamos?

Pongámonos los zapatos rojos, sigamos el infinito camino de baldosas doradas y lleguemos donde queramos. ¿Dónde?

Porque no sabemos ni lo que queremos, ni lo que buscamos, ni lo que vamos a encontrarnos, pero sí lo que no queremos. ¿O no?

Qué mejor que celebrar la más surrealista de las celebraciones.

Yo pongo la casa, la mesa, los farolillos rojos, las galletas de la fortuna y permítanme la licencia también pongo el vino. Ustedes traigan lo que quieran... Pero sobre todo vengan, están todos invitados.

Mónica G."

-Dos-

Recibí esta invitación hace una semana, pero yo, Alicia Rosell -la otra Alicia de los "no cumpleaños"- no se acordó. Hasta anoche. Decidí coger el teléfono para disculparme.

-Ay, Mónica, que ahora he recordado tu "No cumpleaños y Comienzo de Nuevo Año Chino", seguro que la fiesta ya terminó... pero si sigue todavía, en un abrir y cerrar de ojos estoy ahí.
Me asegura que continúa, que vaya y que disfrute por un día, que me lo tengo merecido.

-¡Ya! Mira: vine con jamón de bellota, queso manchego, carne de cangrejo y botella del mejor Rioja. Dulces no, que engordamos, Mónica. Por cierto, ¿Te queda algo de tarta? -me río sola, paso a tu salón saltando entre chicas multicoletas que sentadas en el suelo se cuentan chistes de hombres. Piso sin querer algún pie.

-¿Te he roto el talón? -le digo a la rubita. -Lo siento, mujer. -"¡Que se aguante, que esto es una fiesta! ¿Me asaltará la impostura solo por pensar así?"

-¡Mónica! ¿Dónde me siento que no sea en el suelo? Ya estoy agotada por culpa de mis malditos tacones -grito a voz en cuello entre los estertores de la música y las conversaciones cruzadas.

-Me dices que me vaya al WC, ¿eso me dices, Mónica? -ella asiente, y yo, como invitada, te obedezco. Sumisa y cabizbaja... allá voy, directa al WC., como me has dicho.

Apenas ha pasado una hora ya me siento como nueva y me presento en tu caótico salón para presentarte mi nueva conquista.

-¡Me has hecho un gran favor! En el baño he conocido al hombre más extraordinario que existe sobre la tierra. ¿Puede acompañarme en tu próximo No cumpleaños? Para esa vez prometo llegar a tiempo. -Te planto dos besos, y añado: un abrazo, amiga. Lo pasé muy bien. Gracias por la invitación. Que descanses. Y Felicidades...

El hombre que me lleva los zapatos rojos en la mano y ronronea como un gato a mi lado no se separa de mi aunque no me haya regresado la cordura.

-Uf, cariño, qué bella fiesta nos dio Mónica.
-Sí, pero yo me confundí de sarao, a Mónica no la conozco. -Me mira de soslayo con cara de póker. -¿Importa eso?
Me quedo pensando dos segundos, luego miro a mi alrededor y me voy retorciendo los tobillos calle abajo tras hacer la pregunta y recibir la peor contestación de mi vida.

-¿Dónde aparcaste tu Lamborghini? -Mi sonrisa no tarda en borrarse.

-Caminemos, Alicia, la noche está tan bella y romántica... Lamborghini, ¿qué es eso? -su voz denota una mezcla de sorpresa y fastidio.

"¡Ay, que el mozo no tiene coche! Ya, ya, Alicia, que no cunda el pánico", me dice la voz de la cordura. "Para una vez que encuentras un hombre romántico..."

En fin. Está visto que en esta vida, no todo puede salir, "Perfecto".

FIN


Saludos:
Me gustó cómo salió este comentario/cuento, desenfadado y sin pretensiones literarias. Como te dije, lo posteo en mi blog, con respeto y cariño hacia ti. Protagonizas la historia, Mónica, ya que tú escribiste la invitación a la fiesta. Yo coloqué este improvisado y osado comentario, y me invité a tu fiesta. Un abrazo).

Puri Ávila.-19 febrero, 2007- -Comentario /cuento o post- relato- ¿Qué opinan ustedes?

Autoras: Mónica Gutiérrez y Purificación Ávila (Alicia Rosell)


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sábado, 3 de junio de 2006

AGUJEROS EN EL HIELO



" EL ELIXIR MÁGICO"
'POST-RELATO'

"... Y leí la nota de mi diva perdida y bella:

Has esperado mucho por mí, amor, pero al fin me has encontrado. Ven a mi lado, estaremos para siempre dentro de una botella, juntos. Bebamos el elixir de la pasión millones de años más, en cualquier planeta perdido..."
Un hombre paseaba por la playa con su perro. Vió los extraños agujeros, y una botella junto a ellos. Maldijo entre dientes a los gamberros que estropean la arena y a los sucios canallas que dejan botellas tiradas por doquier.
Tomó aquel vidrioso objeto entre sus dedos, lo cerró con un kleenex, y lo enterró en los orificios.
Dejó de llover, y los agujeros desaparecieron. El hombre se alejó, contento por contribuir a la limpieza de la naturaleza.
Nunca sabría que había unido dos almas gemelas dentro de una botella por los siglos de los siglos.
Y llegó a su casa, sin conocer el final feliz que dió a la historia del náufrago que buscaba el amor en atmósferas de otros planetas."


¿FIN?


Alicia Rosell, para Maite G. -que se volatizó como la diva de la botellla, y no sé a qué planeta arrumbó-

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jueves, 18 de mayo de 2006

CIBERCEREBROS


¿CONECTADOS A UN CHIP?

-ARTICUENTO-

"Cuando no exista diferencia entre el hombre y la herramienta, ¿quién quedará para construir el mundo?
Creamos herramientas para mejorar la vida pero nos olvidamos de nuestra condición humana...

Nos convertiríamos en seres inteligentes gracias a la transferencia de datos de la Red al cerebro. Pero si un virus informático atacara la capacidad inmune del ser vivo, quedaríamos incapacitados frente a la máquina. Nuestro cerebro no podría soportar la avalancha de datos que el virus nos propagaría.

Si tan sólo quedara un sólo y único ser humano para entonces -sin haber sido contaminado jamás por una computadora-, seríamos capaces de recuperarnos gracias a la sabiduría adquirida en los libros devorados por ese ser "des-cibercerebrado".

Y el fin del Imperio de la rebelión de la Red llegaría con la desconexión de las herramientas que formaron las huestes de su ejército...

(La portada es del libro: "De cerebros, mentes y máquinas" del científico y escritor, Roberto Perazzo. Fondo de Cultura Económica, Argentina 1994)

De nuevo, aquéllos libros que quedaron relegados al olvido -escondidos por el único hombre ávido de lecturas- serían entonces nuestro salvador. Como si de una especie de Dios se tratara y que todo lo sabe, el único hombre con cerebro no virtual, restauraría el Orden donde antes sólo reinara el Caos. Ya todos desconectados, sería como volver a los días del Edén.

Tendríamos que alfabetizarnos para seguir escribiendo libros y leerlos todos, antes que alguien volviera a tener otra vez la brillante idea de crear seres cibercerebrados. Pues, de tantos o más inimaginables actos que pudieran llegar a ser responsabilidad humana, -incluso de la máquina herramienta llamada computadora- sólo aquel Hombre culto que nos rescatara como un Mesías, podría ser culpabilizado.

Esperemos que queden no uno, sino un imponderable número de personas capaz de preservar su naturaleza intacta..."

"La idea de este escrito me vino tras la revisión de la película de Spielberg, "Inteligencia Artificial". Pero debo reconocer que mi versión es mucho más pesimista. Con "Inteligencia Artificial" derramé unas lágrimas: la máquina tiene aspecto de ser humano y acaba teniendo sentimientos humanos. Mi versión es la contraria. Las máquinas se rebelan con un claro objetivo. Usurpar al hombre la mayor de las bajezas de que es capaz: El Poder ".

Alicia Rosell.

Publicado en Lecturasdigitales.com.ar

(Extracto de Alicia Rosell para el recopilatorio de "Retazos Literarios")

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martes, 14 de marzo de 2006

-RELATO:"ENSOÑACIÓN"-




“Dedicado a todas las mujeres que niegan sufrir malos tratos físicos pero aguantan, -en cambio- el día a día de la indiferencia y la incomprensión de sus parejas. Mujeres que sin saberlo son víctimas del maltrato silencioso o psicológico. Con todo mi amor, para ellas y para todos los lectores de esta bitácora, si estáis leyéndola...”


-ENSOÑACIÓN-


[...] Como dos extraños, aquí sentados frente al televisor en las noches de tedio. Como dos desconocidos separados por una frontera invisible, por un muro de frialdad que nos dejó petrificados hace muchos años. Te miro y no me miras; dejo de mirarte y no te preguntas por qué declino hacerlo. Vivimos de silencios perpetuos, de horas vacías que llenar con los programas anodinos del televisor.

A veces, intento aproximarme pero tú me rehuyes, aludiendo siempre a mi pestilente halitosis.

-“A ver si vas al dentista, y deja de lanzar tus putrefactos hedores cerca de mi boca...” -Esa misma boca ahora huidiza que en otros tiempos se unió a la mía con insistencia amatoria. Apenas existió algún roce en los últimos meses. Los años nos han ido pasando factura.

Yo ya no soy la belleza que tú dijiste que era el día en que nos conocimos, quizá entonces también me olía el aliento, pero por entonces tú estabas enamorado y no te dabas cuenta. El amor es tan ciego, que bien podría ser sordo o no poseer del sentido del olfato. O quizá, te importaba menos con tal de hacerme tuya, con esa premura que dan los años jóvenes a los hombres no iniciados en el arte de amar.

Hablamos lo imprescindible; sobre el tiempo, la comida, los gastos del supermercado, pero nunca sobre nosotros, qué nos estará pasando ni porqué el aburrimiento hace mella en nuestro matrimonio bien avenido.

Tampoco tocamos el tema de la sexualidad, asunto tabú cuando las almas se enfrían... Por las mañanas, apenas me despierto, espero encontrarte en mi cama, pero tú ya has salido de ella y te has afeitado y acaso lees el periódico. Me esperas para que me levante para desayunar contigo.

-“Venturosa deferencia la tuya” –le miro de soslayo pero no me oye.

No peleamos, no nos gritamos; los gestos del uno para con el otro son repetitivos hasta la extenuación: las mismas miradas que siempre pasan de largo, con esos mismos ojos, que al principio me comían sin recato, que me desnudaban con la imaginación y me llevaban al éxtasis...

Ya no tengo motivos para sonrojarme, pues ni un piropo brota de tus labios exangües, tu boca sigue igual de seductora y me sigue causando los mismos arrebatos que cuando me sedujiste con tu voz aterciopelada. Sólo veía tus delicados rictus labiales enmarcados en esos los galanes rasgos del resto de tu cara. Me enamoré de tu sonrisa, de su carnosidad exuberante, y tú dijiste sentir lo mismo por mí; pero el tiempo ha pasado y debo conformarme con ensoñar para sentirme un poco más feliz. Para que no averigüe mi arraigo fuera de la realidad, el triste y extraño escenario en el que estoy flotando.

Por eso, continúo nuestra historia de amor en mis sueños; Es en ellos donde te hago el amor casi como el primer día, -con un resuello de cansancio tras la batalla de pudor sin desmesura-. Antes todo lo mío te parecía bien. Hasta hoy. Ya nada es igual, cinco años han bastado para agotar todas las reservas de nuestro deseo mutuo. Te miro y te desconozco; en el espejo nos reflejamos como la pareja sin sentido que aparentamos. La que era. La que ya no es.

Me ignoras en cada acontecer de tu vida, no me hablas de tus problemas en el trabajo, de tus amigos, o de los proyectos que puedas tener. Yo debo callar, ahogo mi insatisfacción por los años perdidos en la jaula de oro en que se convirtió nuestro nido de amor; no puedo quejarme, ni dar opiniones que te puedan exaltar. Tú mandas, yo sólo acato.

-“Lina, cóseme ya la camisa nueva y lávame el jersey oscuro, que hoy tengo una reunión de trabajo” –otra orden más que sale de su boca.

Yo esperaré, enferma de silencio, que una nueva chispa vuelva a prender en nuestros solitarios corazones, aunque ya casi no me queden esperanzas. Tan sólo debo aguardar la llegada de la noche.

Soñaré de nuevo contigo, inventaré para mi deleite historias llenas de sensualidad y erotismo con las que confundir mi aturdido ego; tú llenarás esas noches para alimentar el resto de mis días de espera monótona. Tal vez mañana te percates que me compré ropa nueva, o quizá sólo me regañes por el gasto estúpido que hice. Cualquier cosa será mejor que morirme sin intentar cautivarte de nuevo.

Hoy, me conformaría con que los dos compartiéramos el mismo sueño, o que se nos despertaran los sentidos y se renovara nuestro amor desnutrido por el paso del tiempo.

Tendré que rescatarte de entre la maraña onírica para que, al amanecer, cuando te mire de nuevo, pueda sentir que tus ojos se posaron en mí, que al fin te percataste de mi insulsa existencia.

Mañana volveré a estrenar vestido nuevo [...]



.- 3 de enero de 2005. Alicia Rosell


(Estas líneas están extraídas de mi relato "Ensoñación")

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jueves, 2 de marzo de 2006

LA HORA DE LOS MÁRTIRES




La arboleda perdida

Me invade la tristeza. Se murió el mundo frente a mi ventana, y nadie hizo nada. No me enteré cuando ocurrió, aunque tenía planeado atarme a sus troncos, ser la rehén de la lucha.

¡Cuánto me alegro por no haber visto el arbolicidio flagrante! El frondoso jardín y sus árboles quijotescos enarbolados ante mis cristales desaparecieron una mañana de finales de febrero.

Llevaba ocho años viendo esos gigantes mojarse con la lluvia, zimbrearse con el viento, haciendo de sus ramas la parada y fonda para el descanso perfecto de los pajarillos y otras aves.

La hilera de diez frondosos chopos, altísimos como por soberbia, ahora tenían sus ramas desnudas, augurio del final que les llegaba... la muerte inexorable.

El dinero y cuatro caciques decidieron la suerte de mis árboles, de mi jardín -que florecía cada primavera- y mis sueños de vivir en ellos echaron a volar con las hojas de otoño. Entonces, yo las veía caer, y veía las últimas nieves cubrir sus robustas ramas. Los últimos vientos fuertes arrecieron a ochenta kilómetros por hora, y ellos resistieron las embestidas como los quijotes que fueron durante sus veinte o treinta años de vida.

No me atrevo a mirar por mis ventanas. Pero sé que yacen, cortados a trocitos, esperando ser llevados caminos del olvido, lejos de mi mirada. Yo he muerto un poco con ellos, pero mi recuerdo siempre los acompañará.

Y mis sueños, recreados desde mi terraza ante su imágen frondosa, verde y placentera, se han esfumado para siempre. Sueños de amor, de felicidad, de futuro...

Llegará la primavera, y los chopos ya no estarán. En su lugar habrá más cemento y autopista, más coches y más polución. Menos trinos de ruiseñores y más ruidos de motor.

Llegará el verano, y al atardecer, mi jardín no entrará hasta mis habitaciones con su fragancia de clorofila. La hierba recién cortada tampoco me llenará la pituitaria cuando tienda mi ropa frente al escenario vacío de hoy.

Llegará el próximo otoño, y otro invierno, y los árboles se habrán reciclado en muebles, papel y cosas para usar y tirar.
Yo seguiré añorando los años que viví con ellos, seres vivos como yo, no tengo otro lugar para llorarlos, sino desde mi mismo corazón. Creo que a veces, ellos me hablaban, chillaban sus ramas, gritaban mi nombre; clavados en su suelo y alimentados por los charcos que se hacían tras la lluvia, los escuchaba reir, hablar, acariciarse entre ellos, hacerse el amor enmarañados en explícitas posturas...

Murieron los gatos que se refugiaban bajo sus troncos, asustados por las máquinas o masacrados. La mujer que los cuidaba no tuvo tiempo de socorrerlos.
Tengo tantos y tantos hermosos recuerdos que desde hace tres días me impiden llegar hasta mis cristales...

Corrí todas las cortinas, para no ver, para no sufrir. Se que yacen ahí, pero nadie tapó sus cadáveres. El execrable crimen quedará impune. Ya me han arrebatado la gran razón de mi vida en esta casa, ¿dónde reposarán mis huesos cuando yo muera?
Mi cuerpo y mi alma se disgregarán, y si me incineran, quiero volver a los árboles, a otros de su familia, y morir de nuevo con ellos si les llega la hora de los mártires.

No me importa que los demás se rían de mí. Yo amé esos árboles, como amo a todos los seres vivos, y se merecen mi respeto, mi recuerdo y mis lágrimas, si me dejan llorarlos. Que se rían los caciques, que se nutran del dinero.

Me siento incomprendida, como cuando los defendí y fuí vilipendiada: "Loca, chiflada", y las miradas del cacique me persiguieron por el pueblo hasta que me ganó la batalla, y se cobró sus víctimas.

Me quedo sola frente a mi ventana... Mi alma está con ellos. Mis Quijotes se fueron a resolver otros entuertos, y como siempre, perderán en sus luchas o serán motivo de risas. Ruego al creador de todos los seres vivos que los lleve al cielo de los jardines frondosos, si existe...
¡Ojalá, todos nos merecemos un Cielo!




Autora: Alicia Rosell

(Párrafos extraídos de mi relato titulado "La hora de los mártires")

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-ALICIA ROSELL, 2006-

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